29 de diciembre de 2010

Viviendo del misterio


Quién diría que una pésima y absurda campaña publicitaria, el peor título que se les pudo haber ocurrido a sus creadores y varias malas actuaciones – la primera secuencia del agente queriendo detener a un avión es más que ridícula –, podían ser parte de una serie de televisión que más que buena podría considerársela como entretenida. The Event a pesar de su alto presupuesto no es algo de culto, adictiva para seguir hasta las últimas consecuencias, con numerosos fanáticos organizando convenciones. Se la compara con Lost e incluso yo que nunca he visto un capítulo de la vida de los náufragos pienso que es descabellado y precipitado el comentario. Sin embargo resulta recomendable para, digamos, alguien entre los veinticinco y los treinta años al que su horario de oficina se extiende a la noche, o se detiene en el gimnasio hasta que llega a casa a eso de las nueve, y mientras calienta la cena enciende el televisor para desconectarse del mundo.

Un espagueti en el que se mezclan cosas que ya hemos visto es el más importante enganche: las conspiraciones a lo 24, con las secuencias en las que participa el Presidente de USA como un personaje más; los flashfowards, marca registrada de Lost, para contar historias en el tiempo; y los eventos sobrenaturales llevando un estilo que recuerdan a The X Files. Todos juntos y revueltos para avanzar en la narración y descubrir cuál es el misterio. Qué diablos es El Evento. Y de eso vive la serie, de lo que no se ha mostrado. Lo que explicaría el desabrido final de temporada, digno de un sonoro What the fuck?, en el que no se dijo nada, y ni siquiera mantiene a la expectativa, sino que el parón es por ley, toca, y habrá que seguir con el minuto después el año que viene. Tal vez lo más recomendable es esperar hasta el final y comprar el DVD completo con los episodios que se planean transmitir en los próximos años y verlo de corrido, encontrándole más emoción al asunto entre los cortes, porque a pesar de no haber sido trabajados los personajes al detalle – a excepción del Jefe de la CIA, excelentemente desarrollado por Zeljko Ivanek –, el ritmo trepidante de los capítulos, que geográficamente recorre varios de los Estados de USA, a ratos no te hace pensar en eso. La falla está en el corte largo



Las altas pretensiones con las que empezó The Event puede que sean su maldición. Como dice ese refrán de abuelitas, por querer ser estrella nació estrellada. Porque todo bien con el secuestro de Leila, la pareja del hacker y mandarina novio interpretado por Jason Ritter, hasta que la rescata y ahora la persecución parece un relleno innecesario para la trama. Todo muy bien con la abducción del avión que en lugar de estrellarse en Florida fue a parar a Arizona, y los pasajeros después enfermos que eran lo mejor de la hora de transmisión y ahora casi no aparecen. Regular con los alienígenas secuestrados en Alaska y su enigmática líder Sophia. Y todo misterioso con el viejo de apariencia de hobbit que desea rejuvenecer y por lo cual tiene algunas niñas prisioneras en un hospital psiquiátrico; solo que el efecto transmitido es que por volver complicada la historia para mantener el secreto, se la lleva hasta límites absurdos y poco interesantes. La poca fe es producto de que las ideas parecen acabarse.

No obstante ya estoy aquí, embarcado, y quiero saber cómo se desenredará la complicada teleraña. Pasar el rato con ella hasta su distante final o pronta cancelación. No depende de nosotros...



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