14 de julio de 2011

La telenovela sudamericana para hombres

Sana envidia un mes atrás con esa entrada de Peñarol en el estadio Centenario de Montevideo para la final de la Copa Libertadores (Y dale alegría a mi corazón/es lo único que te pido al menos hoy). Un equipo que viste de amarillo y negro a punto de alcanzar la gloria con puro corazón, por amor local, llena de nostalgia. Emotividad. Ganas de volver a los viejos tiempos, los buenos. De los mejores momentos que he visto en la historia del fútbol. Imposible que no se ponga la piel de gallina. Sólo por el Sur suceden estas cosas.

Sana envidia el día de hoy a Venezuela empatando a 3 con Paraguay – que complicó a España en el mundial –, y diez minutos antes perdiendo con dos tantos de diferencia, en la última chance y el arquero metiendo el pase-gol en un tiro de esquina donde era al todo o nada. ¡Qué drama, mamita! como diría Miembro. Quién diría la vinotinto de hazañas, terminando invicta en su grupo y sin jugar a la especulación. Parándose bien. Se empiezan a escribir páginas de momentos para recordar en su historia. El mejor partido de lo que va del torneo.

Por ahí se dice que los encuentros entre equipos o selecciones de Sudamérica ya no se disfrutan, duelen. Toda la razón. Son batallas donde nada está dicho. Belgrano de Córdoba puede enviar por un año a la B a River Plate en Buenos Aires, en el mismísimo Monumental. Se derrama sangre. Viendo en un bar con un amigo la semifinal de la Libertadores entre Vélez y Peñarol, presenciar el nervio puesto en la cancha, los penales errados y el sufrimiento decimos que eso es más pelota que la final de la Champions. Y puede que no sea mejor fútbol pero en muchas ocasiones eso es lo que esperamos ver. Tensionados 90 minutos, agarrando el televisor por un cuadro al que ni siquiera hinchamos. Qué chucha, por ese tiempo le hemos cogido cariño. Deseando estar ahí, queriendo ser parte del momento. El regreso a la niñez, a la felicidad. (O como decía aquella vieja decepcionada de la vida de uno de los cuentos de Fontanarrosa: Yo voy a la cancha a ver si en una de esas hay un gol y mi marido me abraza)... Que lo parió!

Para nosotros se acabó. Por 5 minutos alegría con los empates. Luego a lo que poco a poco nos hemos ido acostumbrando. Nada, el cero. Sin un horizonte que a lo lejos se pueda divisar. Si el fútbol es una novela lo de la selección ecuatoriana últimamente se ha convertido en una novelita rusa. Por suerte muchas chances más habrá. Por estos lados del continente el fútbol es como el Alfa y el Omega. De algo hay que vivir…




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