14 de marzo de 2010

Volteando la casa

Antes de que todo vuelva a la normalidad en New Jersey, exactamente en el hospital Princeton Plainsbour, de presenciar otra vez los capítulos en que en homenaje a Sherlock Holmes y a su padre Arthur Conan Doyle, el misántropo genio de la medicina, antiguo adicto al Vicodine, Gregory House, resolverá misterios médicos usando el sarcasmo, quebrando reglas y utilizando la premisa de que todo el mundo miente (me imagino que en menor medida debido a que inició una rehabilitación), el primer episodio de la serie (este de dos horas de duración) muestra a House durante su estadía en un hospital psiquiátrico.



Lo vi, después lo repetí por segunda vez y a la mañana siguiente de sábado, después del desayuno, también por tercera ocasión.

En la serie, la mayoría de capítulos terminan con alguna canción suave, con una melodía casi cursi pero que agrada, del estilo Jack Johnson (o en mejor caso, mucho mejor, con algo de blues, folk, rock clásico), que refleja como las cosas mejoran para sus pacientes después del horrible calvario de la enfermedad y de la incertidumbre de saber qué tienen hasta que el irascible doctor protagonista de la serie se lo dice de la peor manera posible; o después de haber pasado por algún evento irreversible, donde no se puede volver al reconfortante pasado, los pacientes o el resto de los personajes del capítulo hacen un intento por caminar, seguir adelante. Ahí se refleja que el mundo no es el equivocado sino House. Porque a él no le gusta cambiar, así este sea la ilusión más parecida – después del Joker de The Dark Knight – a un agente de la anarquía. Se rehúsa a tomar riesgos que lo puedan exponer, desnudar (el ejemplo más palpable es cuando debe tratar a un agorafóbico que al final decide salir de su departamente-refugio pero su médico no se atreve a invitar a Cuddy a salir, llegando tan solo hasta la entrada de la casa de ella). Por lo que puede resultar curioso e incluso chocante ver al inicio de una nueva temporada a un House algo vulnerable.


Y la verdad es que sí resulta chocante verlo en una faceta casi de Patch Adams cuando aún mantenía su faceta suicida, antes de volverse un médico risueño, en un ambiente que recuerda a la One Flew Over the Cuckoo´s Nest de Milos Forman (con un gran Jack Nicholson), claro que acá en una versión algo más moderna pero igual de sombría, deprimente, desesperanzadora y sin indios que lanzan un bebedero hacia una ventana y escapan al horizonte en símbolo de la libertad. Acá todo comienza con House desintoxicándose en la mejor introducción que he visto para una serie donde la música la toca Radiohead con No surprises (casi se me sale una lágrima al escuchar a House gritando por ayuda – abajo está el video -) y él poniendo de su parte para no volverse loco. Una dirección implecable donde la historia que se cuenta no es la de ningún paciente sino lo que se ve y se trata de descifrar es cómo el protagonista puede salir de su actual estado.

Puede que extrañemos las geniales frases del médico que ahora sin Vicodin, al igual que Charly García, es probable que se encuentre en versión pasteurizada, y las descabelladas soluciones a los acertijos (aunque mucho del humor negro todavía estaba presente en el capítulo inicial de la sexta temporada) que podían terminar con una agresión hacia aquel que lo descifró, pero después de ver las dos primeras horas de vida de House en el hospital Mayfield, hasta su recuperación, puedo decir que por lo menos la calidad artística está asegurada

P.D. Son imperdibles los videos porque además de ser un gran momento para la televisión este inicio de temporada, también es un gran momento para la música. Canciones conocidas y no tan conocidas pero que valen la pena escuchar (ponerle atención a la canción de Iron & Wine que es sublime).






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