31 de diciembre de 2010

2010 (inventario)


Last day. Chuchaqui. No tanto. Más bien cansancio. A Diva de vuelta a los tiempos. Para despedir el año con un concierto de Los Pescados. No hubo tanto ambiente ni mucha gente. Pero cargo – y bien – las pilas para lo que venía después. Bacán. En preli de amanecer 31 decirle chao a ese maldito–bendito. Y si en sanas condiciones resulta cagadísimo detenerse, parar, mirar atrás y analizar lo que pasó, lo que se acaba de hacer, con algunas gotas de alcohol todavía en el sistema no hay mucha diferencia para sentarse y hacer el cierre de año. Cuadrar el balance y repartir los dividendos a los accionistas.

Sin querer entrar en detalles que desde octubre el DVD se me dañó y no he podido ver mayormente películas a precios módicos, y que por un largo periodo de desempleo leí libros a montones, aunque la mayoría no es recién salido del horno sino que es lo encontrado en el año – de décadas, siglos atrás –, acá van los cañonazos bailables de este 2010 que ya se va.

Libros:

The Stand, Stephen King: Puede que peque de comercial, pero uno de las mejores novelas que he leído hasta esta parte de mi vida. Podría ser el libro favorito en cualquier año, incluso en uno de gripe porcina. Realista en dosis extremas, visceral. Sobran pocas de sus más de mil páginas.

Crónicas, Bob Dylan: Se han escuchado tantas cosas de Dylan que hace un par de años el mismo protagonista decidió contar su historia. Entre el relato normal y la poesía, muy buena autobiografía y excelente homenaje a sus influencias.

Walden, Thoreau: Hay páginas totalmente inútiles por la época y por lo que hace referencia. Los costos para empezar una vida solitaria y sin las obligaciones cotidianas pueden pasarse de largo; sin embargo hay partes que son pura filosofía para ponerla en práctica, las palabras de un hombre que sabe y quiere la verdad.

Nueve historias, Salinger: Conocer a la familia Glass es adentrarse en los orígenes de la onda indie, las pinturas rupestres de lo que luego se verá en el Sundance. La familia disfuncional en acción. Personajes artesanalmente elaborados en situaciones cotidianas. La frase del tipo maldiciendo a los que se enlistarán en la guerra con los esquimales es la manifestación de un genio.

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera: Junto a El pasado de Alan Pauls, la mejor novela sobre una pareja que existe. Un best-seller que le ha gustado a muchos y que sirve para formatear el disco duro. Por algo ha de ser. La primavera de Praga, la pérdida total de eso invisible llamado intimidad.

Hablemos de langostas, David Foster Wallace: Hablar de Foster Wallace es hablar de un tipo que como laboratorista ha diseccionado la sociedad. La comprende, se burla de ella. Uno de los pocos retos del 2011: encontrar toda su obra y leerla dos, tres veces.

Los detectives salvajes, Roberto Bolaño: La vida hecha poesía. Un viaje por el desierto de Sinaloa para encontrar a la madre del hiperrealismo. Testimonios que van desde Barcelona hasta pueblos de Angola. En la novela no hay grandes frases para poner de status en el Facebook, pero la historia que se cuenta es casi épica.

Películas:

Psycho y Vertigo: Por fin Hitchcock. Con todos sus excesos, depravación, voyerismo. Para bien.

Interview Project: No es exactamente una película. David Lynch esta vez fue directo a la fuente. Al lugar donde está la materia prima para sus obras.

A serious man: No sé si sea del año pasado, lo que sé es que es una de los mejores comedias de los hermanos Coen. La disfruté incluso más que Fargo.

The Road: Siempre pega una película apocalíptica. Ésta es brutal.

The Graduate: Por fin pude ver la melancolía de Dustin Huffman. La escena del aeropuerto, totalmente identificado.

Leaving Las Vegas: Una de la mejores historias de amor que jamás se han contado.

The Hurt-locker: Tour a Irak, con emociones incluidas.

The Wackness: The Catcher in the rye en los 90s y version hip-hop. Ben Kinsley se pasa con su personaje. Nunca confiés en alguien a quien no le gustan las canciones de Bob Dylan.

I’m not there: No es exactamente una poesía que me cambió la vida, pero es totalmente disfrutable. La forma en que Dylan hubiera hecho una película. Ya quisiera tener una novia como Charlotte Gainsbourg mientras al fondo suena I want you.

Last day…

29 de diciembre de 2010

Viviendo del misterio


Quién diría que una pésima y absurda campaña publicitaria, el peor título que se les pudo haber ocurrido a sus creadores y varias malas actuaciones – la primera secuencia del agente queriendo detener a un avión es más que ridícula –, podían ser parte de una serie de televisión que más que buena podría considerársela como entretenida. The Event a pesar de su alto presupuesto no es algo de culto, adictiva para seguir hasta las últimas consecuencias, con numerosos fanáticos organizando convenciones. Se la compara con Lost e incluso yo que nunca he visto un capítulo de la vida de los náufragos pienso que es descabellado y precipitado el comentario. Sin embargo resulta recomendable para, digamos, alguien entre los veinticinco y los treinta años al que su horario de oficina se extiende a la noche, o se detiene en el gimnasio hasta que llega a casa a eso de las nueve, y mientras calienta la cena enciende el televisor para desconectarse del mundo.

Un espagueti en el que se mezclan cosas que ya hemos visto es el más importante enganche: las conspiraciones a lo 24, con las secuencias en las que participa el Presidente de USA como un personaje más; los flashfowards, marca registrada de Lost, para contar historias en el tiempo; y los eventos sobrenaturales llevando un estilo que recuerdan a The X Files. Todos juntos y revueltos para avanzar en la narración y descubrir cuál es el misterio. Qué diablos es El Evento. Y de eso vive la serie, de lo que no se ha mostrado. Lo que explicaría el desabrido final de temporada, digno de un sonoro What the fuck?, en el que no se dijo nada, y ni siquiera mantiene a la expectativa, sino que el parón es por ley, toca, y habrá que seguir con el minuto después el año que viene. Tal vez lo más recomendable es esperar hasta el final y comprar el DVD completo con los episodios que se planean transmitir en los próximos años y verlo de corrido, encontrándole más emoción al asunto entre los cortes, porque a pesar de no haber sido trabajados los personajes al detalle – a excepción del Jefe de la CIA, excelentemente desarrollado por Zeljko Ivanek –, el ritmo trepidante de los capítulos, que geográficamente recorre varios de los Estados de USA, a ratos no te hace pensar en eso. La falla está en el corte largo



Las altas pretensiones con las que empezó The Event puede que sean su maldición. Como dice ese refrán de abuelitas, por querer ser estrella nació estrellada. Porque todo bien con el secuestro de Leila, la pareja del hacker y mandarina novio interpretado por Jason Ritter, hasta que la rescata y ahora la persecución parece un relleno innecesario para la trama. Todo muy bien con la abducción del avión que en lugar de estrellarse en Florida fue a parar a Arizona, y los pasajeros después enfermos que eran lo mejor de la hora de transmisión y ahora casi no aparecen. Regular con los alienígenas secuestrados en Alaska y su enigmática líder Sophia. Y todo misterioso con el viejo de apariencia de hobbit que desea rejuvenecer y por lo cual tiene algunas niñas prisioneras en un hospital psiquiátrico; solo que el efecto transmitido es que por volver complicada la historia para mantener el secreto, se la lleva hasta límites absurdos y poco interesantes. La poca fe es producto de que las ideas parecen acabarse.

No obstante ya estoy aquí, embarcado, y quiero saber cómo se desenredará la complicada teleraña. Pasar el rato con ella hasta su distante final o pronta cancelación. No depende de nosotros...



28 de diciembre de 2010

Hacia la experticia

Ya quisiera cualquier banco comercial tener los mismos métodos de cobro que el operativo a cargo del GIR que incauto varias computadoras de la Revista Vanguardia. Ya quisieran tener los chulqueros semejante despliegue de recursos para amenazar a sus morosos… Un funcionario medio ejecutando el plan en lugar de los Alvarado y su abundante-agresiva publicidad; una excusa pequeña pero valida al final; y el hacer de oídos sordos, sin levantar barullo, del presidente – y otros políticos de altos cargos – ante los comentarios en contra por parte de los afectados es la receta a seguir. El gobierno ha perfeccionado sus tácticas para disminuir los decibeles que podría generar un escándalo de tales magnitudes…

Tanto se podría hablar de las verdaderas intenciones de la incautación de las computadoras, de que el directivo de la revista, Juan Carlos Calderón, es el mismo que publicó un libro sobre la intervención del hermano del presidente Correa en varios negocios del Estado; sin embargo pocos los hacen. Las típicas notas de prensa de los diarios y la casi obligación de los columnistas poco leídos. Nadie en las calles protestando o voces creíbles pidiendo explicaciones. Al menos nuestro diplomático que quería darle visa a Assange. Cri Cri… Como cantaba Manu Chao: ¿Qué pasa por las calles?... Nada, no pasa nada.

Nota aparte: la semana pasada estuve en Quito y el taxista mientras me llevaba a los Chillos me decía que muchos quieren a Correa - se notaba que él era uno de ellos - y que el 30/09 muchos salieron a salvarlo. Que quede clara la existente de espacios donde la gente sí se manifiesta

En estas fiestas cada cual con sus asuntos. Si no revisara la prensa escrita todos los días no caería en cuenta que son diez años del feriado bancario y que a pesar de las promesas en la página web de Alberto Acosta y de PAIS para enjuiciar a Jamil, y meter en la cárcel a los Isaías y demás banqueros corruptos, pocas cuentas se han cobrado. Técnicas que también deberían perfeccionarse, junto a muchas otras cosas que le faltan mejorar al país.

26 de diciembre de 2010

Pasando la navidad con Gizmo y cía...


En el Facebook, una amiga escribe en su estado que «navidad sin Scrooged de Bill Murray o Miracle on the 34th street, no es navidad». Nada… Le faltaron los clásicos Mi pobre angelito y Los Gremlins. Sobre todo la última para mí. Desde que tengo uso de razón en estas fechas tengo la necesidad de ver a Gizmo y sus malvados amigos. Ecuavisa no la pasó, por suerte TCM sí. Todavía la disfruto. Aunque no me crié en los ochentas, un magical mistery tour a la niñez.

Los Gremlins pienso que debe estar entre las mejores películas sobre la navidad que existen. Trata de ser un cuento de hadas ochentero en su superficie con el héroe buen hijo, la damicela en apuros y la malvada bruja que trata de adueñarse del lugar, ambientado en la escenografía de un pueblo pequeño que podría estar ubicado en Oregon, Colorado o Seatle, y que de seguro fue utilizado para otras cintas, teniendo algo de Blue Velvet, un sueño húmedo para los seguidores de Reagan con la visión de suburbios tranquilos, verjas de madera pintadas de blanco, casas que no colocan cerraduras en la noche, hombres que llegan de trabajar con una sonrisa de esfuerzo cumplido, familias perfectas para portada de revista hogareña; pero hay algo más y su director Joe Dante sin ser tan escabroso como David Lynch también quiere mostrarlo.


En las comisuras de esa nostalgia de las fiestas, de los que no la celebran, quienes se emborrachan en la víspera y se quitan la vida, los endeudados y desempleados que tratan de poner buena cara, aparecen los anárquicos monstruos – Rayita a la cabeza – con su moraleja de la responsabilidad ante los regalos y el humor oscuro que provocó no ser apta para todo el público.

Ahora que las calles andan medio muertas y se supone que son tiempos para estar en familia, encerrado, unplugged, un buen regalo siempre es que se abra la señal de cable… Ya vi Avatar por primera vez, al menos la primera hora. Lo mejor de estas fechas: la oportunidad de devorar películas como loco en casa. No importa si son nuevas o si es la centésima vez como los amiguitos de color verde, el viejo de Culkin y cía…

Por cierto, feliz navidad a todos jojojo…

19 de diciembre de 2010

La belleza del suicidio

Compro la última SoHo al pelado de la esquina, al mismo que me pasó un billete de cinco dólares falso, y veo de reojo las palabras “suicidas” y ”Leila Guerreiro” en la incestuosa portada censurada. De una asocio y pienso que por fin leeré la crónica de la escritora argentina sobre el pueblo que durante una temporada vio a sus adolescentes quitarse la vida; un lugar de la Patagonia cercano al fin del mundo con un nombre musical. Nada. No se trataba de la pieza periodística que luego se convirtió en libro y terminó en un documental lleno de silencios, de vacíos, de soledad y desierto, de enfoques a árboles agitándose, la brisa ininterrumpida por algún ruido. Lo que había adentro era otra cosa, pero a la vez lo mismo.

Lo que había adentro era nuestro pueblo de suicidas, de un sitio de la provincia de Chimborazo en el que muchos niños se quedan sin sus padres que tienen el sueño de migrar, que mandan plata para el entierro de sus pequeños pero no vuelven. Quien la escribe es Marcela Noriega y todo bien, muy bien. Aunque sigo con las ganas de leer la crónica de la Guerreiro – que en esta SoHo apareció con una historia de anos y pezones –, disfruté mucha de la criolla.

He pasado por Chunchi en varias ocasiones, por ese lugar que está luego del desierto de Palmira, donde todavía existen internados para las niñas de otras ciudades que se portan mal, con su eterna y angustiante neblina. Nunca me detuve pero desde la primera vez sabía que escondía algo, que sus habitantes no eran iguales a las personas que uno normalmente conoce. Bacán por Marcela Noriega que fue hasta allá para descubrirlo, y mejor aún cómo lo cuenta, que más que describir si posee un estilo colonial, republicano, y mencionar las influencias para construir la casa, la de Usher, lo que hace es hablar sobres sus habitantes, sus anécdotas, sobre los que pasaron por ahí y la historia de esa gran mancha de humedad que es lo único que queda.

Un viaje por la Ruta 40 argentina, haber leído Los Detectives Salvajes de Bolaño y un amigo mostrándome una quebrada en Loja donde muchos despechados terminan con sus penas, me dieron la idea de un cuento. Un tipo que a dedo, en bus o en bicicleta recorre desde México hasta Ushuaia porque en el fin del mundo quiere quitarse la vida, y otro que lo conoce en Bolivia y decide acompañarlo, sin tratar de convencerlo de cambiar de idea, con las ganas de estar en primera fila para presenciar el acto. Un año después y sigue ahí. En pocas líneas. Qué cagada… A veces creo no avanzar porque poseo esa misma característica de muchos ecuatorianos, de todo explicarlo políticamente correcto, a manera de tesis de grado, de ensayo académico, o de forma populista para las tribunas; como los comentarios del Dr. Arguello que aparecen en la misma SoHo referentes a las cartas de suicidas, del tipo: «lo más probable es que la persona haya sufrido de algún evento traumático y no cree poseer los recursos para superarlo». Atrás de esas hojas escritas, llenas de desesperación y faltas ortográficas habían historias, vidas, situaciones, reacciones más grandes que un cuadro clínico. Hubiera sido mejor eso, hubiera calado en los huesos. Y de buena manera.

Marcela – no Noriega sino una amiga –, después de haber leído los papeles inesperados de Cortázar, me mencionaba las ganas de llorar que le quedaban con las cartas que el Cronopio le enviaba a su amor, ambos enfermos de cáncer pero separados, ambos sabiendo que en algún rato la muerte los iba a abrazar. Las palabras de alguien que no tiene nada que perder, infectadas de la verdad pura y dura, de un hombre asustado que por fin puede decir lo que quiere. Hemingway, Foster Wallace, Caicedo, Medardo Ángel Silva, las ficticias Vírgenes suicidas de Coppola, Ed Harris lanzándose al vacío frente a los ojos de Meryl Streep en The hours. En la muerte puede haber mucha belleza… Al final de Rayuela el buen tipo de Horacio Holiveira no se lanza de la ventana de quinto piso del manicomio, Gretchen en el hospital lo llena de comida…

17 de diciembre de 2010

Viejo Ozzy

En oscuras reuniones celebradas en cuartos alumbrados tenuemente por luces negras, en callejones donde se acumulan los cuerpos sin vidas de palomas decapitadas, se habla de que el Viejo Ozzy, casi sordo y más, viene a Ecuador.

Un auditor-consultor peruano que vino a la oficina y me cayó bien, aunque revisaba hasta las migajas de lo que había hecho, porque ponía Pink Floyd mientras trabajábamos, me comentaba de que era seguro en Lima. El tipo estaba emocionadísimo. Bacán por el man. No pertenezco al ejército de las tinieblas ni soy un enfermo fanático de la vida y obra de Ozzy, pero si en el calendario continua apareciendo Quito y todo coincide armoniosamente, por un par de canciones iría.


14 de diciembre de 2010

Treme


Sin saber si a él se le ocurrió, o lo escuchó del bajo mundo y lo volvió suyo, por ahí Rodrigo Fresán decía que si en en estos tiempos de Wikileaks y calentamiento global, Shakeaspere o Cervantes estuvieron vivos, con una laptop asentada en sus piernas y enviándose mails mutuamente y a sus amigos Dostoievski y Víctor Hugo, seguramente escribirían guiones para HBO. Nada en contra de los libros. Totalmente a favor de la televisión. La caja tonta se convirtió en la caja inteligente. Se comentaba y se aún se rumora por oscuros y angostos pasillos literatos que la gran novela de este siglo XXI vendrá en formato para la pantalla chica.

No sé si es la más grande obra, pero definitivamente de lo mejor de estos tiempos ya fue filmado y presentado por HBO. Al no caminar el español ni el británico dramaturgo por esta época de fibra óptica y calles asfaltadas, la misión cayó en David Simon, que creó y escribió esa novela rusa ambientada en Baltimore llamada The Wire, de la que voy por su segunda temporada porque no alcanza la plata para contratar el canal, y por la calidad vista pienso que debería guardarse en la biblioteca personal para la posteridad.

Ahora Simon tiene un nuevo proyecto luego de haber pasado un tiempo con las tropas de Iraq. New Orleans tres meses después de Katrina. Un barrio de la ciudad, del que coge el nombre la serie de televisión. Un barrio que sobrevivió a la inundación. Un barrio lleno de músicos. The Wire cuesta por su anódino mundo. Al cuarto capítulo entendías lo que pasaba, y para bien o para mal te convertías en un junkie. Con el primer episodio de Treme, los seis minutos iniciales, pasa lo contrario. Engancha de una. Creo no haber visto un mejor comienzo para un programa de televisión. La hora y media que dura el estreno parece una excelente películas indie. Espero que esa sea la escencia del lugar, porque ni bien tenga chance espero tomar un avión hacía allá, hacia Treme. Como diría el pana Andrés Caicedo: ¡Que viva la música!...


11 de diciembre de 2010

Los que siguen


Tuvieron la oportunidad de morir, de elegir cómo; dos la tomaron. El resto continúa andando sin saber a dónde dirigirse, caminando o conduciendo camionetas con poco combustible. Discretamente, sin hacer demasiado ruido para no provocarlos. Algunos lo hacen solos por miedo, otros prefieren ir acompañados para no enloquecer. Siempre armados, desconfiando de cualquier sonido, del crujir de las hojas caídas, de gritos de agonía a lo lejos. Buscan una pequeña esperanza, la pálida y enferma luz al final del horrible túnel, encontrarse con las últimas personas decentes que les ofrezcan un refugio en el que puedan descansar, construir un nuevo Edén. No saben que todo está perdido. Que después de un apocalipsis zombie nada es igual. Siguen porque creen no tener más opción; no pueden defraudar a sus seres queridos, si dicen “no más” piensan que Dios los castigará. Cada vez son menos los sobrevivientes.

«Su motivación: están muertos y quieren comer cerebros» les decía, en uno de los promocionales que FOX pasaba entre comerciales, Frank Darabont a un grupo de maquillados muertos vivientes durante la filmación de uno de los episodios de The Walking Dead. Con el final de la primera temporada se podría pensar que el director–guionista–productor que pensó en adaptar el cómic a la televisión les dio la misma recomendación al resto de actores, a los vivos. Al final la mayoría también morirá. Sus contratos son a muy corto plazo, por lo que los personajes que componen a los sobrevivientes – a excepción del triángulo amoroso Rick Grimes, mejor amigo y esposa – son otros zombies. Carecen de personalidad, en ningún momento sus creadores les brindan ratos de intimidad - que valgan la pena - en los que se los pueda conocer. No transmiten nada. Y esa catarsis colectiva no parece un aporte para el ambiente de la serie, sino falta de ideas, de no querer ir más allá.


Lo extraño está en que Darabont es el tipo que, años atrás, adaptó uno de los libros de Stephen King al cine – The Green Mile – y nos brindó la despiadada escena en que literalmente uno de los guardias – el que después terminará loco – cocina al reo francés que anteriormente había adoptado al ratón amaestrado. El que la veía se odiaba de formar parte de la raza humana – y eso que la descripción de la ejecución en la novela es extremadamente más visceral –. Acá, en The walking dead, sin considerarme un experto en películas de no vivos, a excepción de los dos primera episodios en los que se presenta al mundo según los ojos del policía Rick Grimmes y aparece el viejo que no puede matar a su infectada esposa, nada. Las circunstancias en cada capítulo se extienden vacíamente hasta el próximo ataque zombie, como si no supieran con qué rellenar el medio. Sólo a cortos ratos aparecen la desesperanza, la ira, la impotencia, la desesperación de los sobrevivientes, esos otros elementos intangibles que sí importan en la trama. Falta de presupuesto u otras razones, porque a lo largo de la temporada pudieron haber presentado varias historias de sobrevivientes en distintos escenarios a lo largo de USA. Ya no importa. No revivirá. Lo mejor: la banda sonora y la dirección de arte en los exteriores que aunque no va hasta los límites convence ese apocalipsis de ciudades desiertas y cuervos alimentándose de los cuerpos abandonados.

Seis capítulos en los que en diferentes escalas, de nimia o nausaebuanda, se olía el miedo, las intenciones de jugar a lo seguro. Ahora que se aprobó la segunda temporada ojalá sea el comienzo de algo memorable.

9 de diciembre de 2010

Hey John


Feliz cumple atrasado Lennon. Se supone que ya no estás pero no parece. No envejeces ni un día y muchos te recuerdan. Todavía inspiras. Eres como aquel muchacho que cuida a los niños que no caigan al precipicio mientras juegan en los campos de centeno… La cagada es que eso también lo pensó otro. El que te imitaba, sólo que no se te parecía en nada. No importa. Al diablo Salinger. Tú inventas, tú tienes esos strawberry fields forever. Una de tus mejores canciones, de las más mccarteneizadas, así como Paul compuso lo más memorable de su obra rebanándose los sesos pensando en cómo diablos lo haría John.

Harrison es mi beatle favorito porque es el más humano. Paul y John – los apóstoles de este siglo – eran, son, serán cosa de otro mundo, inmortales. Lennon sigue por acá, ayer lo encontré a la hora del almuerzo; una colegiala cantaba Help! totalmente en trance, como si el resto del mundo se hubiera esfumado. Al fondo un tipo de gafas redondas, con toda la sabiduría que únicamente tiene alguien capaz de escribir Imagine there´s no heaven me levantaba una copa a su salud...



8 de diciembre de 2010

Hay cosas...

Hay cosas por las que soy barcelonista: Nunca nos dejaríamos meter un gol en el último minuto de una final de campeonato. Tampoco habiendo ganado en Guayaquil, en cinco minutos eliminarnos de una Copa Sudamericana contra un desconocido equipo llamado Avaí. Que muy mal estamos desde hace rato, lo acepto. Envidia a los de Independiente, que después de tantos años levantan otro trofeo internacional. Tuvieron la oportunidad y no la desaprovecharon. Ahora a celebrar. El regreso de un grande. Ojalá el que está más cerca vuelva a sus glorias.

Como si inconscientemente tratara de sacarlo a relucir – aunque ya no se le cree – mi hermano cada vez que puede me dice que él tuvo la oportunidad de ver esos duelos entre el Nápoles de Maradona y la Juventus de Platiní. El cabrón continua hablando de Van Basten con el Milán y otros equipos que suenan a los ochentas, entre esos el Independiente de Bochini, Burruchaga y más… El partido de hoy no fue jugado a gran nivel. Mucho nerviosismo. Cualquier tailandés o samoano que se hubiera encontrado en la televisión con la final, lo más probable es que después de diez minutos hubiera seguido con el zapping, confundido ante tanto pelotazo. Los que nos quedamos dos horas es porque el fútbol nos ha dado algo. Alegrías y penurías. Hartas puteadas. Cuando concluyó dieron ganas de dar gracias por el regalo. Pasión…


7 de diciembre de 2010

Nasri

Para Francia lo más parecido al mago de Zizou. Fue algo estúpido no verlo en el Mundial. Todo por el pendex de Domenech. Dos Golazos. Disfruten...

5 de diciembre de 2010

De los wiki-wiki: El más buscado


No recuerdo si era Tomás Eloy Martínez en La Novela Perón, o el mismísimo caudillo populista el que decía que los Agregados de las embajadas tienen la principal función de espiar y todo el mundo lo sabe, sin embargo – continua – son invitados a cenas y otros eventos sociales donde se reúnen los diplomáticos... El comentario es parte del episodio en que Perón durante su estadía en Chile traiciona a uno de sus compañeros militares – el que en un futuro sería parte de un golpe de Estado contra su Gobierno –, delatándolo de espionaje.

Antes de la instauración de la Asamblea Constituyente por estos lares, cuando Carlos Vera era aún periodista, en un panel donde también participaban varios asambleístas acerca del acceso que tendrían los medios de comunicación a los debates del pleno y las sesiones de las diferentes comisiones, por el problema del poco espacio disponible en el edificio, el ahora político que impulsa un proceso de revocatoria de mandato recomendó colocar una webcam en las salas de reuniones en el momento en que se instalen discusiones acerca de artículos y leyes a aprobar. Rosanna Alvarado algo sorprendida ante la propuesta, con los ojos tan abiertos como un adicto al opio, y enredándose, sin saber cómo armar la idea, al final respondió que así se estaría afectando la intimidad de los legislativos. Aparte: todos conocerán lo aprobado, lo importante es mantener en secrecto el cómo se lo hizo.

De lo filtrado en los últimos días por un portal de internet, que tiene que ver con la revelación de documentos diplomáticos de las diferentes Embajadas de EUA alrededor del mundo, más que el contenido de los mismos – la mayoría se reducen a chismes y nimios comentarios, aunque la Hillary debió pedir en algunos casos perdón – lo que termina siendo importante es el efecto de pavor generado a los políticos de que los asuntos que tratan en oscuros pasillos, con llamadas anónimas, esforzándose para mantenerlos secretos, y afectan a los ciudadano de a pie, pueden ser develados en cualquier momento; de igual forma que lo fueron cifras reales acerca de muertos en operaciones de EUA en Afganistán y de violaciones a los derechos humanos en bases militares. Otra vez cortesía de los de Wikileaks.

Ahora los congresistas demócratas y republicanos se han unido pidiendo juicio. Terrorismo y traición son los motivos – buenos recuerdos de escenas de 24, cuando Jack Bauer negociaba la cadena perpetua en lugar de la pena de muerte a alguno de los funcionarios de la Casa Blanca que formaban parte del complot –. Un equipo de abogados del Departamento de Estado está buscando motivos para llevar a tribunales al director de Wikileaks. Se pide, por parte de varios de los perjudicados, que la Interpol inicie una cacería internacional. Al diablo la primera enmienda, esto ya es personal. Sea el país que sea, respecto a la libertad de expresión siempre habrá un límite en la paciencia de cualquier gobernante.

Resulta gracioso escuchar a Hugo Chávez y al Presidente de Irán hablar de ética. Acá el Vicecanciller ecuatoriano sólo para fastidiar le quiso dar asilo político a Julian. A las pocas horas Rafael Correa lo negó. Después de todo es el tipo que ha declarado como su principal enemigo a los medios de comunicación, y que estos no deberían tener fines de lucro. Recomendación para periodistas: Chuck “The fight Club” Palahniuk, después de no haber encontrado por un buen tiempo trabajo en su profesión, sugería en uno de sus cuentos que las facultades de periodismo junto a las materias tradicionales también impartan un par de cursos de soldadura y fontanería, cosa que que le hubiera permitido ganar un par de pavos más por hora en su juventud.

3 de diciembre de 2010

Portafolio literato II


Otra vez diciembre. De nuevo se vienen las compras compulsivas, los peatones apurados, las colas de tráfico, los taxistas cobrando las carreras más caras, las fiestas de fin de año, las malas noches. La ciudad en llamas. Todo se repite cada año, incluso un portafolio literato, que en esta ocasión no está a cargo de Vasco Szinetar – aunque de igual manera estas fechas son época de camaleones, sintiéndose otro, llevando un ritmo que no se practica en los restantes once meses –, sino del argentino radicado en París Daniel Mordzinski; que además de practicar periodismo investigativo y haber cubierto varias guerras se dedica a fotografiar a los escritores que ha tenido oportunidad de conocer. Ha publicado un libro, y en Mar del Plata, en la cumbre de Jefes de Estado, expondrá su obra. Está consciente que por cada nuevo novelista, poeta del que obtenga una imagen, un millar le faltará. Esperanzas para las letras de que no morirán. Página 12 le hizo un especial.

Un año que se va y que en cuanto a lo leído ha sido un corte al cordón umbilical de la literatura en español en la que siempre estuve inmerso, en los conocidos. Después de Roberto Bolaño y Andrés Caicedo fue hora de jugar de visitante, de decirle hola a Stephen King, a Jim Harrison, a Arthur Miller, a Rimbaud, a Baudelaire y más. Las fotos, a pesar de que no he sido presentado con varios de los ilustres como Bryce Echenique, Bioy Casares y otros, son un reencuentro.


Borges es un asunto pendiente que no debería estar en la lista; sin embargo me parece tan familiar, común, presente en la naturaleza. Por temor a parecer estúpido al no entenderlo o por falta de sincronización no lo he leído aún. ¿En la foto alguien le muestra luz? Por lo que he escuchado de él creo que no lo necesita. Espero algún día finalmente ponerme en posición decúbito dorsal, en el escalón correcto con el Aleph en la mano, brillando entre la oscuridad.


Oliveira se podía pasar horas recordando los detalles al extremo, la forma en que iban atados los zapatos y la marca de la lata de verduras que utilizaba su madre aquella vez en el mesón diez años atrás. Con el Cronopio aprendí a valorar lo que no tiene importancia, comprender que en las nimiedades están encerradas muchas respuestas. Disfrutar del ritmo de las letras, del sentido del humor en los relatos, del jazz mientras Perico le bufaba un Coltrane al resto del Club de la Serpiente, que el orden es un invento y no una regla. En la foto por su talla puede ser confundido con un boxeador peso pesado. Leerlo es descubrir a un genio. Siempre quise escribir como Cortázar. En serio hay que estar loco para que te salga natural.



Sabato es una cuestión más de sentimiento que de estilo, de crítica. No hay libro que más disfrute que “Sobre héroes y tumbas”. Nadie me lo recomendó, lo descubrí en el momento preciso, por casualidad y junto a Rayuela tengo que leerlo todos los años. Encontrar cada vez algo nuevo. Saber que sigo por ahí, recorriendo el Parque Lezama en mi imaginación. En la foto esa soledad de un centenario que siente haber vivido más de lo que debía.




Cuando pienso en Gabo la primera palabra que se me viene a la mente son adjetivos. Nadie puede describir un rostro como él. Nadie puede recrear el escenario republicano y colonial de la misma forma. Creador de mundos, del pasado contado como lo hacían los abuelos. En sus libros está impregnado el olor a tierra mojada de la lluvia, el aroma del cacao, el sonido de las hojas moviéndose por la brisa. La hojarasca llevándose todo a su paso, lo que queda es la imaginación de GGM. Al igual que sus obras la imagen refleja nostalgia.




El nuevo Nobel. Poco he leído de Vargas Llosa. Puede que no sea su obra más profunda, pero Los Cachorros es un cuento genial; ese estilo desordenado y la castración del pobre Pichulita, quitándole su derecho a crecer, es algo que a cualquiera le hubiera gustado escribir. La huella más inmadura de uno de los tipos más serios de lo que se puede hablar. Una imagen donde el peruano parece estar perdiendo la cabeza, presto a realizar una crítica.



Nos sobran los motivos para escuchar Sabina. Esa mezcla de ritmos, de instrumentos que acompaña a su talento para poner una frase donde debe. La vida de la calle, las putas, los perros y los gatos. Todo es un eterno poema convertido en canción, a cualquier cosa se la puede volver bohemia. Habla como le da la gana y sin embargo tiene tantos amigos. Contradicción porque sus melodías son excelentes para ratos de soledad, como en esta foto donde se niega aparecer en el centro.


Si Paulo Coelho es el profeta, Saramago es el anticristo. El pesimismo prevalece, el pesimismo enseñando tanto. Se puede vivir con la tristeza y desesperanza del mundo. Sus novelas son best – sellers que compiten con el Código Da Vinci. Un misántropo a medio camino que está en la boca y en el recuerdo de muchos. La foto es para ciegos.



En Argentina , en un pueblito llamado Tafí del Valle, sin nada que hacer en un hostal, un tipo de Bélgica me presentó a Amelie Nothomb, me dijo que la leyera. Días después JFA en su blog comentaba de ella. Me hice de un par de sus libros en el Ateneo ya más domesticado en Buenos Aires. Prefiero a la persona que a la escritora. No es hermosa ni tiene buenas piernas. Por alguna razón atrae, es alguien a quien se quiere conocer. Se desnuda en su obra. Un cementerio para una foto ya es algo trillado, aunque esa palidez es de vampireza.

Los pendientes:


Claude Levi – Strauss es un genio del que he tenido advertencias. Quedaré como loco. Habrá que correr el riesgo. En la foto con paso apurado, esperando ganar alguna discusión.



Bioy Casares es una leyenda que por respeto propio tengo que leer. La foto es una imagen del pasado. De conversaciones de café.


Para mí Bryce es el tipo que se subió a un yate con Fidel mientras Guayasamín trataba de venderles un cuadro - o algunos -. El sentido del humor de su obra es algo por descubrir. En la foto algo más serio, pensativo, inventando…



Javier Cercas ha comentado dos veces en este blog. Tengo listo Soldados de salamina para disfrutar en algún rato de mayor tranquilidad. Lo publicaban en El Telégrafo. Una buena columna fue aquella de la teta, de meterse al cine a escondidas para encontrarse con la imagen de un pezón. En la foto mucho menos serio de lo que parece.



Antonio Neuman es una máquina de escribir. Altamente recomendado por el detective salvaje Bolaño. Ganador de varios premios. La imagen de un hombre exhausto.


Villoro = fútbol. Sé que hay más cosas, más serias, menos banales. Varios artículos en Soho y otras revistas. Es hora de agarrar una de sus obras. La imagen es la de un fervoroso creyente. Un tipo enamorado.

30 de noviembre de 2010

Visça Barça

1000 cosas que hacer antes de morir: Ir al Nou Camp debería estar de ley en el top 10. Presenciar en vivo una obra de arte. Disfrutar de la perfección. Fue un baile. Los de Mourinho terminaron dando patazos al darse cuenta que en juego eran ampliamente superados. Venganza contra ese juego ultratáctico. Imposible no enamorarse...

27 de noviembre de 2010

De la vez que quise conocer a Velasco Mackenzie

De un libro de la fundación Manuela Espejo, que costaba cinco dólares y de a poco se va desarmando – despegándose la pasta y saliéndose las hojas –, me hice en la última Feria del Libro porque quería conocer a Jorge Velasco Mackenzie, su obra. A un autor que según lo que he podido escuchar respira a Guayaquil y la suda por todas partes, llenando tinteros para tatuar hojas blancas de papel. Y cuando compré, sin antes haberlo planeado, Lecturas tatuadas tenía ganas de de sumergirme en mi ciudad, de escuchar a alguien hablar de ella, pero no de esa cursi manera didáctica, para inculcar valores y civismo, sino contando historias de personajes comunes en situaciones extrañas que transcurren acá, con un estilo urbano, descubriendo sitios pocos transitados e interesantes, dándole rostro a desconocidos seres que contradictoriamente se han convertido en mitos. No pasó. Lo siento, será para la próxima. Voy por la página ochenta y aparte de las veinte primeras que cumplen su propósito, las LT de JVM son una recopilación de ensayos y críticas literarias con aires de memorias.

Especialmente de escritores ecuatorianos. Entre tributos llenos de feeling y trabajos en el que se usa el políticamente correcto lenguaje académico las páginas están dedicadas a quienes influyeron a Velasco Mackenzie, lo atraparon, le ayudan a hablar de él mismos. Y aunque no es una novela para disfrutar, con una historia para desenmarañar, es de esa clase de texto s que terminan convirtiéndose en casi recomendaciones para saber de los desconocidos, de esos que no se ha tenido la oportunidad de leer, y de paso estas casi memorias sirven de referencias que dejan un par de citas que por extraños motivos se pasaron por alto, se olvidaron o no se habían hablado de ellas. Acá aunque no conocí la obra de VM sí pude conocer algo de Medardo Angel Silva y de Hugo Mayo, poetas de un país en el que siempre los de su clase han sido mayoría frente a los novelistas.

No soy mucho de poesía, es algo totalmente personal. No he leído a García Lorca. Ni siquiera a Borges. Sólo a Sabina y Serrat. Sin embargo, no sé si sea por cuestión nacionalista, de cercanía, a MAS y HM pude entenderlos. VM hace de tramitador, de Mr. Wolf para llegar a ellos. Si se tratara de un profesor de literatura intentaría meterlos como supositorio, como el cumplimiento de un deber. El autor de las Lectura tatuadas los presenta como se presenta a un demente – Silva muriendo a la Poe, sin saber nadie todavía el cómo, quebrando la realidad en su obra; y Hugo Mayo nunca queriendo ser publicado, tomando su nombre de Víctor Hugo y del mes en que empieza la primavera – , a un loco con el que quizá el que lo lea tenga algo en común.

El par de poemas quedan al menos para el par de estudiantes a los que les enviaron la típica tarea de literatura nacional.

EL AVISO.
Por Medardo Ángel Silva.


Jorge subió tambaleando los escalones sombríos de su casa. Como hombre perseguido por algo espantoso, imposible de precisar en lenguaje humano, atravesó los corredores silenciosos a su cuarto de soltero. Entró; y como si fuera a cometer un crimen, dio doble vuelta a la llave.

¡Al fin solo!... Intentó poner un poco de orden en el mar agitado de su cerebro…

Comenzó a precisar la escena:

En el salón tapizado de rosa pálido, la luz de las áureas arañas de cristal, indolente en el sofá de terciopelo rojo, como una evocación oriental de las estampas de Scherezada, estaba Ella excelsa de gracia juvenil, jugando distraídamente, con volubilidades de chiquilla engreída, con los sedosos rizos de su nocturna cabellera perfumada. A su lado, devorando con sus pupilas negras y tristes el tesoro vernal de la belleza. Él, con la voz opaca de contenida amargura, le decía frases lentas, como quisiera besarla con cada sílaba dulce como el sabor de una caricia furtiva.

Y si aquel hombre renunciara a la vida antes de renunciar a su amor, si se matara ante la imposibilidad de su pasión ¿le creería usted entonces?

-¡Quién lo sabe!...
- Y si aquel hombre fuera yo, si…

Ella lo dijo lanzándole una fría mirada de conmiseración, de piedad, de ironía. Aquella leve y desesperante sonrisa con que subrayó su frase de vitriolo, quemó el alma de Jorge y no quiso, o no pudo oír más. Le martilleaba, alguien las sienes… Y, correcto, crispado, mudo, abandonado el salón… Hasta la asistencia oyó, como una burla postrera, la musical sonrisa de fontanera enloquecida de Ella…

Estaba resuelto… ¡Oh sí! Él le probaría lo contrario…

- ¡Chiquillo!

Esa es una ofensa de las que se lavan con sangre y, en la imposibilidad de matarla, se mataba ¿había algo más lógico?

Entró de puntillas en su cuarto, que estaba contiguo a la alcoba de su madre; encendió la luz. Como quien despierta de un sueño en el sitio donde nos quedó dormido, miró con asombro y placer su cuartito de soltero: la mesita escritorio, los cuadros, casi todos copias de los maestros contemporáneos; los retratos, el plafond de azul pálido con su cadena pastoril – Arcadia, ninfas y sátiros en una danzarina ronda – y (cosa rara que Él no se pensó) la halló tan confortable, tan bien, que se detuvo acariciando todo con voluptuosidad nunca gastada y gozándose en dirigir amorosas miradas hasta al más simple detalle.

Súbita, la idea, la mala idea que, como la tentación de que habla el actor místico, en caliente ráfaga soplada por el mismo Satanás, tornó a azotar su espíritu… No, no titubeo más: una serenidad horrible se señoreaba en su alma. Nada de escrituras póstumas – pensó –. Aquello le pareció la última palabra de de lo cursi.

Abrió su escritorio; tiró de un cajón; de un estuche de plata sacó una jeringuilla, la aguja de Parvas; fríamente, poniendo un cuidado máximo comenzó a llena de líquido el tubo… cinco… diez centigramos… la morfina penetraba, lenta y segura, al ascender del émbolo. Ya había una dosis para asesinar a tres hombres… y el alcaloide seguía entrando y el émbolo seguía retrocediendo…

Cuando hubo terminado la operación se acostó en el diván, se desnudó el brazo; con un suave impulso consiguió hacer pasar la ajuga en la desnuda carne; oprimió el émbolo… Werther… Silva… Acuña… Leopordi…

En ese instante, rasgando el trágico, el absoluto silencio de la noche, se oyó un suspiro, uno de aquellos suspiros que lanzan las personas dormidas al despertar. El suspiro partió de la vecina alcoba, de la de su madre.

Jorge tembló, la aguja maldita con la jeringuilla preñada del alcaloide rodó por los suelos. Aquel suspiro de su madre adormecida; aquel aviso, dado en sueños, por el alma omninavegante de la dulce dueña de sus días, lo desconcertó. Como un ladrón sorprendido a mitad de su criminal tarea, no supo qué hacer… Se incorporó, con el pie estrujó la jeringuilla contra la alfombra, tal el santo, su patrono, el radiante San Jorge de las estampas nobiliarias inglesas, humillando dragones policéfalos… Apagó la luz… Y se metió en la cama, como un hombre al que no le ha pasado nada…

Poema de El zaguán de aluminio.
Por Hugo Mayo.



Poned un nunca más
A la altura de un hombre
Ya la vida con su mueca
se arrima en demasía.
Con mi risa desbrozo
los andurriales de mi angustia.
Y aunque mi sobra
es un disfraz sin dedos
a veces soy biforme
cambio como si no durmiera
y estoy quince segundos
A mi nariz la visto con la duda
Pongo mis oídos en silencio.
Y no sé por qué me arrugo.
Siempre estuve restándome del cero
Pero me inquieto.
Ladra un perro faldero.
El viento trae el olor
de una mucama viuda.

Bonus track: Ya que hablamos de poesía, y es uno de los pocos posts del tema, algo de uno de los más grandes poetas, y que es una buena opción para acompañar la lectura de los textos de los dos de arriba.

25 de noviembre de 2010

La belleza del hábito


Messi toca corto con Xavi que se la devuelve, la pulga se la da ahora a Alves que está en el medio; hacia delante va la pelota, de nuevo para Xavi, lo ve libre a Iniesta y con la bola en sus pies el cerebro recorta hacia adentro pero el pase va hacia la punta donde está Adriano. Pin – tum – pan – pin. La sinfonía toca la pieza perfectamente. Barcelona 3 – 0 Panathinaikos. Guardiola feliz desde la banca aplaude. El recital termina con el gol de Messi después del centro del brasileño. Es imposible que eso sea únicamente improvisación.

Lo que provoca el Barcelona en el espectador al verlo jugar es que se está siendo parte de la historia. En pocos años hablarán de este equipo y podrás presumir que presenciaste sus partidos en vivo. Asistir al Nou Camp debe compararse con tener entradas para un concierto de música clásica en Viena o con la puesta en escena del Cirque du soleil. Es un espectáculo de gala para asistir en frac. Once goles en los dos últimos partidos y este lunes super – clásico contra el Madrid que viene haciendo ocho en el mismo número de juegos. Contra Mourinho. El director técnico portugués que recuerda a uno de esos gélidos y geniales villanos a los que se enfrenta James Bond, sólo que éste no cuenta su plan y siempre se sale con la suya. Uno de los actuales destructores del fútbol junto a Dunga y el DT de Holanda. Al deporte del balón lo piensa más como una partida de ajedrez. Hiper estratégico. Todo lo calcula, sin dejar espacios a lo desconocido. Capaz de cualquier cosa por ganar – el Inter campeón de Europa eran diez defensas más Milito –. Lo que se viene, ¡mamita! Venganza. Partidazo. Higüain, Cristiano Ronaldo, Xabi Alonso, Ozzil y el resto de millonarias estrellas enfrentando a los canteranos de Xavi, Iniesta, Messi, Pedro, Busquets, Piqué y más.

Nunca he sido fan de esas frases que inspiran, a lo Paulo Coelho o cualquier otra a la que la gente le hace copy – paste para ponerla en el status del Facebook; sin embargo a la entrada de mi oficina hay una que me gusta. Es de Picasso. El demente dice: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo pueden alcanzar la perfección? Muchas horas de ensayo en los entrenamientos y de conocerse entre compañeros. Como esos delirantes cuartetos de jazz de los años treintas y cuarentas, en los que los integrantes eran magos que practicaban con sus instrumentos hasta sangrarles las manos para después empezar a volar, el Barcelona al buen toque del balón lo ha convertido en un bello hábito.

P.D. Por estos lares el presidente del Barça guayaco promete título el año que viene, pero lo que se ve es a los mejores jugadores – Hidalgo y Nazareno – yéndose a otros equipos. Lo único bueno para mí Barce es que el 2011 será el último año de Maruri. Consuelo por ahora: Messi y compañía. Para disfrutar.




23 de noviembre de 2010

Un elogio...


Ok… Confieso que sólo los escuché porque en 500 days of summer les hacen una de esas referencias tan evidentes como únicamente el cine indie es capaz de hacer. Era una de las canciones favoritas del personaje de Zooey Deschanel; y Zooey fue tan imperfectamente perfecta en la película que debías saber lo que le gustaba, irresistible pasar por alto sus recomendaciones. Un par de días. Un par de canciones. La del chico con la correa árabe. Ahí quedaron. Antes que a Belle & Sebastian prefiero a Los Smiths.

Muy feliz incluso en la melancolía. Muy coral para mi gusto. Demasiado bajo perfil. Dueños de canciones perfectas para final de temporada de una serie con alto cometido romántico. Y sin embargo en la penúltima edición de Página 12 me encuentro con Rodrigo Fresán dedicándole varios párrafos que a cualquier otra agrupación le gustaría que le dediquen: Una apocalíptica historia, la recomendación de un libro y el remake argentino de una gringa comedia romanticona de los ochentas. De lo último el soundtrack a cargo de Belle & Sebastian, para recordar cómo eran los momentos perfectos antes de la gran nevada. En la prehistoria un concierto en el Luna Park de Buenos Aires que ya pasó.

Abro las primeras páginas de las Lecturas tatuadas de Jorge Velasco Mackenzie y pienso que debería acompañarla con algo de Julio Jaramillo, o salsa de estilo “Cabo Rojeño” para adentrarme en las letras de alguien siempre obsesionado con retratar a Guayaquil y sus personajes. Lo hago escuchando Belle & Sebastian. No sale un arcoíris pero la luna está intensamente redonda y amarilla. Viva como un queso. Podría ser peor.





Melodys:
Por Rodrigo Fresán

Por fin, poco antes de la Gran Nevada y de la Primera Mudanza hacia ese nuevo gran planeta tan parecido a como alguna vez fue el nuestro, alguien tuvo la buenísima mala idea o la malísima buena idea de encarar una remake de ese clásico del cine púber conocido como Melody. Hubo, claro, muchas discusiones en cuanto al casting (hasta se intentó la recuperación de muestras de ADN de los restos del reparto original). Y resultó gracioso que la producción fuera idea y responsabilidad de Argentina (una de las contadas potencias ecológicas económicas, donde el film original había tenido tanto éxito en los años grises de su estreno, a principios de los años ‘70) y que, por un par de meses, los estudios de Patagonywood se disfrazaran de una Londres que ya no existía, una Londres que había desaparecido bajos las frías aguas del calentamiento global tanto tiempo atrás.

Abundaron las polémicas, las peleas, los enfrentamientos varios en las calles de fans fundamentalistas y progres; pero nadie discutió que el soundtrack de la nueva versión estuviera compuesto por canciones de esa vieja banda eternamente juvenil conocida como Belle and Sebastian. Y es que la elección era perfecta: esas melodías traviesas, esas vocecitas juguetonas, esa perfecta capacidad para cantar y rimar y musicalizar el acto de enamorarse: de caer dentro y fuera del amor.

Alguien recordó entonces que Belle & Sebastián había visitado y tocado en Buenos Aires en la primavera del 2010. Pocas semanas antes habían editado el perfectamente titulado Belle & Sebastian Write About Love. Por entonces –esas fotos en el cuadernillo, con miembros del combo eternamente estudiantil bautizado a partir de un clásico francés para niños líricos posando leyendo a Keats– la “banda/idea” liderada por Stuart Murdoch había experimentado varias fracturas internas (maldita sea la histérica traidora Isobel Campbell) y perdido algo del apoyo cool-intelectual externo. De hecho, para muchos –síntoma terrible e inevitable que suele enfermar a toda buena idea pop– Belle & Sebastian era una especie de parodia involuntaria de Belle & Sebastian. No era tan así; pero algo de eso había y la historia fue primorosa y dolorosamente contada en el libro Belle & Sebastian: Just a Modern Rock Story de Paul Whitelaw (2005) y en el DVD Fans Only (2003). Una cosa sí era verdad: Belle & Sebastian ya no era lo que había sido por los tiempos de Tigermilk (1996), If You’re Feeling Sinister (también de 1996) y The Boy with the Arab Strap (1998). No podía serlo y posiblemente ya no le interesara serlo. Belle & Sebastian había aumentado la paleta de sus sonidos trabajando con productores más sofisticados y su inocencia afrancesada había caído ante la ferocidad entrópico-nihilista de Arcade Fire y su The Suburbs. Tampoco había en Belle & Sebastian Write About Love algo tan sentidamente perfecto como “Dress Up In You” (incluido en The Life Pursuit by Belle & Sebastian, del 2006). Y es que no es lo mismo ser cult que ser indie. Ser indie es ser cult con comodidades. Pero, aun así, en Belle & Sebastian Write About Love estaba esa preciosa “Calculating Bimbo” que es lo que vuelve a sonar, ahora, mientras en las pantallas de las salas de cine de las naves que nos llevan hacia la Nebulosa de Nim, Daniel Latimer y Melody Perkins se protegen de la lluvia y se besan en un cementerio.

Vimos Melody, Too tantas veces, flotando entre estrellas muertas y agujeros negros.


Y fue durante este largo viaje que se me ocurrió la idea de revisitar la saga de Antoine Doinel en versión musical con las canciones de Lloyd Cole mutadas al francés. Pero ésa es otra historia, otra película, otra música, otro planeta.

Belle & Sebastian se tocan en Buenos Aires mañana, lunes 15, en el Luna Park (Bouchard 465) a las 21.30 hs.



21 de noviembre de 2010

Harry Fucker


Lo siento. No hay post. A la del príncipe mestizo me llevaron y me quedé dormido. Nunca me había aburrido tanto en un cine. Y todo para ver al viejo morir. La única parte decente fue cuando Harry casi mata al pelado rubio. Al resto por la tele y nunca completas. En partes. La que dirige Cuarón, la que sale el genial Gary Oldman, es la mejorcita; el rato en que infla a la madrastra: chévere. Nada más. Tal vez en la que competían los colegios la parte de los dragones.

De sagas me sobra con El señor de los anillos y Star Wars. La Rowling se va por el lado fácil y eso es no querer a sus personajes. Los millones que le ha dado Harry es la verdadera magia. Muere o no. Presenciar la pelea contra el tipo con cara de serpiente. No interesa. Tengo más interés en Velódromo de Fuguet que la quinta del mago. Aunque tal vez en estos días, ante la insistencia del resto por saber qué pasa, para no ser un completo antisocial, me vea entrando a un cine sin nada más que hacer. Necesitaré una almohada pequeña o un buen Red Bull.
P.D. Hasta la fecha tampoco he visto Avatar y no creo haberme perdido de algo espectacular...

18 de noviembre de 2010

¿Los ricos también lloran?

Katy Perry inhalando coca en una fiesta en la playa. Lauren Conrad y las demás rubias plásticas de The hills armando una orgía, llevando en sus costosos bolsos correas y otros juguetes sados. – California gurls –. Anthony Kiedis y el resto de los Red Hot Chilli Peppers convertidos en vampiros, violando y golpeando a una quinceañera. Leyendo The informers tengo la sensación de estar presenciado – aunque nunca las vi – el dark side de los jóvenes de Beverly Hills 90210, Melrose Place. Sin perdón ni oportunidad para la redención. Charlie Harper, residente de Malibu, no es un tipo divertido, parece un demonio que se alimenta de almas.



Bret Easton Ellis antes de los veinticinco, gracias a Less than zero, se convirtió en millonario y se volvió famoso. El escritor de la Generación X. En The informers, después de haber publicado la amada y odiada American Psycho, vuelve al mundo donde se siente cómodo, que conoce bien. Retorna a personajes de anteriores historias. Nostalgia. Sus protagonistas son proyectos de celebridades. Con todas las comodidades, atractivos, bronceados, autodestructivos, adictos, pasan sentados en la piscina o viendo MTV, todo el día sin quitarse sus gafas Wayfayer. Tienen los trabajos soñados en estudios de cine y en compañías disqueras. Dueños del mundo. Cero responsabilidades. Y sin embargo lo que se cuenta resulta lacónico, aburrido.

Una docena de relatos cortos que tratan de formar una gran historia. Los protagonistas saltan entre cuentos, en unos son protagonistas en los otros sombras. La versión ochentera de las Nine Stories de Salinger. Los narradores seres anónimos que viven en un gran monstruo llamado Los Ángeles, de los que casi no se sabe nada, lo que vemos son flashes. El autor pretende desnudar a la clase alta californiana, pero las casi 150 páginas terminan engendrando un gran chisme donde se menciona cuantos millones tiene cada uno. A ratos drama y melodrama donde no pasa nada, en los márgenes tipos degollados, en el centro momias caminando sin saber que están muertas; en otros ratos un vampiro yendo al psiquiatra. El día a día de una madre de Bel Air: Me acuesto con un veinteañero, se me descompone el Porsche, hablo con una amiga que tiene una hija bulímica, paso por Brentwood, quiero inyectarle una burbuja de aire a mi esposo y ver como su cara se va a arrugando… Odio por leer esto. No es la trama sino lo tedioso del ritmo. Me pregunto si es esa la intención.

Empieza lento, muy lento. Una llamada por teléfono para recordar un verano que acabó. Acelera poco a poco, con un ritmo en gran parte aburrido y muy pobre, lleno de pereza, como si fuera el escritor un adicto al Valium, para continuar un poco más acelerados – el estilo sin esfuerzos se mantiene –, con personajes más oscuros contando su rutina, con una estrella de rock que disfruta golpeando a las groupies. Entre tanto desencanto y desolación vale rescatar la reunión del grupo amigos que han olvidado la muerte de uno de sus compañeros; frases que suenan a un ahogado silbido y que encantan de la manera en que puede encantar la actitud de alguien que espera que la vida se esfume; y las cartas de aquella chica venida de la Costa Este, cabello negro y algo snob, que termina convirtiéndose en una barbie californiana más, presenciando su metamorfosis.

Dudo repetirlo. Nauseas. No recomendable para conocer a Easton Ellis. Seguramente lo escribió a la maldita sea, mientras se masturbaba y pensaba en la beautiful people y en que necesitaba dinero. La cita de John Fante al principio del libro, resolviendo sus problemas acostándose en la cama, sin pensar mover un dedo, más que una cita debería ser una advertencia. El texto podría resumirse en dos frases: Nada pasa. El mundo no vale la pena.



...fue Dirk el que tuvo que sacar el cuerpo destrozado y ensangrentado del coche de Jamie, y el que hizo señas de que se detuviera a un tipo que iba camino de Las Vegas para construir una cancha de tenis y el tipo fue en coche al hospital más cercano y la ambulancia llegó setenta minutos después y Dirk la esperó allí sentado en el desierto con la vista fija en el cadáver. Dirk nunca habló mucho de ello, se limitó a darnos unos pocos detalles una semana después de lo que pasó: el modo en que fue dando tumbos, el BMW se deslizó por la arena, estrellándose contra un cactus, y cómo asomaba por el parabrisas la parte de arriba del cuerpo de Jamie; el modo en que Dirk tiró de él, lo puso a un lado, registró los bolsillos de Jamie para hacerse otro canuto. Muchas veces he tenido la tentación de ir hasta donde tuvo lugar el accidente y echar un ojo pero ya nunca voy a Palm Springs porque siempre que estoy allí me siento fatal y es un coñazo.

Por el amor de Dios, necesito un pico —dice él—. ¿Podrías prepararme tú la jeringuilla? La insulina está ahí —dice, haciendo un gesto. Se quita la chaqueta, se desabrocha la camisa. Mientras lleno una jeringuilla de plástico con insulina, tengo que resistir el impulso de llenarla de aire y luego clavársela en una vena y ver cómo se le contrae la cara, cómo se derrumba el cuerpo al suelo. Lleno la jeringuilla de insulina. Él deja al aire el antebrazo. Cuando clavo la aguja, digo:
—Eres un cabrón.
William mira al suelo y dice:
—No tengo ganas de seguir hablando.
Terminamos de vestirnos, en silencio, y luego salimos en dirección a la fiesta.

Recuerdo la película que hicieron sobre el grupo y la película era bastante ajustada a no ser porque los que la rodaron se olvidaron de añadir las interminables demandas por paternidad, la vez que yo le rompí el brazo a Kenny, el líquido claro de las jeringuillas, a Matt llorando durante horas, los ojos de las fans y las «vitaminas», la cara que puso Nina cuando pidió un Porsche nuevo, la reacción de Sam cuando le dije a Roger que quería hacer un disco en solitario, unos cuantos datos que pasaron por alto los que rodaron la película. Los que rodaron la película al parecer eliminaron la vez en que llegué a casa y encontré a Nina sentada en el cuarto de baño de la casa de la playa, con unas tijeras en la mano, y cortaron el plano de la cama de agua agujereada y vaciándose. El montador pareció situar equivocadamente la escena en la que Nina trató de ahogarse una noche durante una fiesta en Malibú y cortaron la secuencia que seguía donde le apretaban el estómago y también lo siguiente, donde se acercaba a mí y decía: «Te odio», y apartaba de mí su cara pálida, hinchada, con el pelo todavía empapado y pegado a las mejillas.

Acabo de ir a la cocina a por una Perrier y oí que un productor gordo y viejo le decía a un joven que se parece sorprendentemente a Matt Dillon que le desea y le necesita. ¿Por qué no me sorprende eso? Llevo mucho tiempo en Los Ángeles, Sean. Ya no me sorprende nada (!). ¿Me escribirás?

—No querrás quedarte embarazada, ¿verdad? Terminarías pariendo algún espanto. Un monstruo. Una especie de bestia. ¿Eso es lo que quieres? — pregunto—. Dios santo, hasta el que te practicara el aborto perdería la cabeza.

Luego, por fin su joven y perfecto cuerpo está desnudo y me mira a los ojos que tengo completamente empañados, negros y sin fondo, y ella se echa hacia delante, sollozando incrédula, y me toca la cara y yo sonrío y le toco el coño liso y sin pelo y ella dice: —Ten mucho cuidado. No me dejes marcas, ¿eh? Y luego yo suelto un grito y salto sobre ella y le abro el cuello y luego la follo y luego juego con su sangre y luego le desgarro el coño, de hecho se lo arranco del cuerpo, y chupo su estómago, intestinos, por la gigante cavidad rojinegra que acabo de formar, arrancando montones de carne, que uso de lubricante para masturbarme y después de eso, en principio, todo está perfecto.

16 de noviembre de 2010

Una imagen que se le olvidó a Fernando Mieles


Un cuadrado edificio al que sus exageradas y simétricas divisiones le da el aspecto de un gigante Cubo de Rubik, sólo que sin tantos colores. Un sol asesino que pega directo en la nuca y provoca sopor. Cientos de transeúntes yendo de izquierda a derecha y viceversa, de norte a sur y al revés. Boyacá y Luis Urdaneta.

- ¿8 x 7? – pregunta el delgado hombre de lentes y camisa manga corta metida dentro del pantalón, con tono de voz de parecer estar escondiendo algo y al mismo tiempo querer vendértelo. Ciertos de sus movimientos recuerdan a los de un roedor.

- 56 - le contesto volviendo mi cabeza para verlo. Espero mi turno aburrido, observando como de forma ni rápida ni lenta avanzan los números en el cronómetro digital mientras saco copias de mi cédula y certificado de votación.

El tipo con pinta de estar transformándose en roedor sin darse cuenta, al que le falta rechinar los dientes cuando habla, no me ha prestado atención. Una chica con apariencia de tener más de veinte pero menos de veinticinco le pregunta si es él es quien vende las papeletas de pago. El hombre que está sacando las copias se voltea y le dice que le cuesta siete dólares. La chica que anda apurada y no quiere ir al banco a depositar los cinco dólares que es el costo verdadero saca de su cartera el dinero. Se lo da. Espera a que un policía salga del radio de visibilidad, cruza los brazos y de la misma forma en que se le pasa la coima a los vigilantes de tránsito, con la mano hacia dentro – escondiendo los billetes –, el de las copias le entrega una papel celeste con el sello del Banco del Pacífico. Antes que se vaya, con un ademán para que se acerque, el señor rata le comenta que también tiene certificados de salud. Ella, que seguramente ha encontrado un nuevo trabajo y está haciendo los odiosos trámites con una sonrisa en el rostro, le contesta con un no gracias.

- ¿8 x 7? – vuelve a preguntarme, al mismo tiempo que saca un fajo de billetes para contar las ganancias del día. Cerca se escucha a otro policía redactando una carta en una máquina de escribir.

Un año atrás para sacar el Récord policial se pagaban cinco dólares en la ventanilla de la dependencia de la PJ. Un año después se debe depositar el mismo valor en una cuenta corriente del Banco del Pacífico. Los más probable es que durante un tiempo hubieron constantes descuadres en la caja; y ante los robos se tomó la decisión más sencilla, la que muchas veces es la típica en el Ecuador. Con la que uno se lava las manos. Los que pierden son los que obligadamente deben hacer el trámite – en un trabajo anterior también recuerdo que debido a la constante pérdida de rollos de papel higiénico se decidió que cada persona debía traer el suyo –. Los únicos beneficiados son los que descaradamente venden el certificado de pago dentro de un edifico de la policía. No suena tan irónico. Más bien tan ecuatoriano.

Creo que eso no lo vio Fernando Mieles, sino de ley que lo ponía en su película.

14 de noviembre de 2010

Harto Sam Mendes hoy


“This is my life” nos dice un magistral y bastante convincente Kevin Spacey. Así comienza una de las películas que más disfruto, que está entre mis tres favoritas, y que cuando la vi por primera vez me dejó como loco; la recomendaba a cualquiera que me encontraba, hablaba de ella con ojos brillantes de junkie a toda hora después de clases de la u, e intercambiaba opiniones, la rememoraba y comentaba acerca de varias escenas, con el primero que veía que no estuviera haciendo nada. La primera vez que me impresioné en un cine fue con la secuencia del gusano de afilados dientes saliendo del estómago de un desprevenido tripulante en Alien: El octavo pasajero. American beauty fue otra cosa. Una suerte de curso hiperintensivo de lo que las imágenes en pantalla grande te pueden regalar. Un hombre aún no sabe que va a morir, nosotros sí. Lo curioso es que es el primer trabajo de su director.

Sam Mendes es un tipo con una notable hoja de vida. Su obra aún se puede contar con las manos pero habla por sí sola. Cada vez que se escucha que está trabajando en algo las expectativas son altas, promete. Y no ha fallado desde su debut. Desde American beauty hasta la genial Away we go se puede notar esa búsqueda de la perfección, los infinitos detalles, las ganas de mostrar las cosas como son, lo prohibido. Su estilo no es tan personal y de autor como el de, digamos, David Lynch o Tarantino. Sus historias son cotidianas, sólo que no se limita a mostrar la primera capa, va más allá y lo visto en la pantalla es una suerte de The E! True Hollywood story y Behind the scenes del sueño americano. Revelando secretos y cómo en muchas ocasiones todo está tan lejos de la portada de revista para amas de casa; desnudando al máximo a los personajes, exponiéndolos, lo que pretende el director británico es un descarnado zoom que se detiene en las grietas, en las manchas en la pared, en las cicatrices ocultas.

Haciendo zapping en la tv, hoy dos canales de cable promocionan dos de sus trabajos. Buena forma de esperar su mejor obra, que es mejor creer aún pendiente.