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25 de julio de 2009

Más ciudad (pero en serio más ciudad)

En Gran Bretaña, el termino “guerrilla” tiene otra connotación a la que usualmente estamos acostumbrados por estas latitudes. Richard Reynolds es un guerrillero que anda todos las noches en su camioneta, pero en lugar de realizar secuestros y entrenarse militarmente, él se dedica a plantar clandestinamente, junto a un grupo de amigos activistas, plantas y árboles que adornen las grises y estériles aceras, rotondas y esquinas descuidadas, en los diferentes barrios, de Londres. Reynolds también ha publicado un libro sobre estos movimientos (además de un blog), vagamente políticos, de hacer crecer plantas donde no deben, que van desde los invasores de predios en Honduras hasta artistas y estudiantes residentes en New York en los años 60´s (que durante la crisis económica, ante la cantidad de terrenos baldíos, se dedicaron a crear jardines en estos espacios), pasando por las experiencias imitadas en otras ciudades como Ámsterdam, Turín y Tokio, adaptando tácticas guerrilleras ideadas por el Che Guevara y por Mao (en jardinería estas estrategias de guerra suenan mucho más románticas) para lo que se ha definido cómo: “el cultivo de tierra de otros sin contar con el permiso”.

Ya que estamos en fiestas julianas (474 años de la Fundación de Guayaquil), además de la evidente escasez de espacios verdes en la ciudad (de existir seguramente no podríamos pisar el césped, y mucho menos pasear al perro o andar jugando fútbol), en medio del asfalto de largas calles y edificios o el “represivo y monótono césped zombie”, las palabras y obra de Reynolds: “‘Existe esta sensación de que alguien más va a hacerlo por nosotros’… Respetamos el espacio público no degradándolo: no ensuciando, no vandalizando. Pero rara vez consideramos lo que podríamos contribuir a él. Por ello, las áreas comunes de nuestras ciudades terminan no perteneciéndole a nadie en lugar de pertenecernos a todos por igual”, sirven de ejemplo de la forma en que los ciudadanos podrían apropiarse de la ciudad y principalmente de los espacios públicos, en medio de las prohibiciones (por sentarse en flor de loto en el césped, de entrar con una bicicleta a los malecones, dar besos, permitirse el derecho de admisión) acompañadas por el siempre molestoso silbido de los metropolitanos, y la falta de diálogo que tiene el Municipio con grupos como los vendedores informales (no se justifica si hubo violencia por parte de los informales, como no se justifica la falta de apertura al diálogo del alcalde), que son claros ejemplos de los ciudadanos turistas en los que nos hemos convertido (además de la inexistencia de iniciativas de mayor alcance que promuevan una fiscalización ciudadana, o la participación en la administración), donde lo importante es mostrar una buena cara a costa de marginalizar lo que da mal aspecto.

La “guerrilla jardinera” caería como anillo al dedo para el proceso de regeneración de Guayaquil (que es de destacar después de la administración roldosista), pero lo más importante es que podría incentivar a otras actividades como huertos y jardines comunitarios, además de expresiones artísticas como las realizadas por Banksy y Julian Beever en otras ciudades del mundo, o cualquier acción (incluyendo música, literatura, expresiones corporales y no sólo artes plásticas) emprendida desde los barrios hasta los sitios públicos de mayor movimiento de personas que muestren la expresividad de las personas y las distintas realidades de la ciudad, y que no necesariamente sean acordes a la postal imaginada por la administración del calbido. Sin olvidar que lo más probable es que estas actividades no logren resultados satisfactorios enseguida, por el estado de consumidor de vitrina, donde sólo se nos permite mirar, en el que nos encontramos los ciudadanos; pero ver personas que se visten como quieren en los malecones o se expresan sin dañar a otras personas, ya sería un gran avance.

P.D. Más información de la "guerrilla jardinera" de Gran Bretaña en: http://etiquetanegra.com.pe/index.php?cat=37&titulo=Miedo%20Ambiente&numero=63&flip=http://issuu.com/etiqueta.negra/docs/en63final?mode=embed&documentId=080918003704-3760791c610446c68a72338c44a38ac8&layout=grey



6 de enero de 2009

En el día de reyes


Si los Reyes Magos quisiesen hoy visitar al niño nacido en Belén (llevándole el incienso, el oro y la mirra), es probable que tuvieran que pasar algún tipo de control, y con sus trazas de orientales seguramente tendrían más de un problema para sortearlo sin antes ser acusados de yihadistas; esto sin olvidar que también deberían esquivar, habilidosamente, bombas arrojadas desde aviones (el mismo niño ya crecido también tendría varios inconvenientes para sermonear por lo que actualmente es Tierra Santa). Claro que para Melchor, Gaspar y Baltasar esta experiencia turística solo sería de momento y en sus jet privados de magnates petroleros podrían volver a algunos de sus palacios (tal vez con harén incluido, como lo dictan los nuevos tiempos), pero imaginen lo que significa el vivir día a día para los residentes desplazados y expoliados de lo que alguna vez fue su hogar.

Más de 800 mil palestinos muertos es la cifra de la limpieza étnica que empezó con la Nabka (catástrofe), cuando se declaró en 1948 el Estado de Israel, momento en que fueron separadas familias y más de la mitad de los originales habitantes perdieron sus hogares. Y la violencia no cesó con ese despojo, en 1967 el gobierno israelí declara a Jerusalén (antes una zona internacional) como su capital única e indivisible, expoliando a los palestinos del territorio previamente asignado; y actualmente también se suman la construcción de un muro (la cárcel más grande del mundo) que no permite el libre paso para los palestinos, sino unas dos horas diarias de revisiones entre abusos; operaciones militares con irrupciones en la noche en la zona de refugiados (los nuevos barrios), detenciones sin órdenes judiciales, demolición de viviendas; expoliaciones de territorios; nuevos asentamientos para construir cooperativas agrícolas o ciudadelas en sitios designados como neutrales en acuerdos de paz; el bloqueo del comercio de alimentos; el apropiamiento de regadíos para uso exclusivo de cultivos israelíes; sin olvidarnos los bombardeos, con centenas de civiles muertos, como el que actualmente se está llevando a cabo en la zona de Gaza.

“No se cansarán hasta matarnos a todos, pero nosotros no nos cansaremos hasta que nos devuelvan lo que nos fue arrebatado” dice Mahmud, un anciano de ojos tristes (palestino) entrevistado por Yasna Mussa para el artículo: “Una pared en tu vida”, publicado en la revista Etiqueta Negra. La frase del viejo con acuosas pupilas es una promesa de campaña en este periodo de elecciones israelíes, con declaraciones como las de la candidata Tzipi Livni, del Partido Kadima afirmando el 21 de diciembre pasado que si se convertía en la próxima Primer Ministro destruiría el Gobierno de Hamas utilizando medios militares, económicos y diplomáticos (una pequeña dosis son los actuales bombardeos, previos a la incursión en tierra).

Recordando que Israel también sufre ataques: suicidas o de morteros mayormente (aunque la solución para detenerlos no creo que consista en más violencia), pero con bitácoras apoyando las acciones militares en Gaza y señalando a los israelíes como víctimas de Hamas, tal vez sea necesario mencionar también el otro lado de la historia en este día de reyes con roscones y fiestas menos en la frontera de Gaza donde a sus pobladores únicamente les van quedando las llaves como símbolo de lo que alguna vez fue su hogar.
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