17 de mayo de 2009

¡Buena Miche! (Además de una pequeña crónica porteña)

Estando en Buenos Aires pude pasear por el Parque Lezama, entre San Telmo y La Boca. Paso obligado en el trayecto hacia Caminito. Al parque siempre lo sentí como algo irreal, ficticio, producto de la fantasía de Sábato plasmada magníficamente en su novela; aunque ante su descubrimiento, igual me puse a buscar una Alejandra con su garbo soberano, a Martín con su apariencia de Greco durmiendo en las bancas, entre estatuas de próceres olvidadas. Y ahora que no me encuentro en Buenos Aires (estoy al otro lado del Río de la Plata por estos días), la ciudad me pareció también algo irreal. Además de los edificios de la Avenida de Mayo y Recoleta (la librería del Ateneo es una locura, una belleza) que le dan un buen aire de Madrid a la capital argentina, es irreal, para ser un país de Sudamérica, la mezcla de gente de todas partes del mundo en el centro; los judíos en el Abasto; los negros, paraguayos y peruano en Constitución; el filete que le da un toque alegre y de carnaval a San Telmo, y que muestra los últimos rastros de negros que alguna vez vivieron en la ciudad; y, principalmente, sus ferias: La de plaza Dorrego los domingos con sus artesanías, antigüedades y ropa, la de Boedo en el parque Ramírez con los norteños bailando folclore y los más pobres vendiendo sus pertenencias, en Plaza Cortázar toda la elite juvenil caminando entre tiendas de última moda; y las de libros a 15 pesos (un regalo) en Palermo cerca del Jardín Botánico (en Plaza Congreso y demás lugares hay otras), donde me hice de “El guardián entre el Centeno” de J.D. Salinger y “Área 18” de Roberto Fontanarrosa. Tal vez sea la costumbre de ver una Guayaquil, donde vivo, con sus espacios públicos convertidos en charcos de cemento y algunas palmeras para visitantes donde no existe mayor difusión cultural, o actividades interesantes para los ciudadanos, lo que vuelve mi visión de Buenos Aires irreal. Algo así como una ciudad diseñada para turistas ávidos de sentir una cultura nueva, porque aún no entiendo como la gente sale tanto a las calles, parques y plazas, sin que estos sean centros comerciales con aire acondicionado y luces de neón, donde un tipo es feliz o por lo menos tiene el coraje de vivir haciendo lo que le gusta, sea esto vender antigüedades o hacer de mimo en una calle. Porque en esos lugares uno no puede saber quién es un turista hasta que se delata con su cámara de fotos. No sé la verdad, pero a excepción de Caminito, toda la ciudad me parece irreal y me encanta.


Lo único que le falta a Buenos Aires es un toque tropical, no sé si caribeño pero definitivamente playero. Eso no lo sentí. Por suerte para el viaje de avión y algo de la estadía, lleve para leer “Atacames Tonic” del mejor cronista que tiene el Ecuador: Esteban Michelena. Una historia con romance y aventura que para libro uno disfruta pero llevada al cine podría terminar en culebrón de tipo novela mexicana. Así como el título lo señala, es una historia de negros, y por lo tanto, sin ánimos de ser prejuicioso y racista (aunque siempre he pensado que uno para escribir jamás podrá ser políticamente correcto), la trama está llena de ladrones, drogas, baile, fútbol y pasión. Todo en un lenguaje costumbrista. A ratos aburre y desde la mitad Atacames pierde el ritmo, pero a miles de kilómetros de distancia, en otoño, mientras devoraba sus hojas, por un rato pudo sentirme otra vez en Ecuador. Acá dejo un párrafo que es de lo mejor que he leído en literatura ecuatoriana.




… Como en los últimos diez años de mi vida, miro lentamente, una y otra vez, queriendo entender a mi amada playa Las Palmas. Me viene una puñalada nostálgica. Tanta vibra y embale, tanto feeling, vértigo, buena onda y gozadera, en esta Esmeraldas, en este malecón impredecible y bárbaro…

En la mañana repleta de peloteros, tarde y noche saturada de bomberos. He aquí playa Las Palmas, sede mayor de esta Esmeraldas, guarachera, punta en blanco, caliente, ansiosa, pura finta. Desde acá te veo, mi tierra, que nadie me la dio ni prometió ni nada de vainas. Esmeraldas, Perla del olvido. Con tus negros. Los que andan volando bajo, aguantando cerca de los bailaderos o vacilándose el rap que se cae de las flamantes Dodge Ran. Y los que han levantado algún billete, orondos y ostentosamente felices, apoyándose en las caderas de sus negras coquetas y radiantes.

Pasan mulatas, miembros de la Latin King buscando pleito, marines en pos de estos, rateros ubicando un candidato. El clásico cuentero, drogadote, ofreciendo la enloquecedora yohimbina y la clásica, venerable y potenciadota brocha china. O el bazuco de rigor, para salir de la juma de ayer. Niños de nadie, decenas de negritos silvestres paseando de la mano de la muerte. Siempre agazapados, entre su sonrisa cada vez más inexplicable y ese charolito de tabacos, donde camuflado, el afilado chuzo espera. Listo pa´ que lo libre de todo mal.

De pronto, tipo doce de la noche, el mar cae en quiebra, baja la marea y la rumba, como seducida por una fuerza inexorable, se baraja mar abajo, cielo adentro. Siempre me pasa estos por unos segundos en los que, paradójicamente, el tiempo también se me escapa. Es cuando desembarca la hora parda. De súbito, por instantes, Esmeraldas se me cae en un silencio funerario. A lo lejos, los pitos de un barco saludando al puerto, el ronquido de los borrachos, una bala perdida, una guitarra mal rasgada, los cien metros platos de un choro en ley de fuga. Y ese jadeo de los que no llegaron al motel ni al callejón ni a la camioneta ni bajo los bailaderos. Y se aman urgentes, bestiales, entre jaibas, mosquitos y vasitos de prensados.

Por el puerto, de un mar lejano va entrando una tristeza de segunda, tibia y lamentable como una cama recién usada; larga como las piernas de La Niña, espesa y malherida como las selvas de Borbón. Va llegando la hora parda. Densos, sordos y eternos minutos que toda Esmeraldas recala y desaparece de pronto, como un coletazo de lagarto. O se queda quieta, con la boca abierta, como animal cazado. Como recién muerta por olvido o causa natural, velada solo por fantasmas que resoplan bajo los toldos, ríen por las hendijas de guadúa y espían entre los techos de hojalata. Ahí se oyen de lejos los lamentos, los alabaos. Va llegando la hora parda. Por La Boca, por el Pampón, por Isla Piedad, Puerto Limón, por La Rivera. Sonando grave, tenaz, distante. Como un bajo eléctrico, con el músico muerto. Y el dedo quieto para siempre. En clave de re.

8 comentarios:

•Laura Avellaneda• dijo...

Que no te guste Caminito habla de tu paladar muy exquisito en cuanto a atracciones... es lo que más sorprende a los turistas promedio.

Nunca salí de Buenos Aires, y es más, no la conozco ni en la milésima parte, pero no puedo dejar de negar (un poco porque es cierto y otro poco porque soy argentina -es decir, creída por demás-) de es una ciudad encantadora.

Sólo un dato: es plaza Dorrrego (nombre de un prócer). *borrego* (además de ser la cría de la oveja) es una persona de corta edad.

Raul Farias dijo...

hola Laura, gracias por la corrección. El post lo hice a altas horas de la noche y entre bostezos no cai en cuenta de que word estaba haciendo autocorrecciones. Vi otras tambien pero por ahora solo corrijo la de Dorrego.

y la verdad que bs aires es encantadora. Me tendrias que decir otros sitios para ver. saludos

•Laura Avellaneda• dijo...

Otros sitios: Plaza San Martín, que se encuentra frente a la estación terminal de trenes y micros Retiro, tiene un árbol antiquísimo con ramas muy gruesas y largas que hay que sostener con palos mientras van ganando espacio en el parque. También hay un monumento a los caídos en la Guerra de Malvinas.

Florida es una calle hermosa (con estatuas vivientes y algunos espectáculos de tango) que desemboca justo en esa plaza. Creo que conecta el obelisco con Retiro. Creo, no estoy muy segura (debo confesar que, a pesar de tenerla cerca, conozco bastante poco a Buenos Aires). En esa calle hay una galería de arte, con entrada gratuita, donde se exponen permanentemente obras de muchos artistas.

También es lindo Recoleta... un barrio muy *chic* de la ciudad. Sobre la Avenida Alvear está el hotel homónimo que es un monumento a la ostentación y también otras masiones de las familias más distinguidas de Buenos Aires, con negocios de algunas grandes marcas del mundo. Por ahí cerca tenés el Patio Bullrich (un shopping acorde al estilo del barrio) y a unas poquitas cuadras, sobre la Avenida del Libertador, la Facultad de Derecho (donde voy yo!), que por fuera es una obra arquitectónica bastante llamativa (dicen que los que cuentan las columnas no llegan a recibirse jamás). En frente está el Museo Nacional de Bellas Artes y el Buenos Aires Design (creo que es algo así como un shopping de diseño). Ahí nomás tenés el Cementerio de la Recoleta (donde están sepultados todos los presidentes y otros personajes ilustres), y también el Palaice de Glace (Palacio Nacional de las Artes). Todo en reducidas cuadras.

No se si volverás a Buenos Aires. Pero espero que la información te sirva, al menos, para una próxima visita.

•Laura Avellaneda• dijo...

Lástima que hayas venido justo cuando el Teatro Colón se encuentra en reparación, que supo ser (al menos hast antes de su remodelación) uno de los mejores teatros del mundo. Luego no sabremos cómo quedará (porque algunos temen que con las refacciones de materiales -algunos que ya no se consigue idénticos-) se pierda la calidad acústica. Se dijo que iba a estar listo para el año pasado, fecha de su centenario que pasó sin pena ni gloria por encontrarlo en reparación. Ahora dicen que lo van a reinagurar el año que viene (bicentenario de la Revolución de Mayo), pero quién sabe.... no hay que olvidar que esto es Argentina, después de todo.

•Laura Avellaneda• dijo...

También deberías fotografiar el Palacio Barolo (creo que entrar no se puede porque es privado, no sé), que tiene una estrecha relación temática con La Divina Comedia. No sé donde queda. Pero fijate.

Y la Manzana de las Luces. También algunas de las Facultades de la Unviersidad de Buenos Aires, que tienen las construcciones más llamativas: la de Derecho ya mencionada, la de Ciencias Económicas y la de Ingeniería. Pero es nomás para sacar fotos. A no ser que te interese meterte en algún aula a tomar clases. También, si te interesa espiar en una que refleja icónicamente el estado de la universidad pública argentina, andate a la FADU (Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, en Ciudad Universitaria) y husmea un poco en ese antro.

•Laura Avellaneda• dijo...

Y mientras me acuerde sigo anotando...

Raul Farias dijo...

laura: Una disculpa no creo que altere mucho la situacion pero viene al caso, ya que estuve sin contacto con las computadoras por un par de semanas. Estuve en el norte y alla todo es mas lento, incluyendo a los ordenadores. Te cuento que estoy en Cordoba y el jueves en la madrugada espero estar en Bs. Aires tan solo son tres dias. Por suerte he logrado visitar mucho de los lugares que me dices. Me faltaron los bosques de Palermo que son imperdibles y eso lo hare el ultimo dia. Tengo tambien ganas de ver el barrio chino (las ciudades que visito, pretendo visitarlos) y tal vez volver a recorrer San Telmo y el parque Lezama. Y en el transcurso y segun el espacio que me quede en la maleta tambien visitar la libreria EL ATENEO en la calle Santa fe y varias de Corrientes

Saludos

Raul Farias dijo...

laura: Una disculpa no creo que altere mucho la situacion pero viene al caso, ya que estuve sin contacto con las computadoras por un par de semanas. Estuve en el norte y alla todo es mas lento, incluyendo a los ordenadores. Te cuento que estoy en Cordoba y el jueves en la madrugada espero estar en Bs. Aires tan solo son tres dias. Por suerte he logrado visitar mucho de los lugares que me dices. Me faltaron los bosques de Palermo que son imperdibles y eso lo hare el ultimo dia. Tengo tambien ganas de ver el barrio chino (las ciudades que visito, pretendo visitarlos) y tal vez volver a recorrer San Telmo y el parque Lezama. Y en el transcurso y segun el espacio que me quede en la maleta tambien visitar la libreria EL ATENEO en la calle Santa fe y varias de Corrientes

Saludos