20 de septiembre de 2008

Sobredosis

En los dos meses que llevo viviendo en Cuenca, la propaganda electoral para el referéndum sobre el proyecto de Constitución ecuatoriana es casi nula. Se ven algunas camionetas con fotos de Lucio Gutiérrez y con altavoces que dicen No al aborto, No al alza de precios; en el parque Calderón cuelga un letrero, como de heladería, que dice Si, pero en el resto de calles, nada más que llame la atención. Muy aparte de lo que leo en los diarios a través del internet, o veo en los noticieros y la constante propaganda gubernamental, la única dosis de política que he tenido en esta ciudad fue la semana que pasó, en el teatro del Banco Central, donde asistí a una presentación de Carlos Michelena (ese mismo, el toque del Miche), todo sea por apoyar a la Liga de Cuenca con sus problemas financieros. El Miche se vistió de juglar, habló como juglar y se comportó como juglar. Se disfrazó del presidente Correa, pidió plata como Abdala y cantó música protesta. Al final dio un consejo, sobre el voto, a todos y unos posters de caricaturas de los últimos presidentes ecuatorianos. En una ciudad inclinada a la izquierda y al ser el Miche un hombre de la misma dirección, sus palabras fueron apreciadas.

Con esas palabras y algunas risas que deje flotando en el frio ambiente cuencano, me dirigí a lo que por ahora llamo mi casa, satisfecho de la glotonería cómica, pensando en que al día siguiente cuatro horas de trémulo viaje me esperaban para llegar a Guayaquil. Fueron casi cinco de tembloroso aburrimiento, pero al fin ya asomaba el manso Guayas. Me recibió con un cartel gigante de fondo blanco y escrito En Guayaquil decimos No. Así comienza esta travesía por el lugar que me vio nacer y que aun me parece tan familiar, aunque con muchos cambios en su atmósfera.

Es medio día de sábado, el sol en su cenit, y decido con una amiga ir a comer al malecón del salado esos mariscos que tanto extraño. Tomo el bus que me deja más cerca de destino y recorrido un par de metros, leo un letrero en la ciudadela alborada que reza Regeneración urbana: Una obra más de Nebot. Ni dos minutos y en la misma calle otro cartel avisa, NO mientras Juan Pueblo se desgarra la camisa. Un par de metros más y observo como los autos exclaman en sus vidrios: No al aborto; Soy pelucón y qué; Yo voto por el Sí, porque el pasado ya lo viví y otras perlas que ahora no recuerdo. El chofer entretenido escuchando Juanito Alimaña, Soy el cantante y otros clásicos de la salsa, se ve interrumpido por la cadena del Ministerio de Educación que nos explica que es el buen vivir, el as del volante, por supuesto, trata de cambiar la emisora y no verse impedido de su diversión, pero se resigna ante lo imposible, y en el mismo instante, en el centro comercial San Marino, unas jóvenes, presuntamente estudiantes universitarias, con gafas Gucci o DKNY, con globos en las manos nos gritan: VOTE NO, PITE SI VA A VOTAR NO, etc. Creía que por la Universidad Estatal de Guayaquil me venía lo peor, imaginaba caravanas, protestas y otros populismos disfrazados de proselitismo, pero por suerte solo me encuentro con una pancarta bramando en la afueras de una facultad. Nosotros estamos con el Sí. Después de tanta locura, al llegar, a duras penas disfruto mis camarones y no me dan ganas de salir más.

Esquirlas sobre el recorrido: Francamente, no me sorprendió esta actitud súper política del puerto principal, después de ver el sinnúmero de mensajes en mi correo electrónico de amigos y sus nicks en el MSN. Mis únicas preocupaciones o diferencias con las personas que van por el No, es que no proponen ningún cambio o propuesta. Así: ¿A quién pretenden convencer? Con ese individualismo de: por un lado autonomistas, por otro conservadores, por otro estudiantes; profesores por el Si solo por un articulo que los beneficia, religiosos por el No porque solo velan por sus intereses, etc. Nadie se ha preocupado por establecer consensos y nuevas reglas de juego. En mi estadía en Guayaquil, solo recibí una sobredosis de intereses y algo de inconformismo, pero nada de cambio.

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