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8 de julio de 2012

Catorce años no son nada

Volveremos... volveremos...volveremos otra vez...volveremos a ser campeones... y a la v$%&@ el Emelec.

Hubo que esperar harto, demasiado, sufrir una eternidad, pero de vuelta estamos en una final. Despuès de ese clàsico en el Capwell, sabíamos que medio título era nuestro. Volver... con la frente amarilla... sentir... catorce años no son nada...

2 de octubre de 2009

El mentiroso del año

En la política siempre hemos estado jodidos y no hay nada raro en que mientan o en que no podamos ver ni en pintura a los políticos. Así que de eso no va esto. Pero esa casi religión que es el fútbol, esa última esperanza que uno tiene, uno de los bastones que permite cruzar la empinada pendiente sin caer al precipicio, que te la jodan es para perder la razón. Es la gota que derrama el vaso.




Sólo en una ocasión se lo ha escuchado a Eduardo Maruri aceptar la total responsabilidad del fracaso de ese equipo que se cae a pedazos llamado Barcelona; en otras ocasiones siempre se las ha tomado de canchero, creyendo saber más que los demás o escondiéndose detrás de la figura del Pocho Harb. Con excusas ridículas como las que leímos el día martes en el UNIVERSO por parte del Pocho, donde nos decía, prácticamente, que la situación de Barcelona se debe a que “así es el fútbol” (frase muy utilizada en Guayaquil cuando te da pereza dar o buscar una explicación). Que se suman a otros disparates como ese, parafraseando a Maruri, que si el campeonato se trataría de pagar deudas (a Zárate, a Floro), él sería bicampeón. Y no admitiendo que nunca se tuvo una plantilla competitiva (si alguien se lesiona no tenemos suplentes, sin olvidar el fiasco de contrataciones de principio de año), nunca se hizo un correcto trabajo físico (después del primer tiempo el equipo ya piden perdón) y menos tácticos (por más que Llop diga que se hacen buenos partidos, Barcelona no puede dar más de cuatro pases seguidos). Sin olvidar la inestabilidad de cuatro técnicos en dos años, de los directivos y de la marketeras estrategias que de ser el equipo de la década pasamos a los improvisados y con tanto cambio ya nadie sabe a qué juega Barcelona y la goleada que nos metió la Liga no resulta sorpresiva. Y si las deudas, la falta de presupuesto y la presión son el problema, eso no implica que el equipo tenga que estar luchando por no descender. Si no habría que preguntar cómo sobreviven Espoli o el Manta que seguramente tienen menores ingresos pero están mejor que nosotros; o también podríamos remontarnos al 2003, cuando el Barcelona de España no ganaba títulos hace siete años y estaba endeudado, pero consiguieron fondos y pudieron traer a Ronaldinho, Deco y Eto´y armar un equipazo que ganó dos título de liga y la Champions, y ahora es una sinfónica donde a cualquier le gustaría jugar y hacerse hincha.

Esteban Michelena hace un par de meses nos decía que “Ya no nos queda Barcelona”, porque mucho se lo tala y nada se le siembra. Es casi ley que Pilsener quiera auspiciar al equipo más popular para estar en el top of mind de los cerveceros consumidores, pero ese oportunismo político (repartiéndose las dirigencias entre los allegados a Isidro Romero Carbo y Jaime Nebot - lo mencionaba Carlos Víctor Morales para el programa que Freddy Ehlers le heredó a sus hijos: LA TELEVISIÓN -) es como un vampiro que sólo busca desangrar. El único consuelo es que Maruri ya es cadáver político.

Más tarde voy a ir al estadio. Voy esperanzado en que Barcelona no desciende de categoría pero también voy a expresar, civilizadamente (faltaba más) mi rechazo contra la dirigencia de Maruri. Que no es lo mismo que gritar en contra de Barcelona. Aquel desconsolado borrachito de Artieda, el Rey de la Campana, esos manes sí representan a Barcelona y no Maruri.


Y ya que estamos iniciando fiestas de Guayaquil: acá escrito el poema de Fernando Artieda, y acá en youtube recitado por el autor.



Rios de gente salian de los manglares, bajaban de los cerros, rodando por el lodo, ensuciandose la ropa, perdiendo los zapatos, perdiendolo TODO, menos la firmeza de estar junto a el, en su ultima conquista, la de aquella tarde en que DIOS que se le va ajumando, y el ZAZ! que se le va levantando a la MUERTE, PARA TODA LA VIDA.


Miles y miles de sambos, cholos, negras culonas, choros, putas, poetas, asesinos, deportistas, periodiqueros, sinverguenzas, curas sableadores, contrabandistas, alcahuetes, betuneros y maricas, gentes del pueblo arrasimadas en colas largas como el destino, para tocar el CUERPO, persignarse, llorar a grito herido la huella de su ausencia. Mónica se vino desde la "Yoni" (U.S.) para contarle después de muerto: todo lo que lo había querido. Un borrachito con la botella de trago en la mano temblorosa decía: "ahora solo nos queda Barcelona, ahora solo nos queda Barcelona"

20 de abril de 2009

Noventa minutos: La dosis dominical que necesito para el resto de la semana

De Argentina con amor: La mayor ventana de la nación gaucha, en cuanto a medios y cultura, en el Ecuador, no son las novelas de Sabato, los escritos de Borges o los cuentos de Cortázar. Tampoco pienso en alguna telenovela de Telefe u otro canal, sino en Marcelo Tinelli, José María y compañía en Videomatch, transmitido en el país desde hace más de diez años hasta el día en que finalizó el programa. Cuando estaba en el colegio recuerdo que al concluir Videomatch había un show del chiste donde aparecían el gordo Larry, un panadero (o pizzero) y un bigotudo con pinta de tanguero, en traje a rayas, que solo contaba chistes machistas y finalizaba su presentación pisoteando el suelo y gritando: “Así las debemos tener. Aplastaditas, en el piso a las mujeres”.

A nivel de medios (imagino que deben seguir existiendo casos puertas adentro), esta demostración del macho a través de la fuerza, la galantería y el humillar al resto, a excepción de sus compadres, ahora únicamente podemos verla en los partidos de fútbol, y el clásico Boca Jrs. – River Plate es el mayor recordatorio de lo que es ser hombre a la antigua.

Una de la tarde, hora de Ecuador, y el partido que todo Argentina espera está a punto de empezar, pero la preli arrancó el fin de semana. En Fox Sports (el América está demás, debería ser Fox Sports Argentina) desde el viernes Fernando Miembro y compañía analizan el choque. Entrevistan al árbitro preguntándole lo que siente al ser parte de semejante evento, a los presidentes de los equipos si han hecho una apuesta entre ellos, a cracks de décadas pasadas se los interroga con cuáles fueron los mejores clásicos de sus vidas, entre otros. Pero volviendo a la una de la tarde, enciendo el televisor, desde miles de kilómetros de distancia y siento una extraña sensación, prestada pero que me agrada y por noventa minutos me arropo con ella, porque la sensación es el verdadero amor. El amor por un cuadro, una camiseta que te ha dado tantas alegrías y además te brinda la dosis necesaria de sufrimiento que uno como todo hombre necesita en la vida. Esa descarga de adrenalina, lo que nos permite no cagarnos a patadas entre compañeros de trabajo, o mantener la compostura ante cualquier actitud sospechosa de la novia. Y en un clásico la adrenalia se mete en todas partes del cuerpo. A la bombonera de Boca me la imagino como una caldera, como una olla a presión que puede explotar en cualquier momento. El detonador puede ser lo que sea. Una embarrada del árbitro, algún codazo o cualquier encontronazo entre barras. Porque a un Boca – River, imagino, por más que uno quiera no puede ir como a un evento turístico. (Todavía como suposición) uno podría ser linchado, podría terminar en la cajuela de un auto desconocido o en un tumulto donde todos pelean por el ticket en tu pantalón. Lo imagino porque uno mayormente, a través del televisor, no ve a los hinchas en un clásico acompañados de la familia. Ahí mínimo uno tiene que ir en medio de diez amigos o hermanos de equipo más altos, con cicatrices y con experiencia en más de una pelea callejera. La señora se queda en casa, los hijos también y el viejo, ahora convertido en abuelo, más hincha que uno también lo verá, aunque la mayor parte del partido sus ojos permanecerán cerrados, en algún sitio que por esos noventa minutos tendrá apariencia de geriátrico, solo que en este los abuelos putearán, beberán, se comerán las uñas y fumarán de los nervios, maldiciendo el que ya no se puedan colgar de las mallas o el tener el riesgo de sufrir un paro cardíaco en caso de que el árbitro pite una mano inexistente en el minuto 89.

Del clásico que se jugó a la una de la tarde de ayer, es verdad que está algo devaluado, pero las ganas de comerse a los rivales siguen ahí. Jóvenes desconocidos pero con la confianza de la hinchada porque desde los 13 años el equipo los arropó con su maternal ala; y glorias de años atrás que regresan al cuadro donde alguna vez juraron volver están ahí. Las estrellas del momento están en sus casas en Madrid, Barcelona, Turín o Milán viendo las acciones, hinchando al equipo donde alguna vez jugaron y también comiéndose las uñas. Y dentro de la cancha todo es atropello, reclamos, nervios, vértigo. En las gradas cantos, tomaduras de cabeza. Segundo tiempo y a Palermo lo dejan solo. Ante tal insulto manda un remate al único lugar donde el arquero vestido de rojo no podía alcanzarla. Minutos después Gallardo manda una pinturita imposible y más vistosa ante el esfuerzo del Pato. El partido terminó a uno, y sincerándome, al River tener tipejos tan viles y canallas como el muñeco Gallardo, Ahumada, Ferrari, Falcao y anteriormente haber cobijado a malhechores como el chileno Alexis Sánchez o D´Alessandro, por noventa minutos mi corazón estuvo con Boca.

Una hora después de concluido el clásico vuelvo a encender el televisor y juega el Barcelona de Guayaquil contra el Olmedo de Riobamba. Ahora soy yo el que sufro, puteo, asustó a mi tía con las palabras que se me salen, envejezco cinco años con cada cagada de los jugadores, pero al final de cuentas he recibido la dosis de sufrimiento que necesito para empezar la semana.

2 de diciembre de 2008

Como Alfonsina seguiremos ahí

Argentina tiene el tango, a Borges, Cortázar y Sabato, también el bife, el Perito Moreno y la Patagonia, buenas mujeres, alegres vinos y otro millar de anécdotas, paisajes y objetos dignos de culto que no podré conocer así me pierda en todo su interior cuando en algún rato vuelva por esas tierras. En definitiva un lugar al Sur para enamorarse. Pero en el fútbol no existe un romance con la nación gaucha, es más siempre deseo que pierda la selección contra cualquier otra nación, o que todos sus equipos (principalmente River Plate y Gimnasia de la Plata) nunca consigan un título y sean goleados por Peñarol, Sao Paulo, Colo – Colo, Barcelona y el resto de cuadros sudamericanos, europeos, asiáticos y africanos. Me alegro cada vez que Brasil le mete tres o cuatro cañazos a Abondanzieri o a Carrizo.



Explicando un poco esta xenofobia futbolera, esta no se debe a la envidia de una selección que cuando se propone, realmente juega bien, ni al carácter prepotente de algunos residentes gauchos que conozco por el Ecuador (mi padre es uno, santiagueño él, amante de la fiaca, la lectura, el vino de cartón e hincha de San Lorenzo), aunque admito que es un manjar ver como el orgullo se les va al suelo cada vez que pierden una final o son eliminados de algún torneo. Pero volviendo al tema del no disfrutar de los logros futbolísticos de la albiceleste, aunque la mitad de mi sangre lo es, el aborrecimiento se debe al carácter y personalidad de algunos de sus jugadores. No puedo creer que un canalla como Cambiasso sea convocado siempre y sea parte del alma de un equipo, tampoco mi cabeza puede entender como Heinze está ahí, además de otras actitudes de jugadores que se transmiten a la hinchada y son dignas de odio, rechazo y condena: El técnico de Boca Jrs. escupiéndole a un jugador de las Chivas del Guadalajara hace un par de años, la hinchada de Boca tirándole piedras y otros objetos a los jugadores del Cúcuta en las semifinales de la Libertadores del año pasado, Gimnasia de la Plata partiendo grotescamente a los jugadores de Colo – Colo que les estaban dando un baile en la Copa Sudamericana (por eso vos tripero puto, ahora queres ser campeón, pero vos no tenes los huevos que tiene el León). Y así hay ejemplos para todos los gustos, principalmente de racismo, para un millón de posts en un millón de blogs.

Sin embargo, aun queda un rayito de esperanza para mi relación con el balompié gaucho. Si fuera argentino, definitivamente Pincharrata de corazón, aunque a algunos hinchas les he escuchado: Pincha se nace, no se hace, pero espero que ellos acepten a un guayaquileño que desde hace algunos años se está enamorando de una institución que se negó a aceptar la imposición de doctrinas políticas en el 53, cuando los obligaron a repartir “la razón de mi vida”, escrita por Eva Perón y estuvieron dispuestos a descender de categoría por no acatar este disposición, la Bruja Verón marcando goles en el Old Trafford, la Brujita pudiendo jugar en cualquier club de Europa vuelve donde lo llama ese sentimiento y Caldera por siempre, que tiene una hinchada que hace temblar un estadio y canta hasta que la garganta de cada uno reviente, que los niños desde pequeños sienten el amor por la camiseta, que no son como Rosario que tiene muchos famosos seguidores del club como el Che, El Negro o Fito, pero Sabato es pincha desde hace más de 90 años y eso vale más que cualquier otra celebridad y lo principal, después de haber sido un equipo tan exitoso, los verdaderos pinchas estuvieron ahí por más de veinte años, esperando como Alfonsinas y el mar el regreso de un amor convertido en orgasmo que es verse campeones otra vez, un tocayo mio, El tecla es uno de sus máximos goleadores. Lo negativo: es el único cuadro argentino sin clásico, porque después del 7 - 0 con el Lobo, ya se sabe quien es el dueño de La Plata. Y ahora, después de 30 años vuelven una final internacional. Con ese sentimiento Pincha, no me importa que Barcelona (mi equipo de Ecuador y de infancia hasta la vejez) tenga que esperar un año más para llegar a lo más alto otra vez.

En un mundo donde magnates petroleros y primer ministros asiáticos compran clubes de fútbol para satisfacción personal, mercantilizando la pasión, ser hincha canario y que te guste el león es un lujo por partida doble.

1 de octubre de 2008

Durante el invierno

Enciendo el televisor y saltan ante mí imágenes de las pinturas de Carlos Alonso, hombres y mujeres desgarrados, sin esperanza, sin dignidad y conciencia, flagelados por sus propios actos o las consecuencias de los cometidos por otros. En ese momento recuerdo a los ciegos, ciegos inventados por Saramago que recorren una ciudad convertida en ruinas, casi animales, sin rumbo, sin las emociones que le daban sus ojos, sin nombres porque eso ya no importa. “Ciegos que ven, ciegos que viendo no ven, porque no quieren ver”, como decía la única persona con ojos útiles de ese mundo babieco, antropófago y escarnecido que podemos distinguir los que aún no hemos sido víctimas de ese mar de leche, de esa ceguera blanca.

Ciegos con un corazón vejado, ciego expoliados de su vida, de su futuro. Ciegos que traen a mi memoria la Guernica de Picasso. Guernica de Picasso que a nosotros nos enceguece, como dice Palau, nos aturde y no quiere ser contemplada, quiere ser participe de la historia. Palau que hasta ahora tan solo era la primera calle que pisé en Barcelona, la que me conducía desde Las Ramblas hacia el Barrio Gótico, la que camine aquella soleada mañana de febrero del dos mil ocho, sin saber que al mismo tiempo, ese día veintitrés, Palau dejaba de existir, dejaba de sentir el arte, dejaba de interrogarnos. Palau en ese instante en que moría, para mí recién cobraba vida y dejaba, en mi memoria, de ser un montón de adoquines en una ciudad tan radiante como Barcelona.

Guernica de Picasso que recuerda una barbarie, barbarie con el consentimiento del caudillo Franco. Guernica de Picasso que presenta una victoria del espíritu sobre la materialidad de los poderes fácticos, un símbolo de destrucción, una muestra de realidad y representación de la tragedia, un recuerdo de que todo lo que amamos morirá como decía Michael Leiris. Destrucción que no la he vivido, destrucción de la que no puedo ser empático, destrucción que me recuerda a los ciegos de Saramago y sus más bajos instintos. Destrucción que son como esos objetos que he leído pero nunca los he visto, objetos que solo conozco por nombres: zapador, plañidera, noria, cazo, palangana, zaguán, linfa, calcañar, que sólo son algunos que recuerdo.

Guernica de Picasso que nos recuerda a García Lorca, García Lorca que nos recuerda a los desaparecidos de la Guerra Civil española, García Lorca sin tumba, sepultado en el barranco de Viznar, víctima también de la destrucción. Viznar que pertenece a Andalucía, Andalucía que recorrí: Córdoba, Granada, Sevilla, Huelva, el río tinto y el Moguer de Juan Ramón Jiménez, la Málaga de Picasso. García Lorca que también es un Guernica, García Lorca grande como Picasso. Picasso que tiene una torre con su nombre en Madrid, Madrid que la camine como nos enseño Fito, por El Retiro que en Madrid hacía un rico frío, andando por Castellana que abrigaba el cielo y la mañana. Fito Páez que en Madrid se juntó con Sabina. Sabina que canta Yo me bajo en Atocha. Atocha que también es un Guernica. Atocha que lo recorrí después del horror de aquel once marzo del dos mil tres y me llevó a Toledo. Toledo que fue la última fortaleza de Franco. Franco que con su terror hizo posible el Guernica de Picasso.
Guernica de Picasso y canciones de Fito y Sabina que nunca podré realizar, entonces por el momento palabras, palabras que no lisonjean pero están ahí, palabras que son la vividas, palabras que se unen con otras para formar sinestesia. Palabras que por ahora son escritas por un ciego que ve, ciego que viendo no ve, porque no quiere ver.


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