22 de septiembre de 2009

"La historia es una puta" (¿eso lo dijo Perón o Tomás Eloy Martínez?)

Lo poco que sé de Perón lo he aprendido de la literatura: El cuento Casa tomada de Julio Cortázar habla del languidecimiento cultural de Argentina con su llegada al poder (al Gran Cronopio no le caía bien el General). Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato se sitúa en la revolución que derrocó al General, y con la muerte de los Vidal Olmos nos cuenta como la historia argentina (llena de esplendor) también muere (a Sábato le caía bien Evita pero no Perón). Además sé que su esposa fue casi una santa y después, al igual que él, más que una leyenda, un prócer, una figura pop (que Madonna interpretó) que todo el mundo utiliza a su antojo. Por eso no es tan difícil comprender que Macri (y compañía) y los Kirchner son Peronistas (Justicialistas). A mi tía tampoco le gusta Perón y al igual que lo que piensan Cortázar y Sábato: no sé si eso sea algo bueno o malo.

“Como no la voy a tener. Una excelente obra”, “un clásico argentino” fueron algunas de las respuestas de los libreros, mientras recorría la calle Corrientes, cuando les preguntaba si tenían La novela de Perón de Tomás Eloy Martínez (quien la escribió después de investigar por cerca de diez años la infinidad de documentos, entrevistas y declaraciones que Perón le hizo a él y otros periodistas; y después que el secretario del General le entregara unas memorias, supuestamente, escritas por su jefe), ante la petición de llevársela que me hizo mi viejo. Así que no fue difícil comprarla y ahí la tengo, pero recién en las últimas semanas, por curiosidad, la leí y puedo decir que es una de las mejores biografías que he tenido en mis manos. Sin embargo ahora entiendo menos a Perón y su legado. Cada vez que leo algo sobre él nuevas cosas salen a la luz y atar cabos me es cada vez más difícil. Pero volviendo a lo que vale, lo que me hizo disfrutarla está: 1) que como toda buena historia que trata de alguien que sí existió, empieza o tiene de premisa un punto en particular de su vida. Así como en el documental de Martin Scorsesse, No Direction home, el clímax está en el concierto que Bob Dylan dio en Inglaterra, La novela de Perón se concentra en el regreso del General a Ezeiza el 20 de junio de 1973. 2) Porque Tomás Eloy Martínez mezcla brillantemente ficción con realidad y no deja nada suelto. Uno no sabe donde acaba lo que en realidad pasó y comienzan los supuestos (utilizando un reportaje de la revista Horizonte separa los pasajes que se cuentan en los libros de historia y por otra parte utiliza las memorias - entregadas por el secretario - personales para mostrar un Perón más humano). Como en JFK de Oliver Stone; 3) además que en la novela, mientras se relata la escritura de aquellas memorias, se puede ver a un hombre común que juega con sus perras y carece de sentimientos, y no al prócer que inspira tanto; y todas las versiones resumen el camino vivido por un tipo que quería serlo todo y agradarles a todos a la vez. Ahí está la historia de Argentina durante 20 años. 4) Porque varios de los personajes, como Nun Antezana (el que secuestro a Aramburú y lo ejecutó – relato digno de otro libro o de una gran película -), Doña Luisa (embarazada a sus 60 años) y el periodista Zamora, son ficción, pero parecen más reales que Perón y caen mucho mejor; 5) también porque el autor no mancha el relato enjuiciando a Perón sino que, despedazándola en infinitas versiones, te da la verdad tal como es y el lector es el que decide; y 5) porque gran parte de la historia, sobre todo la íntima (la que relata el pasado y presente de un secretario brujo, la convivencia del General con una muerta que, habitando el altillo de la quinta, a veces sopla y cambia el ambiente de la casa, o sus sueños en el Polo Sur), parece sacada del realismo mágico y como gran parte de lo que sucede en América eso hace a la historia más verdadera y perenne de lo que en realidad fue.




Hombre no parecía. Perón era un autómata, un golem, lo que los japoneses llaman un bunraku. Varias veces lo vi distraído. Eso no le ha pasado a casi nadie: ver distraído a Perón. Quedaba desenmascarado. Era una figura vacía, sin alma. Luego, al volver en sí, se iba llenando con los sentimientos y los deseos de los demás, con las necesidades. Usted salía en busca de un caballo y ya Perón se lo traía ensillado. Encontraba un refugio en la nieve y él lo esperaba dentro. Distraído, no se le veía odio ni tristeza ni felicidad ni cansancio ni entusiasmo. Se le notaba el vacío. Atento, entonces sí: los sentimientos de los otros se reflejaban en él, como si en vez de cuerpo tuviera espejo.

Trató de imaginar donde estaría el puente al cual iban a llevarlo para que arengase a la multitud. López le había contado que casi un millón de personas lo esperaba. Familias completas estaban abandonando sus casas sin trancar la puerta, como si aquello fuera el fin del mundo. Un cantante famoso, que aún recorría las carreteras para dar ánimo a los peregrinos, se había exaltado al recordarlo: «¡Un rayo misterioso nos ilumina! ¡Esta es la fe que mueve las montañas! ¡Dios está con nosotros! ¡Dios es argentino!»


(Sobre Diana Bronstein) Desde entonces, no permitió que ningún hombre la eligiera. Los elegía ella, en las fábricas de tejido y en las enlatadoras de dulces, donde se infiltraba para adoctrinar a los obreros. Desnuda, en la cama, iba leyéndoles con paciencia los manuales de Martha Harnecker y los diarios del Che, los inclinaba tiernamente sobre las biografías de Trotski y de Rosa Luxemburgo, y los ayudaba luego a descubrir las novedades del placer con una paciencia que siempre los sorprendía. «La revolución del cuerpo no tiene por qué oponerse a la revolución de los pueblos. Si a los pobres se nos niega todo, ¿por qué también negarnos el placer?», solía repetirse, para disculpar el enloquecimiento de sus orgasmos.

Nada iba a desunirlos desde entonces. Cámpora estimulaba los amores clandestinos del coronel con Evita, y ella, en reconocimiento, decidió adoptarlo. Mi damo de compañía, lo llamaba. A mediados de 1948, Eva lo impuso como presidente de la Cámara de Diputados. ¿No será demasiado, señora?, se inquietó él. Usted no piense, Cámpora: obedezca. Y Cámpora , sumiso, la seguía a todas partes.


Que me dejaran sin ejército, en cambio, me dolió mucho: era como si la familia me hubiese abandonado. Y enseguida pensé: soy como la Argentina, también yo tengo destino de desierto. Pretenden condenarme a la inexistencia, a la vaciedad, a la llanura sin nadie. Que no me llame, que no tenga pasado, que viva sin raíces.

(Sobre el entrenamiento de Lito Coba a Arcángelo Gobbi) Cada vez que sentía los músculos desgarrándose, le cambiaban el dolor de lugar con una picana eléctrica: en la encías, en las ingles, en las tetillas. Querían que fuese reconociendo en su propio cuerpo el lenguaje que más tarde oiría en las víctimas.

Y ya es junio 18. En pocas horas dejaré todo esto. Amanece. Al menos me consuela saber que lo vivido aquí, aquí se queda. Que los recuerdos no los pudre el tiempo. Uno puede llevarlos de un lado a otro, bajo los pies, abrazados en el fondo del cuerpo. ¿Se podrá hacer lo mismo con los lugares? ¿Qué le parece, López? Mirar por la ventana en Buenos Aires y tener a Madrid del otro lado: el clima fresco y seco, los palomares, las perritas saltando bajo los álamos. ¡Ah, entonces otro sería el cantar!


El 1º de junio, como a las cuatro de la madrugada, nos retiramos a deliberar. Éramos seis y queríamos que, aún tratándose de Aramburu, funcionara la justicia. Fernando Abal Medina leyó los cargos. Yo [Nun Antezana] asumí la defensa. Separé la moral de la política. Argumenté que los crímenes de aquel hombre databan de hacía ya mucho tiempo y que podíamos encontrar alguna forma de perdón. Poco antes de que amaneciera, cada uno de nosotros escribió su sentencia en un papel. Seis veces leí: muerte.

Obsérvenla - indica el General -. Vean esos ojos. Ocupan casi toda la cabeza. Son ojos muy extraños, de cuatro mil facetas. Cada uno de esos ojos ve cuatro mil pedazos diferentes de la realidad. A mi abuela Dominga le impresionaban mucho. Juan, me decía: ¿Qué ve una mosca? ¿Ve cuatro mil verdades, o una verdad partida en cuatro mil pedazos? Y yo nunca sabía que contestarle…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

WOW! quiero conseguir el libro a la velocidad de un rayo...
Que blog tan fantastico! F E L I C I T A C I O N E S!!!Yo siempre estuve curiosa de conocer mas sobre la tierra que pario al Che.
Cada vez que trato de entablar una conversacion sobre el Che aqui en Toronto con personas de varias provincias de Argentina, la respuesta es cambiar de conversacion o un look que parece que ya cruzaste por una puerta de vidrio sin darte cuenta que estaba alli. Y esto viene en su mayoria de personas que en mi pais de origen: Ecuador, seriamos considerados pueblo como panaderos propietarios de sus panaderias de barrio, dependientes de almacen, camioneros, choferes de omnibus, peor si se trata de profesionales como psicologos, periodistas o profesores. Entonces yo decidi que todos tienen cierto temor de hablar de politica o que simplemente no les interesa el asunto. Me gustaria saber tu comentario
Yo estaba feilz que la sra Fernandez de K...sea la presidenta, un poco ordinaria en su desemboltura pero presidenta de un pais de tantos millones?
Con mucha espectativa espero tu siguiente blog. Es la primera vez que te leo y fue una sorprendente experiencia
Saludos
Cathy

Raul Farias dijo...

Cathy: Gracias por el comentario. Buena onda en el mismo. Me gusto el entusiasmo. La verdad que, aunque mi padre es argentino, no soy alguien que podria hablar mucho de política argentina porque la desconozco y es mucho más enredada de lo que parece. Y sabes que concuerdo y discrepo contigo a la vez porque hace un par de meses estuve 2 meses en Argentina y por varias provincias y conocia gente que detestaba la política y no hablaba de ella para nada pero otro tanto que de lo único que me hablaba era de política. Por ejemplo conocí tanta gente joven que queria dedicarse a su vida tranquila y otro tanto de gente joven que estaba metida en algun partido politico de su facultad.

Y de ahí, la novela es excelente. Te deja picado. Con ganas de comprarte más libros. Y las lecciones que aprendes son que no hay una verdad única y que la linea que separa realidad con realismo mágico es mínima (sobre todo si es en política).

Saludos...