Un mes atrás Mercedes Sosa, La Negra, se fue. Se fue en el sentido de que su corazón dejó de latir y sus pulmones de inhalar aire, porque su voz se la sigue escuchando, difícilmente se apagará; y a diferencia de la canción que cantó varias veces junto a Fito Páez y Víctor Heredia, yo vengo a ofrecer mi corazón: y me iré tranquila, me iré despacio..., ahora más que nunca se siente que ella no se va.
Traté de escribir algo la fecha que murió, pero como siempre las palabras no me alcanzaron. Varios homenajes se le hicieron. Recuerdo dos. El primero que le hizo el diario Página 12 con el título Parte del aire, que a diferencia de muchos de los especiales que hace el diario fundado originalmente por Jorge Lanatta, pero ahora devenido a diario oficialista como te lo dicen muchos de los quiosqueros que abundan en las calles de Buenos Aires, aunque siguen escribiendo en el mismo personajes como Rodrigo Fresán y su sección Radar en serio que vale la pena leer, este especial de La Negra Sosa pienso que no estuvo acorde con ella.
La Negra más que partituras musicales y registros sonoros era puro sentimiento. No cabía el análisis musical como lo hizo Página 12, si no tal vez repasar la historia de alguien que siempre apoyó la música, que fue la madrina del rock argentino (cantando Inconsciente Colectivo con Charly García en Córdoba) cuando lo más probable era que muchos cantantes de folclore estén refunfuñando en un parque, plaza o en alguna cantina con luces pálidas que la música ya no es lo que era antes, y que hasta el último estuvo junto a artistas de la actual generación, como las versiones de sus canciones que tiene con Ceratti, Calle 13 o Shakira. Era lo más parecido a la Pacha Mamma, alguien que estaba en contacto con su tierra y que le gustaba contar historias sencillas, de labores que se repiten todos los días y que ella mostraba su escondido encanto.
Recuerdo en el funeral de Mario Benedetti, el mismo día que dejé Montevideo estuve presente ahí en el Edificio de Congreso (era un lunes lluvioso de mayo), mientras veía por primera y última vez al autor de Los Montevideanos y de Gracias por el Fuego, un ramo de flores con la firma de Joaquín Sabina presente en el auditorio. A La Negra, Sabina le dedicó unas violetas que es el mejor homenaje que he leído y que lo publico aquí como justificación a mi falta de palabras.
Una semana atrás, diario EL UNIVERSO publicó una entrevista que Marcia Barzola Castro le realizó a Francisco Huerta Rendón, Coordinador de la Comisión de Transparencia y Verdad que investiga el caso Angostura. Más allá de los análisis políticos y la veracidad que se puedan obtener de estas declaraciones, después de leer las frases de que el país corre el riesgo de convertirse en una narcodemocracia y que en el Informe final se encontrarán grandes hallazgos, a uno, como lector, le queda la sensación de que está presenciando uno de los mejores tráileres realizados para un peliculón que será la presentación del Informe de dicha Comisión. Como la expectativa que generaban los avances de The Dark Knight. Lo mismo sucede con cada nueva declaración y presentación de denuncias de Fabricio Correa, hermano del Presidente Rafael Correa. Como ver Kill Bill II después de que Kill Bill I te gustó.
Ante el acaparamiento de la atención del país que genera la política, los sujetos que están inmersos en ella y sobre todo sus escándalos, no puedo estar más que de acuerdo con el editorial que Alfonso Reece publicó el 1 de septiembre del 2008, llamado Penosa obligación, cuando decía que “la política debería ser aburrida, monótona y predecible… debo confesar que en este momento no me acuerdo cómo se llaman los primeros ministros de Nueva Zelanda y Luxemburgo… son los estados que no funcionan y sus gobernantes [los que] están siempre en primeras páginas por sus arbitrariedades y desatinos”.
Viene a colación también este tema porque en el blog del Foro democrático, Jean Gruanuer Calle, escribe un post denominado ¿Por qué los jóvenes evadimos la política?, cuando considero que en el país existen muchos más jóvenes con una vocación política y de integrarse a algún movimiento temporal que defienda intereses específicos, que artística (u otro tipo de manifestación que implique un desarrollo creativo), por ejemplo. Y esa es una de las razones de nuestros constantes tropiezos como país. Porque (ni se lo promueve) no nos desarrollamos primero como personas que tengan una visión sistémica de los actos producidos y sus consecuencias, y que no nos creamos cualquier cuento; participando de la política, a lo Dylan, fuera de ella pero tienen influencia en la misma.
Por eso tengo dudas ante la propuesta del periodista y ahora político, Carlos Vera, cuando declara su intención de formar un nuevo movimiento político para hacerle la oposición al Presidente Correa (que a la vez era la representación del cambio contra lo que estuvo antes de él) y motivar una revocatoria de su mandato. Y en este caso también no puedo estar más que de acuerdo con el editorial de Simon Pachano, del 26 de octubre del 2009, llamado Personalismo al cuadrado, cuando decía que “en la hoja de ruta de Vera, como en la de todos los outsiders que le antecedieron, no se incluye la construcción de una organización fuerte, estructurada en torno a principios y con la solidez necesaria para eliminar los personalismos… Será personalismo al cuadrado”.
A diferencia de lo cantado por Jorge Drexler, que "nada es más simple, no hay otra norma: nada se pierde, todo se transforma", en la política ecuatoriana nada se transforma. Todo es un círculo de lo mismo.
Santiago del Estero, geográficamente, puede que esté en la mitad; pero la sensación que da es que está alejado de todo. Fue la primera ciudad fundada en Argentina. Parece detenida en el tiempo. Uno de esos lugares donde uno va a ver las hojas pasar, caluroso y con un sol que pega directo a los ojos y te los cierra como puños, con las personas comiendo afuera, y desde las dos de la tarde hasta las seis, el pueblo muere, nada se escucha, todo están haciendo la siesta. Medio Macondo antes del tornado que se llevará toda la historia vivida y otro medio como el pueblito escondido en Big Fish, porque de Santiago la mayoría de jóvenes no migran en busca de aventuras, sino que se sientan y se dedican a echar raíces.
La ruta Panamericana pasa por Santiago del Estero pero pocos se detienen ahí (al igual que Macondo la mayoría que van de paso son gitanos). Sus propios habitantes te advierten que en la ciudad no hay mucho para ver. No hay grandes monumentos, ni catedrales, ni volcanes, ni playas (tal vez las Termas de Río Hondo para los de la tercera edad y para comprar algunos alfajores), las guías turísticas no te recomiendan nada de la provincia, y así Manu Chao cante en Guayaquil City “¿que pasa en la calle?/ Nada, no pasa nada”, en Gkill pasan muchas cosas en comparación con Santiago; pero varias personas de otros lugares me decían que lo que voy a encontrar es gente con mucho corazón. Es la cuna del folclore y donde se hacen los mejores instrumentos, la mayoría de personas se conocen entre ellos y forman buena vecindad, pasas la vida sin apuros y las familias son grandes, de decenas de miembros que se ven constantemente, y puedes tener cuarenta años y salir con una de veinte y dos y es de lo más normal. Mi viejo nació ahí y después de yo haber visitado Santiago entiendo porque se fue.
Dejo este portafolio más por una cuestión sanguínea y de raíces. Del lugar de donde viene la otra mitad de mi historia.
Karl Marx le decía a su amigo Engel que para escribir la obra que tantos años de su vida le quitó: El Capital, no se inspiraba en la obra de Hegel sino en la de creadores como Dickens, porque ahí, en la literatura, se encontraban los más claros ejemplos de la forma en que vivían los desposeídos durante la revolución industrial (algunos críticos no califican a El capital como un tratado de economía, sino como una bizarra y victoriana novela del estilo del Drácula de Bram Stocker o el Frankenstein de Mary Shelley). Y algo de razón tenía el viejo barbón, porque Charles Dickens, antes de convertirse en uno de los más grandes escritores de su época (creador de Oliver Twist e Historia de dos ciudades), fue un niño pobre que vivió en prisión con el resto de su familia, y que tuvo que trabajar desde los doce años en una fábrica de botellas pegando etiquetas. Pero además de ser el vocero que mostraba a los ricos la vida de los marginales en el Londres victoriano, Dickens fue lo único bueno que leí recomendado por mis profesores en el colegio (junto a Julio Verne), en una época donde te obligaban a leer A la costa o Huasipungo más por un cuestión de patria-o-muerte que por disfrutar una obra que te enseñe a querer y no olvidar la literatura y sus personajes. El escritor inglés fue lo más cercano en mi adolescencia a las palabras del Holden Caulfield de J.D. Salinger cuando decía: "Los libros que de verdad me gustan son esos que cuando acabas de leerlos piensas que ojalá el autor fuera muy amigo tuyo para poder llamarle por teléfono cuando quisieras".
El libro en cuestión de la clase de inglés fue Great Expectations, que no trata precisamente sobre un rebelde sin causa, a lo James Dean, como lo era Holden Caulfield, sino de un chico pobre, inseguro, con una vida ya predestinada, llena de necesidades, que sueña vagamente con un día convertirse en un caballero, un gentleman (antes se estudiaba para ser esto, un tipo que sabe todas las reglas de urbanidad, que le permiten el ingreso a clubes, asiste a bailes y es invitado a reuniones familiares). Pero antes de que eso se convierta en realidad, el pequeño Pip, que cae muy simpático, enfrentará un largo camino: deberá ayudar a un convicto que lo amedrenta al principio del texto, cuando el personaje principal visitaba la tumba de sus padres, y que lo hace muerto de miedo (un hecho que cambiara su vida), traicionando a su hermana que lo ve más como una carga que como a un familiar (por suerte tiene de mejor amigo a su cuñado, el herrero del pueblo); visitar constantemente la casa de una extravagante mujer (que parece la madre inspiradora de esas entreñables, locas y excéntricas mujeres de otras novelas como la Madame Trepard del capítulo 23 de Rayuela – aquella cantante a quien nadie iba a escuchar en París – o la tutora de Sofía en El pasado – vieja sabia, elevada casi a Dios por un grupo de mujeres y discapacitados que habían encontrado en ella finalmente la paz, y que muere confesándole a Rímini como entre colillas de cigarrillos, después de las fiestas que daba, se pajeaba pensando en lo hermoso de la pareja que formaba junto a Sofía); y Estella, la obra maestra de Miss Havisham, que después de ser plantada en el altar y pasar el resto de sus días encerrada en su mansión, tiene como única misión formar a aquella niña con un corazón tan frío que podría conquistar a cualquier hombre. Y por supuesto Pip la ama y nunca se olvidara de ella, y vivirá en Londres, se convertirá en un gentleman y se avergonzara de su familia del pasado, pero nunca la olvidara a ella. El resto es literatura.
Recuerdo que años atrás vi la versión adaptada al cine. La recuerdo muy bien por la escena en la fuente entre Gwyneth Paltrow (Estella) e Ethan Hawke (Pip). La película también me pareció muy buena (Pip es aprendiz de pescador y no de herrero; y el convicto es Robert De Niro); además de que ahí me di cuenta de que la versión que leía en el colegio era una bastante resumida. Ayer agarre esa misma versión editada para aprendices de inglés y la volví a repasar. Ganas no me faltan de devorarla tal cual como la creo su autor. Que al final es una autobiografía. La de un gentleman.
The man stared at me for a moment. Then with a sudden movement, he picked me up and turned me upside down. A piece of bread fell out of my pocket. The man pushed me onto a gravestone. Then he grabbed the bread and began eating greedly.
‘Mrs. Joe leapt up and grabbed me by the ear. People are put in the Hulks because they murder and rob and do all kind of bad things’, she said. ‘And they all begin by asking questions!’
I had learnt to read and write a little and Joe was very proud of me. I was trying to teach him the alphabet. But only letters he could recognize were J,O, and E. ‘I think it´s too late for me to learn, Pip old chap,’ Joe said sadly. ‘I never went to the school. My mother wanted me to go to school but my father would not let me. He was a hard man, Pip. My father was a blacksmith. He kept me away from school and made me work for him. He was cruel to my mother and often beat her. ‘That´s why I let your sister do what she wants’…
‘Are you afraid to look at me?’ the lady asks me slowly. ‘Are you afraid to look at a woman who hasn´t seen the sun shine since before you were born?’ ‘Look here,’ Miss Havisham whispered touching her heart. ‘My heart is broken, broken. And I am so tired… But I thought I would like to see a child play… So play, boy, play.
‘Look, Pip,’ she said. ‘Can you see my wedding-cake? Eaten by mice and spiders. Ruined! Miss Havisham held my shoulders hard with her thin hand. ‘Help me walk, Pip,’ she said. We walked slowly round and round the long table, the strange old lady leaning on my shoulder. ‘Today is my birthday, Pip,’ Miss Havisham said. ‘Many years ago, it should have been my wedding-day. The dress I am wearing now was new then I was young. Everything is old and ruined now. Time has ruined me too and broken my heart.
‘When did she adopt Estella?’, I asked. ‘I don’t know’, Herbert replied. ‘As long as I have known Mis Havisham, Estella has been at Satis house. ‘Miss Havisham wants to take revenge on all men,’ he went on. ‘Miss Havisham has brought up Estella to break me´s hearts, because her own heart was broken’.
‘Everyone who sees Estella must admire her,’ I replied. ‘Then love her, love her, Pip!’ Miss Havisham cried. ‘It does not matter how she behaves towards you. If she is good to you, love her. If she tears your heart to pieces, love her, love her.’ ‘Never forget, Pip,’ Miss Havisham went on, ‘you must give everything for real love. You must give your whole heart, as I did, as I did!’
Tengo cuatro años y me estoy quedando dormido en una casa donde se han puesto butacas formando filas, y desde lo alto un hombre con biblia en mano nos predica. Esa imagen es perdurable porque desde los cuatro años hasta los veinte y tres todos los días domingos asistía (obligado) a la iglesia evangélica. El frente más conservador (con el Opus Dei) en la guerra contra el enemigo que es el mundo. Donde todos se llaman hermanos. Sólo los veía los domingos, pero en situaciones que seguramente sus compañeros de oficina no habían presenciado: era normal ver “hermanos” desmayados, hablando en lenguas y convulsionando. A la biblia te la presentaban como un manual de administración espiritual y familiar, porque, a diferencia del catolicismo, además del perdón, se necesita llevar una vida en paz para alejarse de las llamas y el azufre eterno.
Aquel manual de administración también era utilizado (y lo continúa siendo) en sermones acerca de cómo manejar el dinero, y el predicador siempre te señalaba que el sueldo que ganabas no era producto de tu esfuerzo sino una bendición, por lo que el diezmo (un impuesto voluntario) era un acto de justicia y la ofrenda una prueba de amor, y ambas permitirían que el mensaje de salvación se expanda. Lo irónico es que en la religión evangélica lo que más abundan son pobres (a excepción de esa América profunda que retrata David Lynch, donde además de esa carga de intolerancia por otras ideas, racismo, xenofobia y homofobia, muchos de los conservadores norteamericanos son hombres prósperos).
Los diezmos y las ofrendas son un camino hacia la prosperidad y la salvación en las religiones, digamos protestantes, y eso lo utilizó el Obispo Edir Macedo, creador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, para amañar una inmensa fortuna gracias a las permisivas leyes que tienen las iglesias en materia tributaria, y que ahora es investigado por la Fiscalía de Brasil (la revista Vistazo presenta un excelente artículo de estos hechos). Basándose en una fe que predica que mientras más das más recibirás, los pastores de esta iglesia han puesto de moda la comercialización de la religión. Uno puede adquirir el agua bendita traída de Israel y así sentirse más cerca del reino de Dios.
La religión, si se quiere, es un gran negocio (no necesita marketing). Eduardo Galeano escribía que en Colombia las tasas de matrimonios variaban de acuerdo a los precios del café. Con las crisis aumentan el número de fieles y en lugares como Nobol parece no existir (desde su santificación, las limosnas hacia Narcisa se han duplicado). Y es verdad que uno puede hacer con su dinero lo que le da la gana, y ante consejos de que te compres un auto y no te vayas de mochilero a Argentina uno puede mandar a esas personas a la reputaquelosparió; pero eso no implica que no existan controles de cómo estas instituciones gastan su dinero, o sea imposible investigar si han instigado a sus fieles a que donen sus casas o realicen grandes contribuciones, que en esta vida o en la otra serán devueltas. Recordemos que son organizaciones sin fines de lucro y no de lucro sin fin.
P.D. Dejo las mejores canciones que he escuchado en las que se nombra a Jesús y que se deberían corear en cualquier misa, culto, salón del reino o congregación, aunque la verdad ya no asisto a ninguna de ellas. Pero ojalá las toquen.
Si antes de los 25 no has estado en ninguna guitarreada donde se toque a Charly García (o a Sui Generis, Serú Girán o La Máquina de hacer pájaros) es porque hasta entonces no has tenido amigos, o por lo menos amigos con buenos gustos en los que puedas confiar. Corear en algún momento Canción para mi muerte (sobre todo la parte que dice: y encontrarte una mañana/dentro de mi habitación/y prepararás la cama para dos/ turuturutururu) o Rasguña las piedras viene dentro del paquete contratado. Pero el verdadero momento de alguien que siente que vivió y no sólo pasó por la década de los ochenta o noventa es cuando uno se compra, escucha y disfruta el nuevo álbum de Charly en el momento en que sale a la venta. A todos nos llega el momento porque Charly siempre te dará la oportunidad de escucharlo. Te dirá: aquí está mi música… tómala o dejala. Es como escoger entre la pastilla azul y roja (hay mucho en juego), y si tomas la correcta decisión podrás ver que todo eso llamado actualidad está influenciado por su obra, que no sólo es música sino rock en todo el sentido de la palabra. Lo respira y lo vive. Lo ha llevado a cometer excesos para saber que se siente, How does it feel? a lo Dylan.
EL primer disco que escuché entero de García (es decir de corrido, encerrado en el cuarto) fue el Hello! MTV Unplugged. No fue al mismo tiempo que salió porque en su estreno, 1995, tenía 11 años. Sé que en eso estoy en deuda. Sin embargo cuatro años después, en onda quinceañera (cuando te empieza a salir bigote), lo oí y lo reoí hasta el cansancio. Fue una suerte que escuché el Unplugged porque además de estar en versión acústica, en un ambiente desenchufado que implica reláx, intimidad, ganar de utilizar la imaginación, y que en la mayoría de ocasiones son de los mejores discos de un artista, un unplugged casi siempre es una recopilación de Greatest hits. Descubrí los clásicos Demoliendo hoteles, Yendo de la cama al living, Nos siguen pegando de abajo y otros temas, que son himnos plagados de frases para la posteridad. Ahí me di cuenta que estaba escuchando a un profeta existencialista que entendía mejor que nadie lo que pasaba.
Y es una suerte también que mi primer disco fue el Unplugged porque este está en vivo. Ahí Charly no se transforma sino que está en estado puro. Sus canciones trascienden. Después de ver alguno de sus conciertos uno necesita más, es algo que no se puede dejar, y uno piensa el porqué no estuvo en aquel show donde llovía y cuando canta la mejor canción que, personalmente creo, ha compuesto: Seminare, dice “No llueve, escupen”; o la vez que La Negra Sosa lo invita y entonan Inconsciente colectivo en Córdoba y el resto de cantantes folclóricos lo querían linchar; o cuando pone a prueba a sus admiradores pidiéndoles que se arrodillen; o la ocasión en que le pregunta al público cómo empieza su disco Filosofía barata y zapatos de goma, y nadie le contesta bien y él grita, entre las cortinas, que empieza con Los Beatles y manda a aprender la lección y que vuelvan mañana. Hay tantas anécdotas que anotar porque, concordando con muchos de los creyentes, los conciertos del hombre que enciende y apaga las luces (como lo denominó el diario Página 12 en el excelente especial dedicado en su honor) son tan importantes como los lanzamientos de sus discos.
Por eso nadie duda que hoy, 23 de octubre, el estadio de Veléz Sarfield será un orgasmo. Es el cumple de Charly García y su regreso a los escenarios después de haber creído que se nos había ido para siempre. Qué ganas de estar ahí. Que ganas de volverte a ver (como se llama su tour). Suerte que podremos hacerlo el 25 de noviembre que viene a Guayaquil. Ahí habrá que hacer todos los sacrificios. Faltar al trabajo, no salir en un mes, endeudarse con el chulquero, donar un órgano. Todo con tal de estar presente el 25. Say no more.
The diving bell and the butterfly, dirigida por Julian Schnabel, es una película que se estrenó dos años atrás y hace uno que la vi. Pero no me deja. La tengo presente en todas partes. Me acompaña como una buena aliada. Creo que la veo al menos una vez por mes porque a ratos, claro que siempre con la libertad de poder salir, se siente bien estar puertas adentro, unplugged. Cuando la imaginación comienza a hacer de las suyas.
Durante la Feria del libro, por el mes de julio, el blogger Manu Sava me dijo que había encontrado una copia del libro, con el mismo nombre, con el que se inspiró el director francés para realizar la película. La verdad es que he estado bastante desfinanciado estos cuatro meses y no he tenido la oportunidad de comprarlo, ni siquiera he hecho el intento de buscarlo y, en caso de ser la única copia, esconderlo con textos de otras categorías, en biología molecular o en latín, donde nadie lo vea.
Así que me quedo disfrutando la película. De una trama que la pudieron haber prostituido grandemente. En malas manos lo más probable es que se hubiera transformado en un culebrón tipo Hallmark (llena de melosidad y lástima) o en algo abominable salido de la mente de Paulo Coelho. Pero mejor dejar de pensar en eso y disfrutar de la joya que es, la que vio la luz. Esa cinta llena de estética con claros homenajes al cine, de una imaginación desbordante, con unas cámaras que te meten en el mundo Jean – Do, con un guión trabajado hasta el cansancio, viendo al protagonista como el centro de atracción que ejerce influencia sobre el resto de personas cercanas; pero sobre todo, lo que más recuerdo es la banda sonora. Una de las mejores que he escuchado últimamente. Con canciones que me quedan tatuadas en la memoria. The velvet underground, Joe Strummer y Tom Waits son parte importante de la película que hacen muy bien su trabajo. Sus melodías quedan perfectas, acompañando y resaltando las escenas, que se cortan de golpe, con todo y música. Como de golpe, sin previo aviso, uno ya está enganchado con esta historia y los años pasan y no te suelta. Toca compartirla. Por ahora al menos sus melodías.
1. Pale Young man - The velvet underground (aparece cuando la traductora de Jean – Do lo lleva a dar un paseo en yate y le regala una copia del Conde de montecristo).
2. All the world is green - Tom Waits (aparece en aquel día del padre que Jean – Do se siente un remedo de padre).
3. Ramschackle day parade - Joe Strummer and The Mescaleros (aparece al final mientras los glaciares tienen el efecto inverso del deshielo).
4. Don´t kiss me goodbye – Ultra orange Emmanuelle (aparece después de romper con su novia loca en Lourdes).
5. Ultraviolet - U2 (aparece mientras el protagonista y su novia viajan a Lourdes).