25 de diciembre de 2009

Quince cuentos de Caicedo

Los cuentos inéditos de Andrés Caicedo, que se presentan en el libro Calicalabozo, no son la típica historia del baúl, cofre, cajón, oportunamente encontrado por alguna segunda esposa, hija o amante de un escritor consagrado. Tan de moda ahora como la colección que está pronta a publicarse de los escritos encontrados en la villa que tenía Hemingway en Finca Vigía, Cuba; o los Papeles inesperados de Julio Cortázar (El Cronopio no ha muerto) que ahora son un best-seller publicados por Alfaguara.



Porque gran parte de lo que escribió Andrés Caicedo vio la luz después de su muerte (a los 25 años). Claro que sin mencionar sus artículos de cine, guiones, piezas teatrales, su excelente novela ¡Que viva la música! (la sigo escribiendo en cursivas porque así se la debe escribir) y varios cuentos, su obra permanecía en obesos folios, que no reventaban por las cintas elásticas, anónima, hasta que Sandro Romero Rey y Luis Ospina empezaron a desenterrarla, como una necesidad generacional (él que supo descifrar tan pronto a su generación), en sus propias palabras (aunque Caicedo es un autor que los jóvenes no lo leen en clases de literatura o los padres lo obsequian como regalo de navidad o cumpleaños, sino que sus palabras, sus líneas son devoradas en los ratos de oscuridad, de soledad).

Y al final el escritor caleño es un escritor juvenil, alguien que siempre se resistió a crecer, que desde los 14 años empezó a escribir como desquiciado, sin freno hasta que su cabeza reventó. Poniendo en medio siempre a Cali, con sus calles, su gente, su clima tropical, su pasado, su presente, su futuro, sus jóvenes; y volviendo a los mismo temas, sus tormentos, sus obsesiones (que terminan en personajes convertidos en caníbales, mujeres devoradoras de hombres, vampiros y otros seres que no habitan a la luz del día con el resto de gente común), el rock, Los Rolling Stones, la salsa, Ray Barreto, la literatura no convencional (lejos de García Márquez, quien se dice que los asesinó porque él, Andrés, no se sentía dentro de los convencionalismos), Edgar Allan Poe, el cine y el mundo underground, completando no un sinnúmero de obras, sino una sola, fraccionada, redactada en diferentes momentos, pero que en el fondo transmiten el mismo feeling, el mismo delirio y después la calma o al menos el final apocalíptico (que es The end, my friends), donde las luces se apagan y los créditos no corren porque la sala empieza a incendiarse.

Hacer una lista de mis favoritos de los quince cuentos, que contiene la obra de Calicalabozo, resulta algo innecesario, son diferentes mundos donde habitan los mismos personajes; sin embargo no puedo sacarme de la cabeza a Lalita Das Ríos que sigue esperando que Cali otra vez se convierta en la meca del cine y los grandes estudios vuelvan a filmar allá; ni a la asesina de Graciela, enamorada del italiano. Personajes, así como muchos dicen que María del Carmen Huerta, Miguel y Angelita deambulan por las calles, que están vivos. Al menos en mi mente, mientras estoy solo, escuchando a los Stones y con algún vaso lleno de whisky y dos dados de hielo. ¡Hay fuego en el 23!

Del cuento Infección:

Cali a estas horas es una ciudad extraña. Por eso es que digo esto. Por ser Cali y por ser extraña, y por ser a pesar de todo una ciudad ramera.

No sé, pero para mí lo peor de este mundo es el sentimiento de impotencia. Darse cuenta uno que todo lo que hace no sirve para nada. Estar uno convencido de que hace algo importante, mientras hay cosas más importantes por hacer, para darse cuenta que se sigue en el mismo estado, que no se gana nada, que no se avanza terreno, que estanca, que se patina. Rrrrrr… No poder uno multiplicar talentos, estar uno convencido de que está en este mundo haciendo un papel de estúpido, para mirar a Dios todos los días sin hacerle caso.
Del cuento Vacío:
Me hubiera gustado treparme al techo, caminar hasta su cuarto y despertarla de un beso en la mejilla, juntarle mi cara, respirarle en las orejas, preguntarle por mí, que si me había pensado mucho. Me hubiera gustado eso.
Del cuento Besacalles:

Pero yo no quise pensar en nada, pues todo iba muy bien y muy rico hasta que él metió la mano debajo de mi falda sin que yo pudiera evitarlo. Entonces quedó paralizado. Pero antes de que yo reaccionara me levantó agarrándome de los hombres y me arrancó la blusa y sacó los papeles y los algodones gritando que su vida era la vida más puta de todas las vidas, y dándome patadas en los testículos y en la cabeza hasta que se cansó. Cuando se fue, no sé si estaba llorando o se estaba riendo a carcajadas.
Del cuento El espectador:

Es triste estar sentado sin nadie alrededor, pero si no voy a cine ¿qué otra cosa me pongo a hacer, después de todo? Muchas veces, un lunes, he pensado en salirme del teatro, cuando junto a mí no hay sino dos o tres personas de mirada amarga. Pero un día de estos voy a salir a la ciudad a buscar a la gente que yo sé le gusta el cine…
Del cuento Felices amistades:
Para mí era un perfecto y divertidísimo cínico, pero si ella fue la que lo mató debe tener razón en cuanto a que era tímido ¿no?

…Y me apreté la mano y me repita una vez más que tuvo que matar a Angelita porque ya se estaba metiendo demasiado conmigo, y yo le digo que no me tiene por qué pedir disculpas, que la vida es así y que si ella lo hizo pues está bien hecho.
Del cuento ¿Lulita que no quiere abrir la puerta?:
En lo primero que pienso es en Lulita. Porque nunca sueño con ella. Al principio me extrañaba, pero qué. Quién va a soñar con ella sino corta flores con Anjanette Comer, viaja en el mismo asiento de la máquina del tiempo con Tuesday Weld, cae, cae en un pozo sin fondo cogido de la mano de Lee Remick. Que tal la onda. Lulita existe de día. Yo existo de noche y de día.
Del cuento Patricialinda:
Pobre Gutiérrez. Pobre papá Patricio que lo cogieron los liberales en un día de sol y después de hacerlo camina dos días enteros por lomas y montañas lo volvieron mierda: lo metieron en un costal con un gallo y un perro, y lo tiraron al río Cauca.

Del cuento Calibanismo:
…cómo hubiera escrito Poe si hubiera conocido el cine, eso es lo que me pregunto yo, qué cosas hubiera escrito, digo, después de que ha entrado a una sala a la que después de una señal se le apagan las luces y entonces uno entra en ese sueño, en ese viaje colectivo de búsqueda de recuerdos que es el cine.
Del cuento Los dientes de caperucita:
…y sin vacilar le lambe el sexo entonces es cuando él los siente entonces fue cuando sentí aquel ronquido que no sé de qué parte del cuerpo le salí un ronquido cómo de perra como de hiena te digo y aquel brillo en los ojos y el mordisco el mordisco y Eduardo que es consciente de la magnitud de su berrido tuvo que oírme el mayordomo y de sus patadas ella tiene ahora un pedazo de carne en la boca Eduardo la ve mascar y relamerse y de pronto una sonrisa carne y sangre y pelos pidiendo más comida Eduardo se lleva las manos al sexo y se pone a llorar diciendo mamá.

Del cuento Los mensajeros:
…les digo que aquí donde yo estoy acostada mirando al cielo se alzaba hermosa y radiante, un día, la Fuente de los Bomberos, donde Caroly O´Connor se bañó desnuda un 27 de julio a las doce de la mañana y de allí en adelante todas las mujeres de Cali siguieron haciendo lo mismo…

Porque en Cali todo el mundo está dispuesto nada más a que lo amen, eso lo sabe todo el mundo…

4 comentarios:

Raul Farias dijo...

Gracias por pasar por el sitio... de Caicedo te recomiendo ¡Que viva la música! Y buena onda que sigas el blog, yo ya me voy a dar una vuelta por el tuyo

Saludos

Arturo Cervantes dijo...

Agradezco a Zeus por haberme topado, hace más de un año, con los libros de Caicedo. Cada vez encuentro más gente que lo lee, y gran parte de la "culpa" la tiene el escritor chileno Alberto Fuguet, obsesionado por todo este mundo "caicediano" y quien revivió a ese ser, hasta entonces, desconocido.

Raul Farias dijo...

Arturo:

Lástima que más pelado no tuve a nadie que me recomedara a Caicedo pero no es muy tarde. Por suerte en el colegio leí Catcher in the rye y todo se volvió más vivible. Sabes que de Fuguet no he leído ningún libro, aunque su blog lo visito siempre, pero ando con muchas ganas de leer Missing (su nuevo libro).

Y por cierto felicitaciones por la crónica de Soho. Hay que seguir descubriendo es Gkill underground

Saludos

Alberto Mario Carlos dijo...

Me gustó mucho este libro de Caicedo; tiene un estilo salvaje, "pesimista" que me atrae mucho. Tal vez si tengo que elegir un cuento me decanto por "Vacío", gran relato, perturbador y surrealista-