8 de noviembre de 2010

Lo cool: el autoritarismo y la intolerancia


Hu Jintao según Forbes: “A diferencia de sus colegas occidentales, Hu puede cambiar el curso de ríos, levantar ciudades, encarcelar a disidentes y censurar internet sin interferencias de latosos burócratas y tribunales”.

Palabras de amor de la importante revista financiera, que acaba de designar al mandatario chino como la persona más influyente en el mundo. Aunque: Aguanta, aguanta… ¿China no es una dictadura donde muchas libertades civiles se irrespetan y un par de masacres del pasado todavía el Gobierno las niega? ¿El actual Nobel de la Paz no es un preso político de ese país? Al parecer el autoritarismo ahora la pega.

Pragmatismo: Deshacerse de la fiscalización civil, amedrentar a los oponentes, pasar por encima de las leyes, hacer como si no existieran otras voces. Un manejo gerencial en el lado más déspota de la palabra, el dark side. Las cosas rápidas, efectivas, que se muevan, como a uno le gustan. Que en buen plan sirven para acciones específicas, en la que no se pueden perder tiempo. Por ejemplo Piñera poniendo todos los recursos a disposición para rescatar a los mineros atrapados – después vendrían, en forma de daños colaterales, los reclamos por la clausura de la mina, y la cansina publicidad y giras del presidente chileno –. No para imponer una ideología y un proceso particular.

Cosa que en distintos decibeles resulta común en Latinoamérica, amante de caudillistas. No en los Estados Unidos – tierra de libertades –; aunque desde la reciente victoria de los republicanos la impresión es que la intolerancia ha empezado a propagarse como el cólera en Haití. Declaraciones de sus miembros: “El Partido Republicano tiene como principal objetivo impedir su reelección - del presidente Obama – en el 2012” y “si el gobierno desea la cooperación deberá empezar a maniobrar conforme y hacia donde lo hagamos nosotros”. Los acuerdos y la cooperación, en estos tiempos, no son populares.

Los ojos y críticas letras de Gómez Lecaro, Gabriela Calderón, el Nobel Vargas Llosa y otros columnistas liberales que constantemente escriben acerca de la poca disposición a llegar a acuerdos y la intolerancia contra sus opositores, de los Chávez, Correa, Morales y más, deberán empezar a dirigirse a lo planeado por el ala ultra – derechista, hiper – conservadora y otros super fuckin' prefijos que expresan algo de ese fundamentalismo norteamericano, del que hoy explica algo Simón Panchano.

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