14 de diciembre de 2010

Treme


Sin saber si a él se le ocurrió, o lo escuchó del bajo mundo y lo volvió suyo, por ahí Rodrigo Fresán decía que si en en estos tiempos de Wikileaks y calentamiento global, Shakeaspere o Cervantes estuvieron vivos, con una laptop asentada en sus piernas y enviándose mails mutuamente y a sus amigos Dostoievski y Víctor Hugo, seguramente escribirían guiones para HBO. Nada en contra de los libros. Totalmente a favor de la televisión. La caja tonta se convirtió en la caja inteligente. Se comentaba y se aún se rumora por oscuros y angostos pasillos literatos que la gran novela de este siglo XXI vendrá en formato para la pantalla chica.

No sé si es la más grande obra, pero definitivamente de lo mejor de estos tiempos ya fue filmado y presentado por HBO. Al no caminar el español ni el británico dramaturgo por esta época de fibra óptica y calles asfaltadas, la misión cayó en David Simon, que creó y escribió esa novela rusa ambientada en Baltimore llamada The Wire, de la que voy por su segunda temporada porque no alcanza la plata para contratar el canal, y por la calidad vista pienso que debería guardarse en la biblioteca personal para la posteridad.

Ahora Simon tiene un nuevo proyecto luego de haber pasado un tiempo con las tropas de Iraq. New Orleans tres meses después de Katrina. Un barrio de la ciudad, del que coge el nombre la serie de televisión. Un barrio que sobrevivió a la inundación. Un barrio lleno de músicos. The Wire cuesta por su anódino mundo. Al cuarto capítulo entendías lo que pasaba, y para bien o para mal te convertías en un junkie. Con el primer episodio de Treme, los seis minutos iniciales, pasa lo contrario. Engancha de una. Creo no haber visto un mejor comienzo para un programa de televisión. La hora y media que dura el estreno parece una excelente películas indie. Espero que esa sea la escencia del lugar, porque ni bien tenga chance espero tomar un avión hacía allá, hacia Treme. Como diría el pana Andrés Caicedo: ¡Que viva la música!...


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