27 de marzo de 2010

Puertas afuera


Nunca te gustó Billie Holiday. Me tachabas de viejo, de arcaico (y claro, es música de abuelos) cada vez que en el reproductor de la computadora la ponía y una suave voz invadía el blanco cuarto, con azules cortinas, una cama, televisor y la computadora. Nuestro búnker, el panic room para aislarnos del resto. Lo bueno de no compartir contigo algún gusto eran las peleas en las que querías ahogarme con la almohada para no ahogarte con tu risa contagiosa, y te detenías cuando ya no podíamos respirar.

Pero ahora que escucho, solo y en otro cuarto (con cierto masoquismo involuntario), a Billie Holiday cantar «When you´re smiling/ the whole world smile with you». En español algo así: cuando tú sonríes, el mundo entero sonríe contigo (te lo traduzco porque nunca fuiste buena para el inglés), más que recordar nuestros momentos puertas adentros, encerrados, metidos entre sábanas, pienso cuando nos juntábamos con otras personas, entre los millones de esta ciudad, nos colábamos entre las multitudes y hacíamos impacientemente las largas y obligadas filas para entrar a algún otro sitio. Porque cuando estabas conmigo y me sonreías, perdona lo cursi, el mundo también me sonreía. Éramos como La Maga y Oliveira. No, mejor. Reales. No era París, era Guayaquil y no nos encontrábamos al azar entre trayectos imposibles de planear (si no me llamabas o no te llamaba nada pasaba), ni enterrábamos paraguas que alguna vez sirvieron para no mojarnos (en invierno nos empapaban los aguaceros imprevistos y no te gustaba sentir como el agua se metía en tus, con apariencia de enfermera, blancos zapatos deportivos mientras caminábamos por La Alborada, cuando me acompañabas al Mi Comisariato a comprar y regresábamos a mi casa a pie, con tres fundas en cada mano y los falanges adoloridos porque no valía la pena tomar un taxi o alquilar una camioneta), aunque una noche, frente al malecón, cerca del Hotel Ramada, en una esquina donde la luz de las farolas no iluminaba, llevada por un impulso de Rayuela, cortazarianamente le preguntaste a un mendigo si dormía entre cartones por amor, por haber perdido uno, o si lo estaba en ese rato; y te miró molesto, lo habías despertado, te pedía un par de monedas y cuando notó el miedo en tus ojos (te habías dado cuenta de la imposibilidad de que el tipo estuviera así por amor, era por locura y ya no tenía oportunidad) me agarraste de la mano para correr y la multitud de jóvenes esperando entrar a algún sitio para pasar la noche en medio de la zona rosa fue nuestra salvación. Nos metimos a Ojos de perro azul (por lo menos, ahora tomándome una pausa de la escritura, puedo recordarlo y recordarte a diferencia de los trágicos personajes sin memoria del cuento de Gabo) porque escuchaste algo de jazz, y aunque no te gustaba Billie Holiday movías tu cabeza cuando escuchabas la Saint Thomas de Sonny Rollins, y como a pesar del susto seguías cortazariana, algo de jazzología hicimos, esa ciencia deductiva facilísima de entender después de las 4 A.M.

No nos agarrábamos mucho de las manos, a excepción de cuando nos poníamos serios y en algún banco, casi siempre del Malecón del salado, un lugar donde siempre discutíamos sin saber el porqué, en el corredor, junto a los murales de vidrio con las frases de Joaquín Gallegos Lara, Antonio Neumane, después de haber comido mariscos en los puestos frente al puente del velero, nos sentábamos y nos mirábamos a los ojos hasta que el otro sonriera más y eso era señal de todo solucionado. Tampoco fuimos muy expresivos en los besos en la calle, pero siempre que andábamos por la 9 de octubre, a pesar del calor (siempre una queja para los dos) y el ritmo frenético por los peatones impacientes avanzando, esperando llegar a donde los esperan, lo hacíamos abrazados (tal vez era porque eso pasaba después de la pelea) hasta llegar al Parque de las Iguanas y a la Catedral que tanto te gusta, y no te importaba su apariencia de gótico mall por las esquinas llenas de comercios como siempre te lo mencionaba; y ahí después de haber visto en una anterior ocasión a un viejo jubilado darle de comer lechugas a los reptiles que ahora extrovertidos se le subían en las rodillas casi arrancándole la comida de las manos, habías quedado fascinada y cada vez que podíamos las alimentábamos con lechugas y frutas. Lo hacíamos en las tardes. Después de las seis ya se trepaban a los árboles y desaparecían. La primera vez no lo sabíamos y les dejamos unos mangos como desayuno.

Al sur nunca fuimos, no lo recuerdo. Tal vez las noches en que alquilábamos un taxi y le pedíamos al chofer llevarnos por donde quisiera por las siguientes dos horas. Vagamente creo haber visto el colegio Cristobal Colón y algo de La Ría. Parábamos a comer yogurt y pan de yuca en algún puesto de Urdesa y un niño siempre me tentaba para comprarte una flor por el precio de un dólar. Comer era la razón por la que más salíamos. Restaurantes y cafés por muchas esquinas de mi memoria nos atienden todavía. Mi recuerdo favorito (ahora que Billie Holiday con su voz es casi como hacer hipnosis) es en un café en Plaza del Sol, ese sitio tan concurrido, lleno de bares, parrilladas y otros puestos para comer entre música y sombrillas. Pero era domingo, era de noche y el lugar, para nuestra suerte, estaba casi vacío. Pagamos los dos cafés en el Sweet & Coffee, nos estaban botando, y nos fuimos. Al frente estaba el Mall del Sol con personas que entraban y salían como si fuera un hormiguero y cerca el Casino donde más de un vicioso va a pasar su fin de fin de semana esperando ganar algo para poder salir el siguiente. Por la Plaza, por las mesas estábamos solos los dos abrazados, jugabas con mi mano, tenías el cabello áspero y me raspaba los codos pero me gustaba esa sensación. Se sentía la lluvia venir y sin embargo caminábamos con mucho letargo, estirando el momento, conversando de lo bien que pasábamos el uno con el otro y de la necesidad de siempre repetirlo y no pasar tan encerrados. De salir cuando sintamos a la casa tomada. Y si era así, como esa noche, valía la pena repetir, porque nos sentíamos como en esa canción de Fito Páez: Dos en la ciudad. Sólo que ahora concluida la canción de Billie Holiday no pega escuchar a Fito cantar: nos encontramos en la calle/ yo diría casualidad…
Más recomendable sería la versión mezcla de flamenco y mezcla de de jazz de Bebo y Cigala de Se me olvidó que te olvidé para este – ni bueno ni malo - rato puertas adentro.

Soundtrack:








7 comentarios:

manusava dijo...

Para un corto Raúl, para un corto. Buenisimo!
-m-

Xavier dijo...

Muy bueno, pana. Muy, muy bueno.

amanda dijo...

Te quedò hermoso Raùl.
Me coinciden dos canciones y algunos asuntos. Hace algùn tiempo cuando tenìa memoria, casi cuelgo la de Bebo pero me acobardè.
Todos lo sitios, todos hasta las huesos. Pero lo que se comparte, lo que me identifica brutalmente y has logrado transmitir es esa sensaciòn de "escapar" de casa para volver a "escapar" de la calle, para odiarla o amarla en conjunto, nada màs real!

Genial!

Raul Farias dijo...

manu, si de ley hay chance de un corto me avisas, apoyo en lo que sea... sirviendo cafe o en lo que sea.

xavier, gracias y buenisimo que te haya gustado... échale unas letras a tu blog que andas sin postear desde hace algun rato

Amanda: Se me olvido que te olvide mi vieja la canta en version ranchera, la de Bebo es muy buena pero prefiero una que tengo en mi compu que la cantan sabina y los abuelos de la nada (manu chao tambien tiene otra version) pero no la pude encontrar en youtube... igual para esto que escribi creo que si pega la version medio gitana... y gracias que te haya gustado, estaba viendo en la tele before the sunset y algunos asuntos, solo que en guayaquil y no en Paris, coincidian

saludos

amanda dijo...

Ah olvidaba la Holiday es una tipa jodida, la tengo colgadisima, pero muy reservada para los momentos mas deep, Strange fruit puede matar y Me myself and I revivir, ni hablemos de You dont Know what love is, que son para salir corriendo e inyectarse alcohol directo al hìgado. Que bueno que te guste, solìamos considerarlo un gusto muy femenino o gay! ( tonterìas) Sìguela colgando, te quedarà mejor a ti!

Raul Farias dijo...

Amanda:

La verdad que de la Holiday he escuchado poco. De verdad que es música de abuelos, por ahí Nina Simone me gusta mucho mas. La conozco más por mi viejo que si ama esa música de los años 30 porque es casi de su epoca. Sé que Strange fruit fue considerada la canción del siglo XX y que la man a pesar de la dulzura de su voz tenía un lado oscuro, era media dañada.

La idea me vino a la mente después de haber leído unos retratos del jazz. Me pareció un buen comienzo y que a ti te haya gustado lo justifica. Acá te dejo el link y esero que te guste.
http://etiquetanegra.com.pe/?p=282383

Saludos

amanda dijo...

Vaya de High priestes of soul, esa si es la reina de las reinas la tengo en la cabeza every day!

Gracias por el Link!

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