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6 de enero de 2009

En el día de reyes


Si los Reyes Magos quisiesen hoy visitar al niño nacido en Belén (llevándole el incienso, el oro y la mirra), es probable que tuvieran que pasar algún tipo de control, y con sus trazas de orientales seguramente tendrían más de un problema para sortearlo sin antes ser acusados de yihadistas; esto sin olvidar que también deberían esquivar, habilidosamente, bombas arrojadas desde aviones (el mismo niño ya crecido también tendría varios inconvenientes para sermonear por lo que actualmente es Tierra Santa). Claro que para Melchor, Gaspar y Baltasar esta experiencia turística solo sería de momento y en sus jet privados de magnates petroleros podrían volver a algunos de sus palacios (tal vez con harén incluido, como lo dictan los nuevos tiempos), pero imaginen lo que significa el vivir día a día para los residentes desplazados y expoliados de lo que alguna vez fue su hogar.

Más de 800 mil palestinos muertos es la cifra de la limpieza étnica que empezó con la Nabka (catástrofe), cuando se declaró en 1948 el Estado de Israel, momento en que fueron separadas familias y más de la mitad de los originales habitantes perdieron sus hogares. Y la violencia no cesó con ese despojo, en 1967 el gobierno israelí declara a Jerusalén (antes una zona internacional) como su capital única e indivisible, expoliando a los palestinos del territorio previamente asignado; y actualmente también se suman la construcción de un muro (la cárcel más grande del mundo) que no permite el libre paso para los palestinos, sino unas dos horas diarias de revisiones entre abusos; operaciones militares con irrupciones en la noche en la zona de refugiados (los nuevos barrios), detenciones sin órdenes judiciales, demolición de viviendas; expoliaciones de territorios; nuevos asentamientos para construir cooperativas agrícolas o ciudadelas en sitios designados como neutrales en acuerdos de paz; el bloqueo del comercio de alimentos; el apropiamiento de regadíos para uso exclusivo de cultivos israelíes; sin olvidarnos los bombardeos, con centenas de civiles muertos, como el que actualmente se está llevando a cabo en la zona de Gaza.

“No se cansarán hasta matarnos a todos, pero nosotros no nos cansaremos hasta que nos devuelvan lo que nos fue arrebatado” dice Mahmud, un anciano de ojos tristes (palestino) entrevistado por Yasna Mussa para el artículo: “Una pared en tu vida”, publicado en la revista Etiqueta Negra. La frase del viejo con acuosas pupilas es una promesa de campaña en este periodo de elecciones israelíes, con declaraciones como las de la candidata Tzipi Livni, del Partido Kadima afirmando el 21 de diciembre pasado que si se convertía en la próxima Primer Ministro destruiría el Gobierno de Hamas utilizando medios militares, económicos y diplomáticos (una pequeña dosis son los actuales bombardeos, previos a la incursión en tierra).

Recordando que Israel también sufre ataques: suicidas o de morteros mayormente (aunque la solución para detenerlos no creo que consista en más violencia), pero con bitácoras apoyando las acciones militares en Gaza y señalando a los israelíes como víctimas de Hamas, tal vez sea necesario mencionar también el otro lado de la historia en este día de reyes con roscones y fiestas menos en la frontera de Gaza donde a sus pobladores únicamente les van quedando las llaves como símbolo de lo que alguna vez fue su hogar.
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