12 de febrero de 2009

Veinticinco años y no mueren

Veinticinco años atrás era un casi sietemesino sin interés por salir al mundo bullicioso, de fumadores de la década del 80, y con Febres – Cordero como presidente; y veinticinco años atrás, también, en la ciudad de París, Julio Cortázar dejaba de existir. Aquel tipo con fama de bonachón, generoso e infantil atrapado en el cuerpo de un gigante, por naturaleza solitario y que nos decía que “la literatura no se puede enseñar, hay que vivirla” moría dejándonos un legado.


Julio con su pinta de intelectual siempre en blanco y negro, totalmente alejado del snobismo, de aquellos que ven las cosas cotidianas con otros ojos y que trataba a esa sencillez como su musa para describir el mundo fantástico de sus cuentos, los relatos de microcosmos en autopistas del sur embotelladas por años camino a París o casas tomadas que debemos abandonar, echando la llave por un acaso cualquier idiota quisiese entrar; ese Julio era el que nos enseñaba que todas nuestras posibles verdades tenían que ser invención (“todas las turas del mundo”) y uno como lector inexperto toma a Rayuela y se ven inmiscuido en circunstancias contradictorias, a veces sin sentido para finalmente darnos cuenta que esa realidad de un día, meses o años ya no vuelve a ser igual.

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabiera… la boca que mi mano elige y se dibuja en tu cara” eran los consejos que Cortázar daba para conquistar a nuestras magas que “entre dos medialunas nos contaban un gran pedazo de sus vidas”, así también nos enseño a dibujar nuestro mundo, “en un tiempo que corremos el engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismo”, y nos mostraba lo que somos porque exactamente él nos daba la pista de saber lo que no somos, a no calzar en moldes ya establecidos; a escuchar de otra manera a Charlie Parker, a no solo oír lo del momento sino todo las tragedias, catástrofes, engaños, pasiones que debieron suceder para que en ese momento Blue bird entonara esas notas; y a estar tranquilos solos para en un futuro poder comunicarnos con el resto de soledades, que como satélites con y sin importancia nos rodean.



En el año y en el mismo día que murió Cortázar, Ricardo Bada que se encontraba en Colonia, Alemania escribe para su programa de radio, tal vez uno de los póstumos homenajes más hermosos que existen para el Gran Cronopio, y en la revista Soho no cuenta como con un inmenso dolor relataba que "Ya no vendrá. Ya no volveremos a escuchar su voz en el contestador automático, cuando llamábamos a su apartamento de París… "Pero el mensaje te lo dejo igual, Julio, que te quedaste anclao en París. El mensaje es el de siempre. Los cronopios no mueren. Vos, Julio, tan solo saltaste una casilla más en la rayuela de tu vida. Del infierno tan temido, te marchaste a la gloria para siempre".

Y así con esas palabras a uno le dan ganas de agarrar de su estante todas esas rayuelas, cronopios y fama, finales del juego, todos los cuentos y modelos para armar pero nunca para desarmar que forman junto a conversaciones con amigos y pocos viajes, ya parte de la vida de uno; y es que Cortázar es de aquellos que con su honestidad y buena onda lo invitas a pasar a casa, y uno pone algo de jazz, esperando que Ronald salté un John Coltrane que haga bufar a Perico y tal vez también al resto del club de la serpiente que nos acompaña en estos veinticinco años en que también le dejamos un mensaje a Julio, entre botellas de alcohol y algo de literatura, diciéndole que los cronopios nunca mueren.

3 comentarios:

mjormy dijo...

Súper interesante tu blog, primera vez que paso por acá. Cortázar, Tim Burton, Edgar Allan Poe.. He quedado cautivada.
Saludos!

Raul Farias dijo...

Mjormy: Esta buenisimo que tengamos gusto parecidos, ya me voy a dar una vuelta por tu blog y felicidades por lo de recien egresada. Saludos

C. Luisa Ugueto dijo...

Una canción de Fito es el titulo de tu Blog... Razón sufieciente para volver... Hay que leer a Cortázar, volver a el. Siempre he tenido una imagen muy familiar de Cortázar desde que lo descubri, es como un amigo y por eso se le recuerda. Felicitaciones por tu blog.