16 de abril de 2010

Sobreviviendo



Estoy volviendo a leer la novela más célebre de Saramago: Ensayo sobre la ceguera. Tiene su toque apocalíptico; pero a través de las hojas, el autor, no trata de mostrar al planeta devastado, los edificios destruidos, los mercados saqueados y el orden mundial colapsado. La mayoría de la historia transcurre dentro de un hospital psiquiátrico. El escritor lo que busca es enseñarnos lo más bajo que puede caer el hombre, el instante en que la civilización se quiebra y los bajos instintos son la primera reacción (el egoísmo como mecanismo de supervivencia). Sin embargo esto nunca justificó que la adaptación al cine de Fernando Meirelles sea tan blanda, tan light: no se siente el olor de los excrementos regados por doquier porque nadie se organiza para limpiarlos, la tensión por las peleas diarias y los robos durante repartición de la comida; y en la película el director de Ciudad de Dios y Diarios de motocicleta se olvida de las dos masacres causadas por los soldados, y las felonías de la banda de ladrones y violadores del otro pasillo son detalladas con mayor crueldad en la novela. En The Road (película de Jim Hillcoat, adaptada del libro de Comarc McCarthy, autor de No country for old men) uno recobra la fe de que este tipo de abyecto ambiente de fin de mundo si puede ser plasmado en la pantalla.

The Road es una de las mejores películas que he visto este año. Al igual que The hurt-locker y Memento uno la disfruta más la primera vez. Cuando no te la puedes sacar de la cabeza. Todo está en las sensaciones que causa. La historia está efectivamente narrada, las imágenes son aplastantes, la música pone su nota de tensión en las escenas y los personajes son humanos, llenos de errores y dudas. Uno quiere que les vaya bien, se alegra y sufre con ellos, aunque se sabe que lo que les espera no es alentador: un día, diez años atrás, un cataclismo cambió el mundo como lo conocemos. La mayoría de animales han muerto, las cosechas se han perdido, los árboles que quedan en pie caen con los menores temblores que constantemente se dan. El invierno es eterno y hay que preocuparse por conseguir comida, tener zapatos para el continuo caminar y no ser atrapado por algunas de las bandas que hacen del canibalismo su método para sobrevivir. En medio de eso el andar de un padre y un hijo (que nació después del terremoto y nunca vio como la vida era antes) que se dirigen hacia el sur por recomendación de su esposa muerta, donde el frío será menor y los alimentos más fáciles de encontrar. Cada día es una aventura, escenas impredecibles que son de esperanza o material para pesadillas. El suicidio no es una mala opción.
Lo mostrado durante las dos horas es realmente crudo y desolador. El gris del paisaje va de la mano con la melancólica voz y actitud de Viggo Mortensen (su mejor actuación hasta ahora) ante todos los hechos que se le presentan. Y en eso radica lo mejor de la película: la reacción de él ante los eventos, la forma en que le enseña a su hijo a apretar el gatillo y suicidarse en caso de una emboscada, la desconfianza que tiene ante lo que podría presentarse como bueno, el egoísmo que poco a poco lo va consumiendo y la paranoia de que lo están siguiendo al toparse con extraños a los que maltrata porque no le quedan esperanzas de que hayan buenas personas. Si no fuera por su hijo tal vez el padre también estaría convertido en uno de los hombres malos, alguien capaz de cualquier cosa. El niño es el que lo mantiene con el fuego interno, el que hace que no se cruce al otro lado. Es lo que lo ata a la humanidad y no lo convierte en un animal. Su ángel, su Dios.



1 comentario:

Raul Farias dijo...

A, definitivamente entre las mejores películas de este año... Pensaba que iba a ser algo tipo I´m a legend, pero esta es mucho mejor y el libro espero leerlo.

Sobre Fargo, la AFI publicó las 100 mejores películas de todos los tiempo hace un par de años y Fargo apareció en el puesto 85 o por ahí

Saludos