4 de octubre de 2010

Pasando la página (parece que nada hubiera pasado)

Pasó el fin de semana. Y pasó bastante tranquilo. Como si nada hubiera sucedido, como si no hubiera nada que lamentar. El viernes, después de una mañana cautelosa, se podían ver otra vez policías en las calles – con operativos a lo largo de Guayaquil –, se volvían a escuchar las propagandas del Gobierno – un nuevo rap circula por las radios –, las calles retomaban su ritmo, los cines y las cafeterías atendían. En las redes de internet se hablaba de ir a la playa o de salir a farrear más tarde. Fui a jugar fútbol ese día y los bares estaban abiertos, repletos.


Siendo parte de ese bizarro escenario, ahora no me resultan tan descabelladas las imágenes que años atrás veía, cuando jóvenes en Beirut salían a discotecas, bares y sitios de diversión, mientras aviones israelíes bombardeaban la ciudad. Así como los libaneses están acostumbrados a estas situaciones, pareciera que los ecuatorianos tenemos un gen, o en parte de nuestro inconsciente colectivo, que nos hace inmunes a lo que viene después de estas radicales protestas. El mundo continúa girando. C´est la vie.

Con el transcurrir del tiempo las cosas se verán más claras. Todos esperamos saber por qué se produjo la batalla afuera del hospital de la policía, si supuestamente le iban a hacer una calle de honor al Presidente; saldrán a la luz los responsables de los violentos hechos; conoceremos si Correa en realidad estuvo secuestrado – se dice que él siempre estuvo despachando, pero es de recordar que la razón por la cual terminó en el hospital se debió a las agresiones sufridas en el Regimiento y a que no lo dejaron tomar un helicóptero cuando pensaba marcharse – .

Por el momento – cuatro días son una mejor fecha para comprender los eventos ocurridos - se puede señalar que llamar intento de Golpe de Estado a la sublevación del jueves pasado resulta exagerado, aunque el caldo de cultivo estaba servido para acabar con la democracia si otros grupos se hubieran sumado a las protestas - sin olvidar que los policías nademás de paralizarse cerraron vías de acceso a las ciudades y se tomaron calles principales –; y que la suspensión de la transmisión televisiva constituyó un abuso de parte del Gobierno a los ciudadanos al imponer su visión de los hechos, así se indique que esto se llevó a cabo para mantener el orden y evitar la radicalización de otros sectores.


A las lamentables muertes y millones de dólares, se suman como pérdidas la desconfianza en la institución policial por parte de la población; las reacciones del Ejecutivo señalando que no van a dar marcha atrás, siguiendo con su prepotente y avasallador estilo para gobernar; la imagen que se le da al exterior de país inseguro e inestable; y la contribución a una mayor degeneración de la sociedad – es increíble ver en la foto al ladrón a sus anchas en plena Perimetral con un arma de tan grueso calibre –, compartiendo con la bloggera Princesa Quil que es lamentable que necesitemos de alguien vigilándonos para permanecer controlados.

En la primera película de El Padrino, antes de que Michael Corleone asesine al Jefe de policía McCluskey y al turco Sollozzo en la escena del restaurante, Clemenza le dice al personaje interpretado por Al Pacino que no se preocupe por lo que va a hacer, que estas cosas pasan cada diez o veinte años. De igual forma las protestas generadoras de caos son tan comunes en el Ecuador que cuatro días después ningún dirigente nacional, la alcaldía, la policía o sectores sociales han sentido la necesidad de discutir estos graves hechos y sus consecuencias. Como si nada hubiera sucedido no nos vemos intentando juntar las piezas de ese simpático florero llamado Ecuador que todos quebramos.

Y porque el viento se mueve, porque empieza a apestar, porque así es la vida o porque es algo intrínseco en los ecuatorianos, con un mal sabor, este blog empieza a pasar la página…

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