4 de octubre de 2008

Morelliana II

En uno de sus libros Morelli habla del napolitano que se paso años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un sincope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación.

Por segunda ocasión me encuentro leyendo Rayuela de Julio Cortázar, hace un año que cayó en mis manos por primera vez, y ahora en la repetición me continúa deslumbrando con su desalmado anarquismo, como dice la contraportada: el escritor lleva hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional. No es la primera vez que encuentro analogías en las Morellianas de Cortázar, ya había escrito una en el 2007 (http://raulfa.blogspot.com/2007/11/pesadilla-orwelliana.html) y ahora en estos días, en el primer párrafo, me he encontrado con otra.

Pienso que todos en la vida, así como el napolitano con el tornillo, tenemos alguna actividad, persona o interés que nos representa la paz, la intranquilidad, un mundo o una pasión. Para un pintor debe ser culminar una obra plasmando todas las emociones en ella, para un profesor su tornillo debe estar en sentirse entendido al final del día por alguno de sus estudiantes. Para mí, en estos momentos, mi tornillo está en los libros, la escritura y alguna guayaquileña a cuatro horas de distancia.

En los momentos tensamente políticos en el país, que estamos viviendo, para la mayoría de ecuatorianos, ese tornillo seguramente estuvo representado en la Constitución que se aprobó el fin de semana pasado. En ella para algunos está concebida toda la esperanza de la nación; la salud, educación, empleo y vivienda que muchos necesitan. Para la oposición representaba el diablo, el principio de todos los males, el nuevo autoritarismo. Para el Gobierno y sus simpatizantes, ganar es el cumplimiento de la principal promesa de campaña, una prueba más de aceptación de la forma en que se encuentran dirigiendo al país. Pero ahora que ya tenemos una nueva carta política. ¿Cuál es el siguiente tornillo?

Para el partido de Gobierno debe estar en conseguir la reelección en febrero del 2009 y seguir acumulando poder, alcanzar algunas dignidades seccionales más, y contar con la aprobación de la sociedad ecuatoriana en su gestión. Para los opositores, el nuevo tornillo es quitarle algo de poder a la actual Presidencia y al montado aparato legislativo, algunos querrán recuperar sus privilegios de antaño, y unos pocos trabajar para un verdadero cambio.

Pero en ese nuevo tornillo no consta el combate a la corrupción, la transparencia en la toma de decisiones, los consensos, la verdadera democracia participativa, el equilibrio en los poderes, la independencia de cada función del Estado y la mejora de servicios básicos, salud y educación. Fue esperanzador ver como el presidente Correa hablaba de unir al país, una vez conocidos los resultados el domingo pasado, pero con sus acciones en esa forma de elegir al congresillo, algunos nos decepcionamos otra vez.

¿Y el nuevo tornillo para el resto de ecuatorianos? Por el momento exijamos las últimas líneas escritas y después busquemos, en conjunto, como hacer posibles las maravillas y utopias que nos promete la nueva Carta Magna.

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