16 de junio de 2010

El mojo de Leave of grass

Habría que empezar diciendo que esto no se trata del poema de Walt Whitman con el mismo título que tiene versos como este: Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral/ envuelto en su propia mortaja; / Y yo y tú, sin tener un centavo, / podemos comprar lo más precioso de la tierra… Bueno, aunque al final aparece el libro en una mesa de jardín. Tampoco va de la forma descrita en la sinopsis (parafraseando): La historia de dos hermanos gemelos que idean un plan para engañar a un traficante de drogas. Ok, la marihuana está siempre presente, es casi un actor de reparto; pero no, esto no es de junkies y dealers. Es difícil decirlo. La película a primera vista parece simplona, sin saber para donde llevarnos y a ratos resulta forzada, sin embargo la he visto tres veces porque esconde algo más profundo de lo que parece mostrar en su primera capa de piel, a diferencia de, digamos, la tan promocionada, predecible, aburrida, insipida The Bounty Hunter de Jennifer Aniston y el tipo de 300.


En pocas palabras podría tratar acerca de, sin ser una historia a lo Salinger, una familia disfuncional del excéntrico estado de Oklahoma que se ha separado por varios años: Está el padre asesinado décadas atrás por mafiosos, al involucrarse en negocios ilícitos y tomar decisiones estúpidas, a pesar de tener el IQ de un genio; la madre drogadicta y ex - hippie que le toleró todo a sus hijos y ahora vive en una cárcel porque no quiere ver en lo que se han convertido estos; el hermano gemelo número uno que desde pequeño leyó a Shakespeare, siempre se comporta racionalmente, ha tratado de borrar todo su pasado (incluido el acento) e imparte exitosamente clases de filosofía en una de las universidades Ivy League de la Costa Este; y el hermano gemelo número dos que se dedica a producir y comercializar marihuana con un nuevo sistema de cultivo, inventado por él mismo, que al parecer la vuelve mucho más potente y orgánica. O la otra opción para saber lo que tiene Leave of grass podría estar en la doble actuación camelónica de Edward Norton, alguien que no ha tenido la suerte de Val Kilmer (ha interpretado a Batman, a Jim Morrison y al Elvis Presley del porno, John Holmes), pero que sabe elegir sus personajes, sino recordemos al neurótico narcotraficante en su última día de libertad en The 25th hour, el racista de American History X o al narcoléptico trabajador de una aseguradora en el día y anarquista radical en la noche en The fight club; y que acá, a lo Nicolas Cage en Adaptation, es el hermano uno y el hermano dos que se encontrarán en una peculiar situación. Una actuación que no es la mejor de su carrera, pero que al representar personajes tan diferentes, tiene la oportunidad de hacer lo que quiera: Excéntrico, sarcástico, ignorante, demasiado culto, asustadizo, provocador, racional, inconsciente. Razones válidas, sumadas a que LOG me gustó porque aparece la guapísima y perdida Keri Russell o por la casi perfecta y sencilla banda sonora llena de música del Sur de pocos acordes, con canciones como la de Steve Earle, Lonely are the free.


El director y actor Tim Blake Nelson nació en Oklahoma. Es lo que, además de lo mencionado en el párrafo anterior, define el mojo de la película: Una historia casi personal contada con mucho humor negro (por algo la serie Weeds es una comedia con toques delirantes al punto de parecer una alucinación, al igual que un viaje de hierba), con personajes, costumbres y estereotipos que conoció y con los que vivió durante gran parte de su vida. Sin elegancia, con mucho empuje y corazón (y con razones para sentirse orgulloso por el trabajo realizado) nos recuerda que del pasado no se puede escapar, hay que lidiar con él, agarrar lo bueno y seguir en paz, sabiendo que en casa siempre nos esperan. Como cantaban los extintos Cruks: uno vuelve, uno vuelve, uno vuelve a su interior/ uno vuelve, uno vuelve, uno vuelve al lugar en que nació...




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