27 de septiembre de 2008

Haití, Napoleón y la expansión de los Estados Unidos de América

Max de Rob gentilmente me envió este post para que lo publique en el blog. Lo de gentil está de más después de leerlo. No es cortesía ni amabilidad hacia alguien que tiene la paciencia de leer mis publicaciones. Simplemente es un escrito que vale la pena añadir por su contenido.

Saludos Max y espero seguir en contacto. Respecto a las elecciones que tenemos acá en Ecuador, gracias por tu diplomacia de no querer vaticinar un resultado, pero te cuento que seguramente estamos por la misma opción, la única diferencia es que yo soy un decepcionado que siente que se va una oportunidad de cambio.

Haití, Napoleón y la expansión de los Estados Unidos de América.

por: Max de Rob

Los Estados Unidos nacieron a la vida plenos de vigor. Al finalizar la guerra de Independencia de las Trece Colonias entre norteamericanos y británicos en 1783, los anglosajones se asomaron a los picos de las montañas Apalaches y observaron con ambición la extensa planicie que se ofrecía ante su vista. La conquista del oeste hasta el lejano Pacífico era para ellos casi un mandato de la Naturaleza -- o de Dios-- que hizo al norteamericano fuerte, fecundo y emprendedor 1.

Mediante la Paz de París, firmada con los ingleses en 1783 al término de la guerra, los Estados Unidos habían obtenido el derecho a expansionarse hasta el gran río Mississippi; misión que cumplieron arrasando con las tribus indias que poblaban esas regiones desde tiempos inmemoriales. El siguiente obstáculo en su camino sería el vasto territorio de la Louisiana –nombrada así en honor de Luis XIV--, que España había recibido en 1762 como un regalo del mediocre rey Luis XV de Francia
(le Bien-Aimé) a su primo Carlos III. En ese tiempo la Louisiana se extendía desde la ciudad de Nueva Orleans en el Golfo de México, a lo largo y ancho del río Mississippi, hasta los Grandes Lagos en Canadá. Una superficie ocupada actualmente por quince Estados de la Unión 2. Más allá de la Louisiana estaban las ricas posesiones españolas del Virreinato de México, que medio siglo más tarde serían arrebatadas a los mexicanos. Para bien de ellas.

Al finalizar la década de 1790 Bonaparte, instigado por Talleyrand, concibió el ambicioso plan de restaurar el imperio colonial francés en América. España, bajo la fuerte influencia del Primer Cónsul, debía proporcionar los principales medios. Napoleón se proponía obtener la parte española de la isla de Santo Domingo, las dos Floridas 3 y la devolución de la Louisiana. Carlos IV recibiria, a cambio, compensaciones en Italia . Bonaparte pagaba con tierras ajenas. Talleyrand insistió ante los españoles sobre el peligro representado para ellos por el avance de los “frontier men” norteamericanos hacia el oeste. España no podría resistir a su poderoso empuje. El Virreinato de México correría grave riesgo. La Louisiana, si estuviera ocupada por tropas napoleónicas, se constituiría en un escudo para la protección del resto de las posesiones españolas. Carlos IV se negó a ceder las Floridas, pero accedió a la petición de Santo Domingo y a la devolución de la antigua posesión francesa, dejando bien sentado que Francia no debía transferir la Louisiana a ningún otro poder en el futuro. Si intentara desprenderse de ella, debia volver a manos españolas. Aceptada tal condición por Bonaparte, en octubre de 1800 se firmó -- con el mayor secreto-- el Tratado de San Ildefonso.

La ejecución de los planes de Bonaparte y Talleyrand exigían un paso preliminar en América: restablecer la autoridad francesa en Haiti --prácticamente independiente desde la sublevación de los esclavos en 1789--, uniéndola con la parte española de la isla. Eran Napoleón y Talleyrand unos políticos demasiado experimentados para no comprender ambos que, al cerrar Francia la expansión de los norteamericanos,
se ganarian la enemistad de éstos. El astuto plan consistía en concentrar tropas en Haití con la excusa de pacificar la isla y después trasladarlas a la Louisiana.

Para establecer la autoridad de Francia en Haití comenzó Napoleón a preparar en Brest una formidable expedición, considerando que el caudillo haitiano Toussain L’Ouverture no tenía medios para presentar una seria resistencia. Solo con unos pocos miles de negros --esclavos hasta hacía poco tiempo--, sin preparación militar, sin jefes expertos y casi sin armas, no podría enfrentarse a los regimientos de veteranos de los campos de batalla de Europa. Las tropas dirigidas contra Toussain tenían un objetivo más importante. Situadas a corta distancia, en Haití, serían trasladadas rápidamente a Nueva Orleans antes que los norteamericanos o los ingleses pudieran impedirlo.


Bonaparte logró realizar sin trabajo los dos aspectos más difíciles de su proyecto: situar a miles de soldados en Haití bajo el mando de Leclerc –cuñado de Napoleón por su boda con Paulina--, y obtener la devolución de la Louisiana. Inglaterra ni los Estados Unidos sospechaban algo hasta ese momento. Toussaint, por su parte, no había tenido tiempo de prepararse y se encontró frente a la amenaza de una destrucción total. No podía contar sino con sus negros, ni cifrar una esperanza en nadie, excepto en sí mismo. El Presidente Jefferson había mantenido amistosas relaciones con Haití pero estaba demasiado interesado en obtener el apoyo de Bonaparte para inducir a España a venderle Nueva Orleans y las Floridas y desestimó la ayuda al líder negro. No sospechaba en lo más mínimo que, si Toussaint y sus seguidores sucumbían a su trágico destino, el imperio francés se extendería hasta la Louisiana, remontaría el Mississippi y se atrincheraría en las riberas del gran rio, frenando el avance norteamericano hacia el oeste.

Lo que no se esperaba sucedió. La fuerza de ataque francesa se estrelló contra la resistencia haitiana; menos de tres meses duró la lucha, pero el ejército francés fue aniquilado y la isla arrasada en forma tal que -- aún recuperada por Francia-- se necesitarían años para reconstruirla. Toussaint vaciló, sin embargo, en llevar las cosas hasta su último extremo. Comprendió que para vencer radicalmente era obligatorio prescindir de todo escrúpulo, declarar una guerra de exterminio contra los blancos y completar por el hierro y el fuego la destrucción de toda traza de civilización en Haití; pero titubeó en emplear los radicales métodos que su razón le aconsejaba. Traicionado por algunos de sus jefes, cometió otra fatal equivocación: confió en las ofertas de paz de Bonaparte. El 1 de mayo de 1802, después de llegar a un acuerdo con Leclerc y bajo la palabra de honor del gran general francés, se entregó en sus manos. Tan pronto depuso las armas fue hecho prisionero y enviado a Francia, donde murió en prisión. No tuvo en cuenta que la palabra de un poderoso y el juramento de una prostituta tienen igual valor 4 .

La lucha iniciada por Toussaint se continuó después de la traición cometida. El primer ejército francés de 17,000 hombres había desaparecido. Una segunda expedición fue aniquilada por la fiebre amarilla. Una carta de Leclerc al Primer Cónsul comunicaba que de los últimos 28,300 soldados enviados solo quedaban 4000 en condiciones de prestar servicio. El rumor de que la esclavitud había sido restablecida por los franceses en la isla Guadalupe llegó hasta Haití. La rebelión cobró mayor fuerza bajo el mando de Dessalines. El resto del ejército francés fue destruido y a París llegó la noticia que el mismo Leclerc habia muerto de fiebre amarilla.

Tras la muerte de Leclerc llega otro experimentado general, Rochambeau, que es derrotado frente a Dessalines en la Batalla de Vertieres. El balance final de la guerra deja 60,000 muertos franceses. Ha sido una de las campañas más costosas, en vidas y recursos, para Napoleón; los haitianos han perdido 150,000 vidas. El proyecto de restauración colonial francés en América quedó abandonado y la guerra contra Inglaterra decidida de nuevo. Frente a tal circunstancia, Francia necesitaba la amistad y el dinero de los Estados Unidos. Los comisionados del Presidente Jefferson fueron citados a una entrevista y Napoleón, sin titubear y haciendo caso omiso de la obligación contraída con España por el Tratado de San Ildefonso, les vendió la Louisiana por sesenta millones de francos.

El destino de la Louisiana se decidió en Haití. Los Estados Unidos se aseguraron a un mínimo costo un ilimitado crecimiento. La suerte de las Floridas, Texas, Nuevo Mexico y California quedó sellada. La victoriosa resistencia de los negros haitianos en tal sentido, lejos de ser un simple episodio de la historia local de Haiti, es uno de los acontecimientos de más vasto alcance en la historia de America. Nunca los Estados Unidos a tan bajo precio –pagaron su fácil expansión con sangre haitiana--, obtuvieron tan decisiva y productiva victoria.
Haití proclamó su independencia el 1 de enero de 1804.

(1) Teodoro Roosevelt, en su libro “The Winning of the West” atribuye la expansión hacia el oeste al destino manifiesto de una raza que al crecer y multiplicarse cumplía las leyes de la vida. En última instancia, un mandato de Dios, que hizo al norteamericano fuerte y prolífico.
(2) El territorio de la antigua Louisiana corresponde hoy día a los Estados de Louisiana, Mississippi, Arkansas, Oklahoma, Missouri, Kansas, Nebraska, Iowa, Illinois, Indiana, Michigan, Wisconsin, Minnesota, South Dakota y North Dakota.
(3) El actual territorio de Florida en 1800 estaba dividido en dos partes: East Florida con su capital en San Agustín y West Florida con Pensacola como capital.
(4) “Loco está el que se fía de la mansedumbre de un lobo, de la salud de un caballo, del amor de un muchacho, o del juramento de una puta.” El Rey Lear, III, vi, 19-21.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Max:

Te he leido en otros blogs y haces un buen analisis y recuento de la historia, seria bueno para la proxima que con todos tus conocimientos le pongas algo de imaginacion, ese realismo magico, asi como tu compa Alejo Carpentier en "El Reino de la Nada". A ver como tu nos contarias los ultimos dia de la señora Bonaparte e incluso como verias los ultimos dias de la revolucion de tu isla.

Max dijo...

Estimado Anónimo de 11:25.

Gracias por sus palabras sobre mis análisis históricos.
Lo siento, pero su petición de agregarle algo de "real maravilloso" se lo dejo a García Márquez y Carpentier. Sobre todo el último, que en su obra "El Reino de este Mundo" hace derroche del realismo mágico. Yo soy incapaz de hacerlo aunque me esforzara.

Raúl Farías me decía que estaba leyendo ahora a Cortázar, Borges y Sabato. Yo le recomendaría que agregara a Carpentier. El mejor comienzo sería "El Reino de este Mundo" ya mencionado. Para que se impacte con el Haití de Mckandal y Henry Christoffe. Después algo ligero, como El Arpa y la Sombra, la leyenda negra de la conquista. El proceso de beatificación de Colón.
Algo sabroso y humorístico sería entonces "El Recurso del Método." Un dictador latinoamericano que conlleva en sí las características de muchos dictadores.
Por último, la gran obra, "El Siglo de las Luces." repasando previamente la historia de la Revolución Francesa.

Si te interesa Napoleón, su historia, etc te recomiendo un blog llamado "La Reina de la Noche" que dirige desde Munich mi amiga Isis Wirth, inteligente y capacitada crítica de ballet, pero que es adoradora de Napoleón. Ahora mismo hay un debate sobre las relaciones entre Goethe y Napoleón muy bueno.

http://isis-lareinadelanoche.blogspot.com/2008/09/goethe-sobre-napolon-el-resumen-del.html

¿Cómo vería los últimos dias de "mi" revolución?

He hecho tantos pronósticos y análisis, y ninguno se ha cumplido, que lo que deseo es que llegue YA el último dia de esa "revolución" aunque sea un Armagedón, pero que termine la más cruel dictadura de la historia de América, y la que más incautos ha engañado.

Saludos

Raul Farias dijo...

Estimado anonimo y Max:

De dictadorzuelos yo tambien tengo una recomendacion: La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa. Nos retrata a Rafael Leonidas Trujillo; Gracias por el fuego de Mario Benedetti estuvo prohibido por muchos anios en America Latina y trata del hijo de un honorable procer (ficticio) del Uruguay que en realidad es un corrupto.

Sobre la recomendacion para Max de que incursiones en el realismo magico, esta buena la idea. Y de paso que hablas de Goethe, el en su Fausto transportaba a los personajes a traves de la Iliada o la biblia, Asi que Max tranquilamente podrias poner al Quijote dando un paseo por Bolivia, Ecuador o Venezuela, o en vista de que a Marulanda le estan haciendo una estatua en Caracas, tambien podrias inventarte una conversacion entre los bustos de digamos por ejemplo Mao, Marulanda y Saddam Husseim.

Tambien tienes al Gran Inquisidor de Dostoivsky que lo podriamos retratar en una version actual con Sarah Palin o algo semejante. Material no te falta.

Yo, como recomendacion de lectura tambien los invito a leer algo de David Foster, se suicido la semana pasada pero lean alguno de sus textos que son un fiel reflejo de los valores de la sociedad actual.

Saludos.