16 de octubre de 2009

Nos quedamos en casa para tocar rock´n roll*

William Faulkner (el mismo que Ernesto Sabato recomienda acudir cuando la realidad y la literatura, inevitablemente, se tornan convencionales, bizantinas), decía que no hay sitio más adecuado para un escritor que un burdel, porque en las mañanas reina el silencio y las muchachas tienen buenas historias que contar, y en las noches trona el deseo y la fiesta de la vida. Semejantes palabras que podrían estar talladas en piedra son imposibles de refutar. Lástima que el sábado un grupo de personas que no escriben para nada, en un plan underground, no pudieron disfrutar de un triunfo de la selección ecuatoriana en un chongo. Sólo un minuto estuvieron en Sudáfrica, cuando Valencia cabeceó el centro de Montero, y en ese instante las cervezas volaron, las voces se quebraron y los abrazos las putas los daban gratis. Luego Suárez empató y el silencio reinó en el lugar. Las damas del placer trataban de darles ánimos a sus clientes que veían como la esperanza se iba yendo. Con el penal de Forlán ni los empeñosos bailes en el tubo lograron reconfortar a los descorazonados cabareteros y futboleros, ni que se retiraran inmediatamente de aquel lugar, después de terminar sus cervezas calientes, que se les volvió de una oscuridad insoportable. Por esa razón contra Chile vieron el partido en sus casas, en la oficina, escondidos, disimulando la tristeza.

Lo de Chile se veía venir por nuestro desempeño como visitante y por las bajas de Valencia y Noboa (aunque la posibilidad era real). La verdadera ilusión se fue contra Uruguay. Ahí demostramos nuestra falta de gol (más la ayuda del árbitro a los charrúas) y que Quito ya no es un reducto infranqueable. Ahondar en eso, y en que hay jugadores que imponen su voz y que Vizuete se equivocó en las convocatorias, a estas alturas ya no resulta productivo. Pero a pesar que la selección se merece el sitio donde está en estas últimas eliminatorias, no dejo de pensar en las ganas que tenía de ir a Sudáfrica en el 2010. Embarcarme en un avión cueste lo que cueste y además de ir a un par de partidos, recorrer Johannesburgo, ver delfínes en Port Johns, surfear en Port Elizabeth, y hacer un safari por los parques nacionales Kruger y Kalahari (y conocer a los cinco grandes: tigre, león, rinoceronte, elefante e hipopótamo). A China también quise ir en el 2008. Lástima que años antes de la olimpiadas mis ingresos apenas superaban el mínimo.

Por suerte el Comité Olímpico y la FIFA le están dando sedes de estas competencias a los principales países emergentes. A excepción de Londres en el 2012, desde el 2008 tuvimos a China y tendremos a Sudáfrica y Brasil para el 2010, y 2014 y 2016 respectivamente. Sedes lejanas al ambiente dominante que anteriormente se concentraba en las ciudades de los Estados Unidos y la Unión Europea para estos juegos. Países emergentes que aún mantienen índices de corrupción, inseguridad y pobreza, pero que poseen y aplican planes para ir superando estas vicisitudes. Planes que no necesariamente consistieron en abrirse irresponsablemente al mercado, sino en armar el entorno previo a abrir sus fronteras y al Estado le dieron un papel importante en la regulación y estímulo de los mercados.

Ojalá vayamos a Brasil para aprender. Ya no tanto de fútbol pero sí de otras cuestiones.

* El título lo pone Fito.


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