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18 de octubre de 2009

Puesta en escena


Editado para la ocasión, William Percy explica el efecto que generan las imágenes de las películas que uno disfruta: “Otras personas, según he leído, atesoran momentos memorables en sus vidas: …la noche de verano que conocieron a una chica solitaria en Central Park y lograron una relación tierna y natural con ella… Yo también conocí a una chica en Central Park, pero no hay mucho que recordar. Lo que recuerdo es cuando John Wayne mató a tres hombres con una carabina… y la vez que el gatito encontró a Orson Welles en la puerta en EL TERCER HOMBRE”. Es cuestión de percepciones. Con tijeras y pegamento se llenan los baches de la realidad con las películas que sentiste propias. Por lo que la afirmación de Fernando Bustamante, acerca de que la inseguridad de Guayaquil es una percepción, no es la veo totalmente falsa, porque nadie puede negar que desde meses atrás a la ciudad uno la percibe como una tropical y con cuadrados edificios Ciudad Gótica en The Dark Knight, donde el caos lo genera un The Joker más loco y peligroso que el de Heath Ledger porque este, el real, lo conforman cada uno de los actos de los delincuentes, sicarios, choros de a pique, secuestradores; que, además de sus crímenes, generan temor en las personas, mirándonos todos sospechosamente y evitando cualquier contacto en la calle (como la crónica de Elías Urdánigo en Soho, que después de estar buscando a La Tigra – versión criolla, igual de lasciva, de la Megan Fox “come hombres” en Jennifer´s body -, lo que encontró fue un pueblo, Balzar, lleno de desconfianza hacia los extraños), y que crezcan las ganas de tomar justicia por las propias manos.

Aunque este mundo de crímenes, malevos, femme fatales, escoria social y todo lo marginal son la mejor materia prima para el realismo sucio (a personajes como Anthony Bourdain les puede reconfortar que en Suecia existan pandillas - después de todo imaginar vivir en Canadá suena bastante aburrido -), no es una excusa suficiente para vivir en una Guayaquil que últimamente, las 24 horas del día, parece la New York de Taxi driver, donde Scorsesse se puede subir al auto y contarte los efectos dañinos de una Magnum en su mujer ("So, What does a Magnum 44 to a woman´s pussy?") que lo está engañando con un negro. Uno también quisiera, en su ciudad, tener al New York de Woody Allen donde se puede conocer gente interesante. Loca pero inofensiva. Y ahora, recordando la última edición de Soho (dedicada al cine) y con esta percepción de realismo sucio, se podría decir que las películas guayacas tendrían que de ley capturar esa sensación de miedo, de inseguridad como parte de la puesta en escena. No me refiero a tramas únicamente dedicados a estos hechos (no obstante la mejor película ecuatoriana: Ratas, ratones y rateros, trata este tema a lo largo de toda la proyección), pero, por ejemplo, si cuentas la historia de unos tipos de colegio que se reencuentran, por ahí es casi necesario que deba haber una escena donde a alguno le roban la billetera (además de mostrar otras costumbres de la ciudad como gente jugando pelota en las calles).
La cuestión es que no se convierta en un cliché como el cine colombiano que sólo habla de drogas, narcos y guerrillas. Sin embargo, con este aumento de seguridad, aquel telón de fondo podría cambiar y el nuevo cine guayaco es probable que adoptaría aquella obsesión que tienen los británicos por filmar películas donde el resto del mundo ha colapsado y únicamente ellos se mantienen en pie. Todo a costo de un estado totalitario con toques de queda y sanciones por cualquier motivo (mi favorita es Children of men por su movimientos de cámaras, una de las mejores películas de esta década). Ahí los nuevos cineastas reflejarían eso que Capote escribió en A Sangre Fría: Mostrar cómo quedó un pueblito de Kansas después de un atroz crimen. La diferencia es que para Guayaquil, Capote no tendría tanta tinta en la pluma.




4 de diciembre de 2008

Noctámbulos

María Laura tiene 26 o 27 años (no recuerdo). Ella es misionera, a sus 21 años fue candidata a “Señorita Selva Amazónica”, aunque con su metro cincuentayalgo y su cuerpo de quinceañera, escaso de curvas amazónicas, no creo que haya deslumbrado a un jurado que lo único que premiaba era la carne y el libido que ella como selvática mujer debería despertar; actualmente reside en Buenos Aires. Inti tiene la misma edad pero es uruguayo de Rocha, ferviente hincha del Rocha Fútbol Club (Rochita como él lo llama). Biólogo, adicto al cannabis y con un léxico sumamente difícil de entender. Vía mail me acabo de enterar que ahora María Laura e Inti son pareja, una pareja con un alto gasto telefónico y varios kilómetros de recorrido para seguidamente visitarse y así no olvidarse de sus rostros.


Cuando estudiaba en España, hace casi un año, en un pequeño lugar de Andalucía (a una hora de Sevilla) llamado La Rábida, en El claustro, como nosotros llamábamos al antiguo monasterio que ahora sirve como residencia universitaria, junto a este par y Peter (rockero guatemalteco, que odia a Arjona y está secretamente enamorado de Rigoberta Menchú) formábamos una especie de club de noctámbulos que rondaba todas las noches el siniestro edificio. Una botella de jerez, yoga, juegos de cartas y películas, primordialmente, era los que nos permitía tener algo que hacer hasta casi el amanecer.

Siempre he sido uno de esos noctámbulos que piensan que dormir es una perdida de tiempo, solitario entre noche y noche la mayoría de ocasiones, y allá en España, tan lejos de casa, fue la única vez que tuve un grupo de desvele. El viernes pasado, durante otra noche de largas y exageradas horas, previo a un viaje hacia Puerto López que empezaba a las cinco, decidí compartir tiempo con el mayor de los noctámbulos, Travis Bickle. Travis Bickle es una creación de Paul Schader tras ser abandonado por su mujer y ser echado de su casa. Paul en este periodo recorrió un camino que incluía la pornografía, el alcohol y un bizarro gusto por las armas. Así nació Travis que es el personaje principal de Taxi driver, guión de Paul Schader (Mishima y Afliction) y dirigida por el demente de Martín Scorsese.

Al pensar y respirar cine, siempre he tenido un dilema sobre lo que es más importante: El guión o la dirección. Aún no lo descubro pero sé que cuando ambos son notables, somos testigos de la perfección. La película esta ambientada al final de la época de los 70, en el derrumbe del sueño hippie, con un Robert De Niro en el papel de un ex marine recién llegado de Vietnam y alienado de nuevo a la sociedad con un flamante trabajo de taxista. Travis no puede dormir por lo que va constantemente a cines pornográficos para pasar el rato y trabaja hasta doce horas del día en su taxi, embarcándonos en el asiento de atrás, con una música de ensueño gracias a Bernard Herrman (famoso por Psicosis) para un viaje por un New York lleno de putas, chulos, adictos y asesinos, donde a través de su diario, lo único que Travis puede decirnos es: Llegará una lluvia que se llevará toda esta mierda...


Y ahí entre bostezos y pupilas dilatadas a uno le llegan impresionantes imágenes de parejas en los cine porno, una Cybill Shepard que parece un ángel pero será el detonador de la locura de Travis, la escena donde Travis se disculpa por haberla llevada a un cine XXX a Cybill y Scorsesse abruptamente nos muestra un pasillo vacío, ¿simbolismo de lo que es Travis?, el comerciante que en la máxima expresión distorsionada del capitalismo vende armas y drogas como si estuviera negociando juguetes, Travis como una bomba a punto de explotar le pide un consejo a su compañero y este dice uno de los diálogos más estúpidos que debe existir en la historia del cine, la improvisación entre De Niro y Havey Keitel (Sr. Lobo en Pulp fiction), la aparición de Scorsese que pretende asesinar a su adultera esposa con una mágnum mata elefantes, una grandiosa Judi Foster que con 14 años, trabajando como prostituta (así como Sabato en sus libros se burla de los comunistas, anarquistas feministas y críticos, Scorsesse aquí se burla, con el personaje de Foster, de algunas mujeres que en aquel entonces creían que la liberación femenina únicamente consistía en escaparse de casa y prostituirse) tiene más presencia que en El silencio de los inocentes, y la infaltable: Are you talkin´to me?...

Taxi driver es el retrato de uno de esos locos que un día empiezan a dispararle a todo el mundo, es decir un perfecto hijo de la sociedad. Y eso es lo que tiene la película, que de alguna manera (por rechazo o soledad) el público entiende a Travis. Claro que en ese año prefirieron darle el Oscar a ese sueño americano llamado Rocky Balboa.

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