
El mundillo, real y ficticio, en el que uno se ha mezclado es lo que rodea a la novela. Recuerdo a primera mano la frase con la que empieza Juno: It all started with a chair, porque acá también la historia pasa a partir de un evento determinado, personal, que nada tiene que ver con acontecimientos históricos, sino sólo aquellos que marcaron, tatuaron o desmembraron parte de una vida, todo con un aire indie, relajado, coolto. También recuerdo la frase de Peter Parker, y que JFA la utilizó para uno de sus posts: esta, como cualquier historia que valga la pena contar, es sobre una chica, porque ahí aparece Clara, que es parte del universo en el que Miguel, el protagonista (graduado de la USFQ, la u más costosa del país), ha vivido pero nunca ha querido probar. Y la sensación puede ser bastante amarga. El costo de estar cerca de la perfección.
JFA en su blog escribió que después de no haber muerto en el intento de llevar a cabo su obra, se dio cuenta que al final no hay que creer que uno está publicando la última gran novela latinoamericana; y es verdad, si uno va con aires de grandeza esperando encontrar algo del estilo Ulyses de Joyce o Cien años de soledad (la mejor manera de resumir el universo es escribiendo acerca de la propia aldea), va a salir perdiendo con HD; pero los que hemos visitado los posts del pescado, y no lo hemos agarrado como a un maestro, sino como a un pana a la distancia, que por ahí nos mostró buena música, buenas películas (materia prima para varios de los diálogos de HD y algunas de las frases que deberían aparecer en un bizarro texto de citas) y buenos libros, entramos a una historia que para bien o para mal, en parte, nos ha sucedido, y que por suerte, como Miguel, estamos siempre en proceso de superarlo sin morir en el intento.
Esos pijamas ausentes me unían a mi madre más que otras cosas. Nunca compré los famosos pijamas térmicos. Preferí escuchar, diez millones de veces, que me iba a enfermar y que no hay nada peor que enfermarse cuando uno está solo. La profecía se cumplió. Estuve enfermo. Estuve solo.
Clara es, definitivamente, material de paja.
El mundo es la planta baja, por donde paso sólo por obligación, el ascensor son las cosas que hago y el apartamento es mi cabeza, donde paso la mayor parte del tiempo. Tal cual.
Un día llegó a mi casa con un aparentemente inofensivo six pack y se quedó una semana entera. La misma semana que yo debía empezar la universidad. No fui a clases ni un solo día.
Creo que mi viejo está convencido de que soy maricón y de que Castor es mi marido… A veces me dan ganas de decirle que es verdad, que soy maricón, menestra, gay. Se me ocurre que mi viejo me daría un montón de billete para que desapareciera. Me podría borrar. Irme a cualquier parte del mundo con beca completa, darme una gran y anónima vida. La gente, envidiosa, me preguntaría que hago para vivir tan bien y yo, orgulloso diría: me dedico a ser la vergüenza de mi familia.
Como los perros con pedigrí, las peladas como Clara siempre tienen dueño, siempre están amarradas, en proceso de, en una pelea que no durará mucho, evaluando pretendientes o matando el tiempo libre con algún comodín que las distraiga hasta que vuelvan, con su arma entre las piernas, a lamer la mano que los golpea y les pide comida.
No me voy a echar para atrás, pero el cuerpo de Clara no está listo para mí todavía. Debe ser duro. Ahí dentro está el vacío.
La ventaja de ser extranjero es poder quejarse de todo y no tener la culpa de nada.
Para mi viejo, el éxito se demuestra a la europea: el carro alemán, los restaurantes franceses, los zapatos y las corbatas italianas, el traje inglés y el reloj suizo. Por lo pronto el man tiene el Mercedes y el Rolex.
…Me hace pensar que las mujeres perfectas son un invento de los hombres imperfectos que no pueden conseguir mujeres imperfectas.
Me quería morir tomando y escuchando los Strokes, para que nunca te olvidaras de mí.
Atravieso La Carolina que está repleta de gente, obreros quemando sus quincenas, desempleados que brillan en las canchas porque en la vida no se brilla tanto, novios besándose debajo de los árboles.
Uno quiere ser otro, pero no siempre, lo suficiente como para existir dos veces. Uno no es siempre uno. Nadie es, siempre, alguien. Uno a veces es nadie, no existe, no importa, podría desaparecer y el resto seguiría tranquilo…
A menudo sueño que el tiempo se detiene y no tengo que hacer nada. En esta vida todos tenemos que hacer algo, que ser alguien, está en el contrato, escrito con las letras chiquitas que nunca leemos y que están allí para estafarnos.
Si le cuentas algo a un taxista es como si lo estuvieses contando a un agujero profundo en el muro de los lamentos, un grieta que nunca, jamás, te va a delatar.
Los comienzos son difíciles, a menudo más complicado y absurdo que los finales.


















