30 de octubre de 2007

La pesadilla de Darwin

En el año 2004, Hubert Sauper presentó un documental con el mismo nombre que este artículo lleva, el cual causo buenas críticas – incluso estuvo nominado a un premio Oscar -, pero su principal éxito estuvo en concienciar a las personas, haciéndolos caer en cuenta de cómo ciertos empresarios se aprovechan de un suceso tan beneficioso como la globalización para enriquecer sus bolsillos a costa de otros. Es verdad que me refiero otra vez a una producción cinematográfica, pero como alguna vez escuche en una película “nuestra generación es hija del cine”.

Entre la década de 1960 y 1970 como parte de un experimento científico, en el lago Victoria – el más tropical del mundo y el cual comparten los países de Tanzania, Kenia y Uganda – se introdujo una especie de pez denominada “perca de Nilo”, la cuál acabó con la mayoría de especies autóctonas del lago, por lo que ahora la mayoría de personas que viven en los alrededores del lugar dependen de la pesca, procesamiento y exportación de la “Perca de Nilo”, mercancía apetitosa en el mercado europeo, que es recogida por aviones ucranianos y de la antigua Unión Soviética, aviones que también transportan las valiosas recompensas – rifles Kalishnikovs -.

Ahora quisiera presentar mi analogía: Esta proviene de un comentario de Hubert Sauper, que en resumen decía que la película tranquilamente pudo haberse hecho con el caso de los diamantes en Sierra Leona, el petróleo en Nigeria o el banano en Guatemala. Si el Sr. Sauper hubiera venido a Sudamérica, también hubiera añadido otros casos como el café en Bolivia, la caña de azúcar en Haití y al que me quiero referir ahora: Las flores en el Ecuador. Pero es de recordar antes que la empresa privada y las exportaciones son fuentes generadoras de empleo y riqueza en el país, es decir que este caso de las flores es en algunos puntos una aberración a estos axiomas.

En la Sierra norte ecuatoriana hay un descenso en la actividad agrícola, debido a la intermediación en la cadena de comercialización de los productos, el escaso acceso al crédito, la falta de riego artificial, el poco acceso a tierras y la falta de capacitaciones técnicas y de manejo poscosecha. Todo este cóctel ha provocado que los habitantes dejen a un lado sus tradiciones y pasen a trabajar a estas plantaciones, por lo que de ahora en adelante – a menos que exista un verdadero desarrollo – la economía de las familias de la zona dependen de los sueldos que reciben. Ahora no quisiera señalar como principal culpable a la industria floricultora, a pesar de contratar menores de edad, exponer a sus empleados a contactos con químicos, contaminar ríos o fuentes de agua y por las influencias que tienen en los municipio – de un proyecto de dieciséis mil hectáreas de riego, estas empresas se benefician con catorce mil hectáreas -, sin mencionar los efectos en la perdida de identidad de las personas indígenas.

Ahora si no entienden la relación de las flores con la perca de nilo, ahí les va una ayuda: Un gran lago para una sola especie de pez ampliamente demandada, en Ecuador grandes tierras para unas pocas empresas con un producto demandado - recordemos que después de las plantaciones de flores casi todas son pequeñas propiedades -; en el lago Victoria una población que depende de un pez, en el Ecuador, comunidades que dependen de las rosas. Algunos dirán que las plantaciones han sido una solución para salir de la pobreza, pero los campesinos les dirán que es “lo menos peor que hemos encontrado”, por lo menos esto indica que están concientes de su verdadera situación.

Pensemos ahora que la solución está en una concienciación o un consumo ético, en la promoción de servicios y en impulsar a la producción agropecuaria, en que los pequeños productores abarquen toda la cadena de producción y comercialización a través de la venta conjunta y en dar un mayor valor agregado, calidad y continuidad. Finalmente quisiera dejarles con dos frases, mientras algunos esperamos que se acabe esta rentable danza entre producción armamentista, explotación, exportación y consumo inconciente:


Un cura le dijo a los habitantes del Salinerito en la provincia del Bolívar: Si ustedes pretenden trabajar para las compañías en las minas de sal, eso será su ruina.

Gandhi en una conferencia: La tela más fina o elegante no tiene valor alguno si conduce a la miseria a los que trabajan en ella.

Fuentes:
La pesadilla de Darwin, documental de Hubert Sauper

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