19 de septiembre de 2009

Sujetos peligrosos

Durante el mundial de Alemania 2006 quería que Francia levante la Copa. El sueño se esfumó con el cabezazo de Zidane a Materazzi. Muchos todavía no pueden comprenderlo. Me quedo con la explicación de Juan Pablo Meneses: “… la actitud fue más que entendible: patear un penal, en una final del mundo y de esa manera, sólo lo hace alguien que ya lo ganó todo y haga lo que haga, sigue con la pelota en los pies y todo el equipo descansando en su trabajo. Un fuera de serie que, cansado de todos los insultos y patadas y escupitajos que recibió en su carrera, tumbó a un rival que simbolizaba a los miles de defensores que le jugaron sucio por años y por el sólo hecho de verse ridiculizados al lado de él ¿Cuántos quisieran -y no pueden- permitirse esos caprichos en su despedida mundial? El actual mejor jugador del mundo se retiró permitiéndose dos grandes gustos personales. Un fuera de molde. Chau, Zizou”.



El 14 de diciembre del año pasado, durante una conferencia conjunta del Primer ministro iraquí, Nuri al Maliqui y el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, mientras estos bromeaban, se prometían cenas y esbozaban sonrisas en la cara, el periodista iraquí de 29 años, Muntazer Al Zaidi, quien siempre cerraba sus coberturas con la frase desde el “ocupado Bagdad” y que pospuso su boda hasta que se retiren las tropas norteamericanas del país, repasaba el inventario de los logros de la invasión norteamericana a Iraq con “más de un millón [de] asesinados, la destrucción y humillación de las mezquitas, violaciones contra mujeres iraquíes, ataques contra los iraquíes cada día y cada hora…”; hasta que no aguantó más y le lanzó uno de sus zapatos a Bush diciéndole: “este es el beso de despedida del pueblo iraquí, perro” y enseguida también le arrojó su otro zapato gritándole: “esto es por las viudas y por los huérfanos y por todos los asesinados en Iraq” (ambas acciones son consideradas ofensas graves). Días atrás salió el reportero de prisión tras nueve meses en la cárcel.

Desde el zapatazo Al Zairi se ha convertido en una celebridad, sobre todo en el mundo árabe. Jeques le han ofrecido sus hijas para que las despose, en Libia le otorgaron la orden del coraje, Hezbolá lo considera un héroe, cadenas de televisión de Egipto y Líbano se pelean por tenerlo entre su nómina, y los ciudadanos comunes, los que más han sufrido con la invasión norteamericana a Iraq, lo ven como alguien que pudo hacer lo que el resto no se atrevió. Mostrarle a Bush y su política lo que muchos piensan de ella. Seguramente Al Zaidi no lanzó el zapato para volverse famoso, sino que este fue un acto producto de la desesperación y la frustación que él vive a diario en Iraq. Desesperación y frustración parecida a la de Pánfilo, aquel borrachito cubano que pide jama y que aparece en un video que circula en Youtube. Los actos de ambos están más del lado de lo que hizo Zidane durante la final en Berlín. No querían ser héroes. Lo único que pedían era justicia. Pero de verdad que, en lenguaje macho - social - cristiano, hay que tener huevos para hacer algo así. Sabiendo que a los dos (a diferencia de Zizou) les esperaba la cárcel. Para las autoridades eran sujetos peligrosos que mostraron lo que no debían.




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