16 de noviembre de 2008

En todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío...

Desde las primeras páginas de esta atroz historia de autoría de Sabato, te sorprende que el narrador de la historia sea un tipo vil lleno de rencor y desgracias provocadas por él mismo. Debo confesar que ahora lamento no haber aprovechado mejor el tiempo de mi libertad, liquidando a seis o siete tipos que conozco… Siempre he mirado con antipatía y hasta con asco a la gente… La humanidad me pareció siempre detestable. Y es más impresionante que esta historia transcurra en los años 50, época que nuestras madres nos resaltan como ejemplo de lo bueno, galantes y caballerosos que eran los hombres de aquel entonces, aunque si lo piensan bien, muchos de esos hombres son los racistas, xenófobos y prepotentes que dejaron una huella de la que recién nos estamos librando, pero como lo dice el principal personaje del “El túnel”: Siempre he pensado que no existe la memoria colectiva… El pasado me parece tan horrible como el presente…


Juan Pablo Castel es el personaje principal del libro de Sabato, un abyecto y despreciable pintor, el cual cuenta su historia a manera de monólogo desde la cárcel después de haber asesinado a María Irribarne, por lo que de todos los personajes introducidos en la novela: no sabemos nada, porque a estos los vemos con los ojos del asesino pintor.

Juan Pablo pinta para una exposición y fuera de la temática central del cuadro, existe una escena de una ventanita que da a una playa con una mujer mirando al mar. Era una mujer que miraba como esperando algo, quizá algún llamado apagado y distante. María es el solitario ser que se detiene a observar detenidamente la escena y Juan Pablo, viéndola a ella, siente que es la única persona que ha llegado a entenderlo, y ahí, el lector creyendo que comienza una historia de amor y nace un poquito de esperanza en este despreciable hombre, simplemente presencia como sucede lo peor.

Mi cabeza es un laberinto oscuro… Juan Pablo hace lo imposible para contactar a esta mujer y se imagina como serán sus conversaciones con ella y como llegará a conocerla, torturándose a él mismo en todo este lapso. Una vez que la conoce, sentía que en esa casa (María) renacían en mí los antiguos amores de la adolescencia, la trama cada vez se va volviendo más oscura y la locura de Juan Pablo se desata por una desconfianza carente de sentido hacia María. Las peores cosas de María las imaginaba precisamente con esas sombras anónimas… y kafkianamente, ante nuestra impávida mirada, este hombre poco a poco, y a veces violentamente, se transforma. El hombre aquel comenzó a transformarse en pájaro.

La desesperanza es total en el libro y ni siquiera el suicidio es una salida para el atormentado personaje: La vida aparece a la luz de este razonamiento como una larga pesadilla, de la que sin embargo uno puede liberarse con la mente, que sería así, una especie de despertar. ¿Pero despertar a qué? Esa resolución de arrojarse a la nada absoluta y eterna me ha detenido en todos los proyectos de suicidio.

Desde el existencialismo viene Sabato para acompañarnos en un cavernoso viaje hacia las peores y más recónditas sensaciones del ser humano.


Para destacar, aunque viole alguna ley de derechos de autor: Uno de los mejores pasajes que debe existir en la literatura.

Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado.

¡La hora del encuentro había llegado! Pero, ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión me había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable… No, ni siquiera ese muro era siempre así: A veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía que pasaba del otro lado, que era de ella en esos intervalos anónimos, que extraños sucesos acontecían, y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío...

9 comentarios:

La chica Cosmo dijo...

Me priva Sabato, es maravilloso. Este libro (lo mismo que Héroes y tumbas y Abaddón) es de lo mejor que he leído, de joven a veces firmaba cartas como María Iribarne.

Lo que no cacho es por qué calificás la desconfianza hacia María como carente de sentido... después de todo, ella siempre fue muy misteriosa y alimentó con entusiasmo todas las inseguridades de Castel, y especialmente está lo del ciego.

PD. Gustosa me siento de volver por acá y constatar que tu blog sigue tan exquisito y elegante como siempre.

Raul Farias dijo...

Respecto al debate Sabatiano:

Recuerda que al final de libro Hunter (el tipo al que iba a ver a la estancia) se suicida y como el esposo de Maria (el ciego) le grita ¡Insensato! cuando Juan Pablo le cuenta que apuñalo a María. Esa es una de las razones por la que encuentro carente de sentido la desconfianza hacia María, ademas de que todo el relato es la version de Juan Pablo, y a alguien así cuesta mucho creerle (aunque eso es lo que hace mas fascinante el libro).

¿En serio escribias como Maria Irribarne?... Yo tenia fantasias con Alejandra (no especificamente de esas carnales, aunque Sabato nos dice que Alejandra era muy bella, pero lo mio consistia en paseos por parques, la boca y el puerto). Maria me parece algo enigmatico...

Y sobre las lecturas de Sabato me pasa algo parecido que a ti: Yo siento que en momentos, mientras lo leo, debo parar porque el vertiginoso mundo que nos presenta es para no creer.

•Laura Avellaneda• dijo...

Llegué hasta acá por casualidad, buscando este fragmento para citarlo al comentar un blog...

Es una delicia la construcción del personaje de María... lo mismo que el de Alejandra (de las dos únicas obras de Sábato que he leído)...

Son dos "heroínas" (si se las puede llamar así) que contienen quizá lo peor (y al mismo tiempo, lo mejor) de la idiosincracia femenina...

Personalmente, no encuentro a María como la victimaria de la historia... al terminar de leer el libro me queda una sensación extraña.... el final con el asesinato me lleva a pensar que dentro de la cabeza de Juan Pablo se sucedieron todo tipo de cosas de las cuales María ya no era responsable...como que él fue mucho más lejos y no pudo controlar la fascinación por esa mujer, que creció al punto de convertirse en locura....

Claro que ella no es ninguna santa... es una mujer, partamos de esa base... y nada de lo que hace o deja de hacer en la historia es indiferente para Juan Pablo....

En su locura encuentro, quizás en un grado mucho más elevado, algo de la fascinación de muchos hombres al conocer a una mujer que les vuela la cabeza y les comienza a crecer adentro un sentimiento que termina apoderándose de ellos, y sobre el cual pierden el control.... de ahí en más, las Marías de turno son simples expectadoras de la tragedia que se desata no en el plano del asesinato, de la sangre o el cuchillo, sino dentro mismo del protagonista de la historia...

En fin...ese es mi aporte... son personajes tan ricos que darían horas y horas para debatir al respecto...

No he firmado como María Iribarne, pero sí como Laura Avellaneda (la muchacha de otro autor)....

La chica Cosmo dijo...

No sé lo suficiente de Benedetti como para mantenerme a la altura de este delicioso foro literario, pero sí quiero denunciar a Laura como ligera de memoria:

http://lasvocesdeadentro.blogspot
.com/2008/08/mi-tnel.html

"Yo fui María Iribarne para alguien, alguna vez. Y él para mí fue Juan Pablo Castel, aunque yo nunca lo supe, hasta ahora.

Quizás haya sido la única que pudiera entenderlo, la única que captara el verdadero sentido de su música y sus palabras, esas que muchos escuchan sin oír, como siendo ajenos a su verdadero espíritu. Quizá lo haya sido. No lo sé. Ya no.

Estoy muerta. El me asesinó una tarde de verano sin necesidad de ningún cuchillo. Me mató con el olvido. Me enterró para siempre en los confines de la inexistencia, eliminándome en el agujero negro de la nada, fuera de su mente. Para él no existo. Me olvidó para siempre.
Pero es comprensible lo que hizo conmigo. Porque antes de convertirme en su víctima, fui yo la victimaria de esta historia.

Aunque nunca quise, no pude evitar hacerle daño. Lo amé pero sin amar. Me enamoré y me rehusé a su amor. Sin querer le hice creer que transitábamos túneles paralelos, y que incluso podrían desembocar en el mismo sitio -aunque bien sabía que a pesar de ese acercamiento circunstancial, iban en direcciones marcadamente diferentes-. Y hasta yo misma me lo creí.
Nunca tuve el coraje suficiente para decirle la verdad. Nunca correspondí a sus palabras dulces –que me sonaban hermosas-, fingiendo no entender y haciéndome creer a mí misma que no entendía.No pude decirle a tiempo que amaba a otros, o que no amaba a nadie, ni siquiera a él.

Y cuando me di cuenta que sí, que lo amaba perdidamente, que pensaba en él a toda hora, que no podía sacarlo de mi mente ni ignorar su existencia, ya era tarde. Ya me había hecho pedazos condenándome al olvido. Necesité estar muerta para ver lo mucho que lo quería. Necesité estar muerta para ver lo mucho que lo necesitaba.

Ahora soy yo la que transita un túnel oscuro y solitario. El encontró con quién recorrer el suyo, con quien compartir su soledad.

A veces pienso que nuestros túneles podrían encontrarse otra vez y podríamos volver a escribir la historia. Esta vez los dos con el mismo rumbo, desembocarían en una infinita sucesión de pasadizos que los interconectan, hasta mezclarse al fin para fundirse los dos en un mismo y único túnel, sin muros de piedra ni de vidrio entre nosotros, todo diseñado en sinfonía de dos colores, que desembocaría al final en una escena pintada por su música y mis palabras…

Quizás algún día, Juan Pablo, nuestros túneles vuelvan a tornarse paralelos, para ser como almas semejantes en otros tiempos semejantes.
¿Sabés?... Me cuesta creer que nuestros senderos vayan a bifurcarse para siempre. Por eso albergo esta pequeña esperanza: que me vuelvas de la muerte de tu olvido, que me rescates con la voz de tu recuerdo y que yo pueda amarte como no te he amado nunca.
Porque si nuestras almas se han comunicado, no me resigno a pensar que fue sólo una estúpida ilusión.

Tuya siempre…
María

L.A"

Imperdible, gracias LA por expresarlo tan bellamente, me siento tan identificada al leerte. Todas somos María cuando dejamos de ser nosotras mismas y pasamos a ser la construcción onírica de un amante de turno, aunque a veces no queramos ser sino eso.

Sobre el debate sabatiano yo creo que Alejandra no tiene la profundidad psicológica que se puede adivinar en María. Misteriosa por definición, porque sólo la conocemos a través de Castel, pero si le damos crédito a nuestra única fuente, y para convenir con LA, victimaria no, solamente mujer, y casi sin proponérselo, la verdugo de Castel, que para eso estamos.

Raul Farias dijo...

Laura:

¿En qué libro aparece Laura Avellaneda?... Si es de Benedetti tampoco soy muy ilustrado, aunque "Gracias por el fuego" es de mis favoritos...

Sobre "tu tunel", la verdad es que nunca he conocido a alguna Marìa pero por eso no voy a dejar de apreciar lo que escribiste: Es bastante bello, pero me produce una disyuntiva porque me recuerda más a la "Maga" de Cortazar (otra heroina que Cristine, no puedes olvidar) que a "Maria" de Sabato... Ese es el sabor que me dejo tu relato.

Saludos.

•Laura Avellaneda• dijo...

Hola, yo de nuevo =)

Cuando dije que nunca había firmado como María Iribarne, me refería a que nunca lo había hecho en el plano de la "vida real". Nunca puse "María Iribarne" en una servilleta de café, por ejemplo. Pero sí, está ese relato (que La Chica Cosmo se encargó de desenterrar) que es un suerte de catársis que refleja la relación que tuve/tengo con la persona que me recomendó el Túnel para que lo leyera.

En cuanto a Laura Avellaneda, está en un libro de Mario Benedetti que se llama "La Tregua". No es un personaje a la altura de María. Es mucho más ingenuo y está tratado de una manera un tanto más superficial (más que nada por el estilo de la obra, que el foco se centra fuertemente en Martín Santomé, el protagonista), pero para mí tiene especial significancia porque, de vuelta, el muchacho que me recomendó para leer el Túnel luego me recomendó la Tregua y, si bien no existe paralelismo entre las dos relaciones (la del libro y la mía), yo me llamo Laura y eso le hacía acordar a mí durante todo el tiempo en que nuestros túneles estuvieron separados...

Por cierto, volvieron (volvimos)de algún modo a unirse nuevamente.... pero cada vez es más difícil encontrar ese pasadizo que nos conecte a ambos.

Ahora que leo el primer comentario que dejé en la entrada con el texto que escribí en mi blog (hace mucho tiempo) me doy cuenta que tienen un enfoque completamente contradictorio.... y supongo que se deberá al paso del tiempo y a las distintas maneras que tuve y que tengo de verlo.

No conozco a la Maga porque leí muy poquititas cosas de Cortázar, apenas unos cuentos. Me parece que soy suceptible de copiar su estilo porque varias veces, en otras cosas que escribí, la gente dice: esto me hace acordar a Cortázar... entonces más allá de lo poco que leí no quiero leer más, tengo miedo de copiar su estilo (porque no voy a decir que Cortazar y yo nos parecemos, sería una locura) y terminar perdiendo lo poco que tengo de mío propio....

La chica Cosmo dijo...

Tengo problemas para identificarme con los personajes maternales, no será lo primero que se le venga a una a la cabeza, pero Lucía no es sólo la musa de Julio, es también madre. Así que me quedo con María.

Gran Cronopio dijo...

Llegué aqui del mismo modo que llego Laura.. mera casualidad. Milagrosamente se alinean los planetas y estoy finalmente por poner manos a la obra sobre mi abandonado y pospuesto blog. No recordaba con precision la frase de "El Tunel" y al googlearla termine dentro de esta charla. No hace falta aclarar por cual autor me inclino mas, ya el nombre de mi blog me deschava.
No niego que tanto "Sobre Héroes y tumbas" como "Abaddón..." sean notables textos, ni que Benedetti tambien tenga lo suyo pero personalmente Julio me caló muy hondo. Laura, te recomiendo que no lo dejes de lado.. leelo y disfrutalo sin temor a similitudes, son algo inevitable.

Saludos a todos

Raul Farias dijo...

Gran Cronopio:

Cortázar es un demente pero es una demencia màs de genio que de loco. Justo ahora estoy leyendo la autopista del Sur y Julio tiene ese algo en su escritura que te deja pensando todo el dia en lo que acabas de leer, te deja saltando de cuadrito en cuadrito de la rayuela, camino a ese cielo que el tan bien pudo expresar en su obra.

Saludos y estoy echandole un ojo a tu blog