2 de octubre de 2009

El mentiroso del año

En la política siempre hemos estado jodidos y no hay nada raro en que mientan o en que no podamos ver ni en pintura a los políticos. Así que de eso no va esto. Pero esa casi religión que es el fútbol, esa última esperanza que uno tiene, uno de los bastones que permite cruzar la empinada pendiente sin caer al precipicio, que te la jodan es para perder la razón. Es la gota que derrama el vaso.




Sólo en una ocasión se lo ha escuchado a Eduardo Maruri aceptar la total responsabilidad del fracaso de ese equipo que se cae a pedazos llamado Barcelona; en otras ocasiones siempre se las ha tomado de canchero, creyendo saber más que los demás o escondiéndose detrás de la figura del Pocho Harb. Con excusas ridículas como las que leímos el día martes en el UNIVERSO por parte del Pocho, donde nos decía, prácticamente, que la situación de Barcelona se debe a que “así es el fútbol” (frase muy utilizada en Guayaquil cuando te da pereza dar o buscar una explicación). Que se suman a otros disparates como ese, parafraseando a Maruri, que si el campeonato se trataría de pagar deudas (a Zárate, a Floro), él sería bicampeón. Y no admitiendo que nunca se tuvo una plantilla competitiva (si alguien se lesiona no tenemos suplentes, sin olvidar el fiasco de contrataciones de principio de año), nunca se hizo un correcto trabajo físico (después del primer tiempo el equipo ya piden perdón) y menos tácticos (por más que Llop diga que se hacen buenos partidos, Barcelona no puede dar más de cuatro pases seguidos). Sin olvidar la inestabilidad de cuatro técnicos en dos años, de los directivos y de la marketeras estrategias que de ser el equipo de la década pasamos a los improvisados y con tanto cambio ya nadie sabe a qué juega Barcelona y la goleada que nos metió la Liga no resulta sorpresiva. Y si las deudas, la falta de presupuesto y la presión son el problema, eso no implica que el equipo tenga que estar luchando por no descender. Si no habría que preguntar cómo sobreviven Espoli o el Manta que seguramente tienen menores ingresos pero están mejor que nosotros; o también podríamos remontarnos al 2003, cuando el Barcelona de España no ganaba títulos hace siete años y estaba endeudado, pero consiguieron fondos y pudieron traer a Ronaldinho, Deco y Eto´y armar un equipazo que ganó dos título de liga y la Champions, y ahora es una sinfónica donde a cualquier le gustaría jugar y hacerse hincha.

Esteban Michelena hace un par de meses nos decía que “Ya no nos queda Barcelona”, porque mucho se lo tala y nada se le siembra. Es casi ley que Pilsener quiera auspiciar al equipo más popular para estar en el top of mind de los cerveceros consumidores, pero ese oportunismo político (repartiéndose las dirigencias entre los allegados a Isidro Romero Carbo y Jaime Nebot - lo mencionaba Carlos Víctor Morales para el programa que Freddy Ehlers le heredó a sus hijos: LA TELEVISIÓN -) es como un vampiro que sólo busca desangrar. El único consuelo es que Maruri ya es cadáver político.

Más tarde voy a ir al estadio. Voy esperanzado en que Barcelona no desciende de categoría pero también voy a expresar, civilizadamente (faltaba más) mi rechazo contra la dirigencia de Maruri. Que no es lo mismo que gritar en contra de Barcelona. Aquel desconsolado borrachito de Artieda, el Rey de la Campana, esos manes sí representan a Barcelona y no Maruri.


Y ya que estamos iniciando fiestas de Guayaquil: acá escrito el poema de Fernando Artieda, y acá en youtube recitado por el autor.



Rios de gente salian de los manglares, bajaban de los cerros, rodando por el lodo, ensuciandose la ropa, perdiendo los zapatos, perdiendolo TODO, menos la firmeza de estar junto a el, en su ultima conquista, la de aquella tarde en que DIOS que se le va ajumando, y el ZAZ! que se le va levantando a la MUERTE, PARA TODA LA VIDA.


Miles y miles de sambos, cholos, negras culonas, choros, putas, poetas, asesinos, deportistas, periodiqueros, sinverguenzas, curas sableadores, contrabandistas, alcahuetes, betuneros y maricas, gentes del pueblo arrasimadas en colas largas como el destino, para tocar el CUERPO, persignarse, llorar a grito herido la huella de su ausencia. Mónica se vino desde la "Yoni" (U.S.) para contarle después de muerto: todo lo que lo había querido. Un borrachito con la botella de trago en la mano temblorosa decía: "ahora solo nos queda Barcelona, ahora solo nos queda Barcelona"

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