14 de noviembre de 2010

Harto Sam Mendes hoy


“This is my life” nos dice un magistral y bastante convincente Kevin Spacey. Así comienza una de las películas que más disfruto, que está entre mis tres favoritas, y que cuando la vi por primera vez me dejó como loco; la recomendaba a cualquiera que me encontraba, hablaba de ella con ojos brillantes de junkie a toda hora después de clases de la u, e intercambiaba opiniones, la rememoraba y comentaba acerca de varias escenas, con el primero que veía que no estuviera haciendo nada. La primera vez que me impresioné en un cine fue con la secuencia del gusano de afilados dientes saliendo del estómago de un desprevenido tripulante en Alien: El octavo pasajero. American beauty fue otra cosa. Una suerte de curso hiperintensivo de lo que las imágenes en pantalla grande te pueden regalar. Un hombre aún no sabe que va a morir, nosotros sí. Lo curioso es que es el primer trabajo de su director.

Sam Mendes es un tipo con una notable hoja de vida. Su obra aún se puede contar con las manos pero habla por sí sola. Cada vez que se escucha que está trabajando en algo las expectativas son altas, promete. Y no ha fallado desde su debut. Desde American beauty hasta la genial Away we go se puede notar esa búsqueda de la perfección, los infinitos detalles, las ganas de mostrar las cosas como son, lo prohibido. Su estilo no es tan personal y de autor como el de, digamos, David Lynch o Tarantino. Sus historias son cotidianas, sólo que no se limita a mostrar la primera capa, va más allá y lo visto en la pantalla es una suerte de The E! True Hollywood story y Behind the scenes del sueño americano. Revelando secretos y cómo en muchas ocasiones todo está tan lejos de la portada de revista para amas de casa; desnudando al máximo a los personajes, exponiéndolos, lo que pretende el director británico es un descarnado zoom que se detiene en las grietas, en las manchas en la pared, en las cicatrices ocultas.

Haciendo zapping en la tv, hoy dos canales de cable promocionan dos de sus trabajos. Buena forma de esperar su mejor obra, que es mejor creer aún pendiente.










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