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3 de diciembre de 2010

Portafolio literato II


Otra vez diciembre. De nuevo se vienen las compras compulsivas, los peatones apurados, las colas de tráfico, los taxistas cobrando las carreras más caras, las fiestas de fin de año, las malas noches. La ciudad en llamas. Todo se repite cada año, incluso un portafolio literato, que en esta ocasión no está a cargo de Vasco Szinetar – aunque de igual manera estas fechas son época de camaleones, sintiéndose otro, llevando un ritmo que no se practica en los restantes once meses –, sino del argentino radicado en París Daniel Mordzinski; que además de practicar periodismo investigativo y haber cubierto varias guerras se dedica a fotografiar a los escritores que ha tenido oportunidad de conocer. Ha publicado un libro, y en Mar del Plata, en la cumbre de Jefes de Estado, expondrá su obra. Está consciente que por cada nuevo novelista, poeta del que obtenga una imagen, un millar le faltará. Esperanzas para las letras de que no morirán. Página 12 le hizo un especial.

Un año que se va y que en cuanto a lo leído ha sido un corte al cordón umbilical de la literatura en español en la que siempre estuve inmerso, en los conocidos. Después de Roberto Bolaño y Andrés Caicedo fue hora de jugar de visitante, de decirle hola a Stephen King, a Jim Harrison, a Arthur Miller, a Rimbaud, a Baudelaire y más. Las fotos, a pesar de que no he sido presentado con varios de los ilustres como Bryce Echenique, Bioy Casares y otros, son un reencuentro.


Borges es un asunto pendiente que no debería estar en la lista; sin embargo me parece tan familiar, común, presente en la naturaleza. Por temor a parecer estúpido al no entenderlo o por falta de sincronización no lo he leído aún. ¿En la foto alguien le muestra luz? Por lo que he escuchado de él creo que no lo necesita. Espero algún día finalmente ponerme en posición decúbito dorsal, en el escalón correcto con el Aleph en la mano, brillando entre la oscuridad.


Oliveira se podía pasar horas recordando los detalles al extremo, la forma en que iban atados los zapatos y la marca de la lata de verduras que utilizaba su madre aquella vez en el mesón diez años atrás. Con el Cronopio aprendí a valorar lo que no tiene importancia, comprender que en las nimiedades están encerradas muchas respuestas. Disfrutar del ritmo de las letras, del sentido del humor en los relatos, del jazz mientras Perico le bufaba un Coltrane al resto del Club de la Serpiente, que el orden es un invento y no una regla. En la foto por su talla puede ser confundido con un boxeador peso pesado. Leerlo es descubrir a un genio. Siempre quise escribir como Cortázar. En serio hay que estar loco para que te salga natural.



Sabato es una cuestión más de sentimiento que de estilo, de crítica. No hay libro que más disfrute que “Sobre héroes y tumbas”. Nadie me lo recomendó, lo descubrí en el momento preciso, por casualidad y junto a Rayuela tengo que leerlo todos los años. Encontrar cada vez algo nuevo. Saber que sigo por ahí, recorriendo el Parque Lezama en mi imaginación. En la foto esa soledad de un centenario que siente haber vivido más de lo que debía.




Cuando pienso en Gabo la primera palabra que se me viene a la mente son adjetivos. Nadie puede describir un rostro como él. Nadie puede recrear el escenario republicano y colonial de la misma forma. Creador de mundos, del pasado contado como lo hacían los abuelos. En sus libros está impregnado el olor a tierra mojada de la lluvia, el aroma del cacao, el sonido de las hojas moviéndose por la brisa. La hojarasca llevándose todo a su paso, lo que queda es la imaginación de GGM. Al igual que sus obras la imagen refleja nostalgia.




El nuevo Nobel. Poco he leído de Vargas Llosa. Puede que no sea su obra más profunda, pero Los Cachorros es un cuento genial; ese estilo desordenado y la castración del pobre Pichulita, quitándole su derecho a crecer, es algo que a cualquiera le hubiera gustado escribir. La huella más inmadura de uno de los tipos más serios de lo que se puede hablar. Una imagen donde el peruano parece estar perdiendo la cabeza, presto a realizar una crítica.



Nos sobran los motivos para escuchar Sabina. Esa mezcla de ritmos, de instrumentos que acompaña a su talento para poner una frase donde debe. La vida de la calle, las putas, los perros y los gatos. Todo es un eterno poema convertido en canción, a cualquier cosa se la puede volver bohemia. Habla como le da la gana y sin embargo tiene tantos amigos. Contradicción porque sus melodías son excelentes para ratos de soledad, como en esta foto donde se niega aparecer en el centro.


Si Paulo Coelho es el profeta, Saramago es el anticristo. El pesimismo prevalece, el pesimismo enseñando tanto. Se puede vivir con la tristeza y desesperanza del mundo. Sus novelas son best – sellers que compiten con el Código Da Vinci. Un misántropo a medio camino que está en la boca y en el recuerdo de muchos. La foto es para ciegos.



En Argentina , en un pueblito llamado Tafí del Valle, sin nada que hacer en un hostal, un tipo de Bélgica me presentó a Amelie Nothomb, me dijo que la leyera. Días después JFA en su blog comentaba de ella. Me hice de un par de sus libros en el Ateneo ya más domesticado en Buenos Aires. Prefiero a la persona que a la escritora. No es hermosa ni tiene buenas piernas. Por alguna razón atrae, es alguien a quien se quiere conocer. Se desnuda en su obra. Un cementerio para una foto ya es algo trillado, aunque esa palidez es de vampireza.

Los pendientes:


Claude Levi – Strauss es un genio del que he tenido advertencias. Quedaré como loco. Habrá que correr el riesgo. En la foto con paso apurado, esperando ganar alguna discusión.



Bioy Casares es una leyenda que por respeto propio tengo que leer. La foto es una imagen del pasado. De conversaciones de café.


Para mí Bryce es el tipo que se subió a un yate con Fidel mientras Guayasamín trataba de venderles un cuadro - o algunos -. El sentido del humor de su obra es algo por descubrir. En la foto algo más serio, pensativo, inventando…



Javier Cercas ha comentado dos veces en este blog. Tengo listo Soldados de salamina para disfrutar en algún rato de mayor tranquilidad. Lo publicaban en El Telégrafo. Una buena columna fue aquella de la teta, de meterse al cine a escondidas para encontrarse con la imagen de un pezón. En la foto mucho menos serio de lo que parece.



Antonio Neuman es una máquina de escribir. Altamente recomendado por el detective salvaje Bolaño. Ganador de varios premios. La imagen de un hombre exhausto.


Villoro = fútbol. Sé que hay más cosas, más serias, menos banales. Varios artículos en Soho y otras revistas. Es hora de agarrar una de sus obras. La imagen es la de un fervoroso creyente. Un tipo enamorado.

30 de marzo de 2010

Portafolio luso

Saramago es portugués, sin embargo no creo que Ensayo sobre la ceguera haya transcurrido en Lisboa. Se supone que en la novela nadie tiene nombre y la ciudad aún menos. Todos víctimas de sus propios pecados y el castigo es la ceguera blanca como un mar de leche. Aunque ahora que lo pienso, pese a que Lisboa es una ciudad demasiada linda, demasiada cálida, entrañable, con gente extremadamente amable y romántica (y la mayoría de personas se veían mucho más felices que el resto de europeos que observé, teniendo en cuenta que es uno de los países con menores ingresos de la UE), y coqueta, quedarse ciego en Lisboa sería un verdadero castigo. Por algo Fernando Pessoa al contemplarla dejó su casi lúgubre y suicida estilo de escribir para recomendarnos que caminarla es «errar sin pensar», mencionando que «Si yo tuviese el mundo en la mano, lo cambiaría, estoy seguro, por un billete para la Calle de los Doradores».

Fado, bacalao y fútbol son lo principales referentes. El primero música triste parecida a un bolero; el otro algo delicioso, llevado a la perfección donde cada uno tiene su receta; y el último un fútbol vistoso y elegante pero que pocos títulos internacionales ha alcanzado. Eso era de lo único que me habían informadoen versión ultra zippeada. Por suerte algo más vi.

Se suponía que cuando estuve era invierno: llevar guantes, bufanda y varios abrigos encima, la comida casi hirviendo, fumar cigarrillos como desquiciado y una copa de jerez nunca venía mal. Madrid fue así, Barcelona casi, Sevilla también. En Portugal lo único frío fue la carretera llena de olivos. El sol nos esperaba ni bien cruzamos el puente 27 de abril y en Lisboa pudimos ir a la playa y andar en zapatillas (alguno se atrevió a surfear), quitarnos los abrigos, caminar sin descanso porque el clima era propicio, beber cerveza negra hasta hartarnos y el vino oporto que fue un lujo para un grupo de chiros, tratando de conversar con personas y únicamente respondiendo brigado, respirando una brisa extremadamente fresca con aroma a pasado.

Casas con techos rojos, azulejos por doquier, vistas al Tajo desde más de un rincón, puertos a montón, palacios, monasterios, el barrio alto de los bares, The dark side, donde los dealers no se cansan de ofrecerte hachís, los mendigos, los emigrantes angoleños, de Mozambique o Tanzania trabajando en las terrezas donde se ubican los bares, son algo de lo que pude visitar, observar y sacar algunas fotos, que son un montón pero acá solo dejo algunas.












13 de diciembre de 2008

Who watch the watchmen

Definitivamente la experiencia de cuidar a niños tiene su toque bizarro, surrealista y psicodélico; cuando algún familiar (hermano, primo, cuñado, tío, etc.) te lo pide, uno ya está totalmente seguro que emprenderá un luminoso viaje donde las cosas parecen más transparentes y sencillas de lo que creíamos.

El día de ayer llegando del trabajo a mi actual hogar en Cuenca, en el instante en que meto la llave dentro de la cerradura para abrir aquella verde puerta de madera, se presenta Paula, la hija de mi primo, y mi dice: ¿Están mis tíos? (con quienes vivo), a lo cual contesto: Recién llego, pero si quieres sube. Nadie se encontraba en casa y como Paula no quería bajar a la de sus padres, aplico la más sencilla y enciendo esa caja negra de 32 pulgadas que destila pestilencias. ¿Cuál es tu canal favorito? la interrogo y ella me dice: Cartoon network, entonces con el uso de mi pulgar aparece un Edén infantil en dos dimensiones; y después de pensar cómo una niña a los cinco años puede ser tan femenina y delicada, y llegando a la conclusión que seguramente en el futuro será una desperate housewive, dirijo también mi mirada hacia el televisor.

De alguna u otra manera aparece aquel cruel roedor llamado Jerry y el iluso felino, Tom (ambos creados por el dúo dinámico: Hannah – Barbera hace más de cincuenta años) en el bosque, luchando juntos contra una ardilla que no les dejaba ni un metro cuadrado para vivir en ese inmenso terreno. Como es de imaginar, Tom fue el que recibió los golpes hasta que finalmente atrapan a la ardilla (que raramente es el único que habla de los tres, me imagino que su lengua es el esperanto) y esta les dice que no hay problema alguno en que ellos también vivan en el bosque, pero en el mismo instante aparece un bulldog arrasando, con una retroexcavadora u otro de esos dinosaurios fabricados por Caterpillar, los árboles que se encuentren por su camino, y al mismo tiempo gritando (algo parecido a esto): Fuera de mi camino en nombre del progreso, aquí se construirá una nueva carretera. Al ver amenazado su hogar: Tom, Jerry la ardilla deciden sabotear al canino en cada uno de sus intentos. Finalmente el perro se rinde y decide negociar. Estos le presentan el plano de cómo podría ser la carretera y acto seguido vemos la imagen de los tres compañeros almorzando en medio del ruido, mientras uno de ellos dice: Perdón por el ruido pero al progreso nadie lo puede detener, y al mismo tiempo apreciamos como la nueva carretera fue construida encima del bosque y millares de autos pasan por ella sin tocar árbol alguno.

Después de los comerciales aparecen Edgar & Ellen, una caricatura que nunca antes había visto. Los personajes principales son dos hermanos creados por algún fanático de Tim Burton, que a su vez fue un fanático de Edgar Allan Poe (Edgar & Ellen). Ambos con su pinta de góticos y freaks lo que menos desean es la popularidad y la admiración del resto de sus compañeros de escuela, sin dejar de ser simpáticos por estas razones. En el capítulo que vi ayer, los dos hermanos cometen un fraude en las elecciones escolares para que no gane Stephanie (o Wendy, o Cindy. Aquí no interesa el nombre sino saber que es la niña más popular de la escuela, una rubiecita de ojos brillantes); el plan consistía en llenar las urnas con el nombre de un estudiante que no existe, pero Ellen en un delirio de orgullo al ver su obra de arte, inconscientemente firma los papeles con su nombre, por lo que ella resulta ganadora de la elección. Al minuto de haber adquirido el poder podemos verla con un sombrero de Napoleón dando órdenes y cualquiera que la desobedezca será torturado. Así aparece su hermano atado en el jardín de la escuela junto a la niña popular, y ahí ambos deciden dar un golpe de Estado durante un acto en el cual Ellen, ahora portando un sombrero fascista, planea invadir el resto de las escuelas de la ciudad. El golpe de estado por supuesto que se lleva a cabo y todos sus compañeros le dicen a Ellen que no les gusta ser castigados por no pensar como ella. Stephanie es elegida como nueva presidente y en ese instante aparecen Edgar y Ellen también colgados, a manera de tortura, en el jardín de la escuela.

Con estas moralejas (la una ecologista y la otra a favor de la democracia) para niños (no recuerdo este tipo de caricaturas durante mi infancia), el escritor José Saramago vuelve a acertar en su cuento A flor máis grande do mundo al decirnos: ¿qué pasaría si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para adultos? ¿Seríamos capaces de aprender lo que tanto tiempo venimos enseñando?





Esquirlas: Deje de ver El chavo porque detestaba cada vez que Doña Florinda golpeaba a Don Ramón. Lo mismo pasa con Bugs Bunny y el Coyote, y con Tom y Jerry/. El UNIVERSO estreno nueva página web pero los lectores aún no podemos comentar y debatir los editoriales/. Estos dos dibujos animados me parecen mayores ejemplos de libertad de expresión que ver a Marián quejándose de AUD por su protesta en contra de una reportera de su programa; o mantener los programas triple Z de CN3 (herencia de la familia Isaías) con ideología única. Y siempre los medios de comunicación cuando se vean amenazados nos responderán: El espectador podrá decidir qué es lo que quiere ver. A ese burdo cuento, sus representantes, para agregar una gota de sinceridad, deberían añadirle: Pero nosotros decidimos que transmitir. Y ya que estamos hablando de comics, uno de mis favoritos dice: Who watch the watchmen? (¿Quién vigila a los vigilantes?) Eso deberíamos preguntarnos de los padres de la libertad de expresión/. No me he olvidado de Ricardo Antón pero creo que muchos lo han opinado mejor...

11 de noviembre de 2008

Aciertos y desaciertos de ciegos

En un mundo donde las biografías, libros de auto - ayuda, textos para encontrar la bonanza financiera, literatura Light (Paulo Coelho) y otras aberraciones conforman el listado de los más leídos, definitivamente Saramago va en contracorriente de las tendencias actuales. A contracorriente también del microcosmo de intelectuales literarios, que tienen como principio básico, que los buenos sentimientos son sinónimos de mala literatura.

Lo de los buenos sentimientos es para la discusión, porque en algunas de las entrevistas que le han realizado, Saramago siempre se ha considerado un ateo profundamente enamorado de la utopía de Jesús, y en sus pensamientos se expone su convicción de igualdad y justicia en el trato entre seres humanos; aunque en sus palabras también se nota cierto misántropo pesimismo de que estamos condenados a vivir en un egoísta mundo de mierda gobernado por personas, y tiene la certeza de que si se da un cambio en el mundo, este será para peor y a la civilización humana no habría que apostarle ni un céntimo.

Este encuentro mezclado de demonios pesimistas y esperanzados se refleja en Ensayo sobre la ceguera, la principal obra de este autor portugués que se define a él mismo como un autodidacta orgulloso y comunista libertario (intrigante). Ensayo... nos transporta a un abyecto mundo de personajes sin nombres, donde se puede apreciar lo peor y lo mejor de las personas.

Entre las frases subrayadas que tengo en mi texto, son de destacar, para esta ocasión (y antes de ver la película, para no olvidar las primeras imágenes que me dejó este mundo sin ojos), a las que mejor representan esta metáfora de una sociedad sin respeto y sin solidaridad, donde para Saramago todos nos hemos quedado ciegos:

Es como si hubiera caído en un mar de leche... Estamos aislados, más aislados de lo que probablemente jamás estuvo alguien anteriormente... Ningún perro reconoce a otro perro por el nombre... Un simple atasco en el retrete, solo uno, y esto se convertirá en una cloaca... Hay muchas formas de convertirse en animal y esta solo es la primera...

El mundo caritativo de los cieguitos se ha acabado, ahora es el reino duro, cruel e implacable de los ciegos... La mayor dificultad para poder vivir razonablemente en el infierno es el hedor que allí hay... La ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza... Estamos ciegos porque estamos muertos, o estamos muertos porque estamos ciegos...

Espléndido relato desgarrador de este hijo de la localidad de Azinhaga, que mientras más viejo se vuelve, más radical piensa (palabras que él mismo mencionó en alguna ocasión).

Pero, oh! Decepción, esta senil radicalidad o la desesperanzada ceguera parece haberlo envuelto en el mundo real, al darle su apoyo a Hugo Chávez, del cual Saramago dijo el año pasado: que el poder que tiene es porque se lo ha dado la gente al votar en varias ocasiones por él, apoyo que se mantiene hasta el día de hoy y que se podrá apreciar en la próxima Feria del Libro en Caracas, donde se presentará una versión del Quijote de Cervantes con un prólogo escrito por el portugués, en lugar del redactado Mario Vargas Llosa (de derecha y liberal). Parece que Saramago no se ha enterado de las advertencias de Chávez hacia la oposición, en caso de que esta gane en alguno de los principales departamentos, dentro de las próximas elecciones seccionales.

No soy partidario de que por estos hechos debamos quemar o prohibir a nuestros conocidos los textos de Saramago. La obra literaria de Günter Grass no vale menos por su pasado nazi, ni la de Milan Kundera por el supuesto delato que le hizo a un compañero de universidad y al cual encarcelaron por 22 años en una mina de uranio.

Los libros son las ventanas que nos permiten ver y disfrutar como otras personas piensan distinto, sin embargo también se debe manifestar y discernir cuando uno no esté de acuerdo con los actos e ideas de los autores.

Seguiré con la ficción de Saramago (me falta La caverna) porque la disfruto y porque tengo el mismo de derecho de hacerlo, como lo tiene cualquiera de criticarlo o criticarme a mí por leerlo.

1 de octubre de 2008

Durante el invierno

Enciendo el televisor y saltan ante mí imágenes de las pinturas de Carlos Alonso, hombres y mujeres desgarrados, sin esperanza, sin dignidad y conciencia, flagelados por sus propios actos o las consecuencias de los cometidos por otros. En ese momento recuerdo a los ciegos, ciegos inventados por Saramago que recorren una ciudad convertida en ruinas, casi animales, sin rumbo, sin las emociones que le daban sus ojos, sin nombres porque eso ya no importa. “Ciegos que ven, ciegos que viendo no ven, porque no quieren ver”, como decía la única persona con ojos útiles de ese mundo babieco, antropófago y escarnecido que podemos distinguir los que aún no hemos sido víctimas de ese mar de leche, de esa ceguera blanca.

Ciegos con un corazón vejado, ciego expoliados de su vida, de su futuro. Ciegos que traen a mi memoria la Guernica de Picasso. Guernica de Picasso que a nosotros nos enceguece, como dice Palau, nos aturde y no quiere ser contemplada, quiere ser participe de la historia. Palau que hasta ahora tan solo era la primera calle que pisé en Barcelona, la que me conducía desde Las Ramblas hacia el Barrio Gótico, la que camine aquella soleada mañana de febrero del dos mil ocho, sin saber que al mismo tiempo, ese día veintitrés, Palau dejaba de existir, dejaba de sentir el arte, dejaba de interrogarnos. Palau en ese instante en que moría, para mí recién cobraba vida y dejaba, en mi memoria, de ser un montón de adoquines en una ciudad tan radiante como Barcelona.

Guernica de Picasso que recuerda una barbarie, barbarie con el consentimiento del caudillo Franco. Guernica de Picasso que presenta una victoria del espíritu sobre la materialidad de los poderes fácticos, un símbolo de destrucción, una muestra de realidad y representación de la tragedia, un recuerdo de que todo lo que amamos morirá como decía Michael Leiris. Destrucción que no la he vivido, destrucción de la que no puedo ser empático, destrucción que me recuerda a los ciegos de Saramago y sus más bajos instintos. Destrucción que son como esos objetos que he leído pero nunca los he visto, objetos que solo conozco por nombres: zapador, plañidera, noria, cazo, palangana, zaguán, linfa, calcañar, que sólo son algunos que recuerdo.

Guernica de Picasso que nos recuerda a García Lorca, García Lorca que nos recuerda a los desaparecidos de la Guerra Civil española, García Lorca sin tumba, sepultado en el barranco de Viznar, víctima también de la destrucción. Viznar que pertenece a Andalucía, Andalucía que recorrí: Córdoba, Granada, Sevilla, Huelva, el río tinto y el Moguer de Juan Ramón Jiménez, la Málaga de Picasso. García Lorca que también es un Guernica, García Lorca grande como Picasso. Picasso que tiene una torre con su nombre en Madrid, Madrid que la camine como nos enseño Fito, por El Retiro que en Madrid hacía un rico frío, andando por Castellana que abrigaba el cielo y la mañana. Fito Páez que en Madrid se juntó con Sabina. Sabina que canta Yo me bajo en Atocha. Atocha que también es un Guernica. Atocha que lo recorrí después del horror de aquel once marzo del dos mil tres y me llevó a Toledo. Toledo que fue la última fortaleza de Franco. Franco que con su terror hizo posible el Guernica de Picasso.
Guernica de Picasso y canciones de Fito y Sabina que nunca podré realizar, entonces por el momento palabras, palabras que no lisonjean pero están ahí, palabras que son la vividas, palabras que se unen con otras para formar sinestesia. Palabras que por ahora son escritas por un ciego que ve, ciego que viendo no ve, porque no quiere ver.


24 de septiembre de 2008

Estoy ciego, estoy ciego

Uno abre su correo y se encuentra con algo así: Estaba una universitaria hablando con su padre sobre lo aprendido en sus estudios, contaba sobre sus lecturas de Marx y el materialismo dialectico, la lucha de clases, la distribución igualitaria y otras teorías que encontró en EL CAPITAL, dándole total razón al pensador alemán y pidiéndole una explicación al padre del actual sistema económico mundial y todos los perjuicios que ha traído la derecha. El papá pasivo y sereno le pregunta a su retoño de cómo va su mejor amiga. Ella le contesta que muy mal porque tiene descuidados sus estudios y no le da mayor interés. Acto seguido el progenitor le pregunta al fruto de sus entrañas de por qué no le da algunos puntos de sus excelentes calificaciones a su compañera. La respuesta que se espera es de lo más lógica: Ella no se lo merece, esto es resultado de mis esfuerzos, y él lo único que responde es: Hija, bienvenida a la derecha.

Esta hueca historia del conocido estilo simplista de La culpa es de la vaca o Quién se ha llevado mi queso, no provocaría ningún daño si no pasara de anécdota, lastimosamente estos dos textos son best sellers y de lectura obligatoria para todos los estudiantes de negocios, y al estar yo presente en esas clases, confieso que se nos imponían como verdades absolutas (suerte que en casa me enseñaron que los libros te deben provocar mayor curiosidad que respuestas) y lo corroboro con algunos comentarios de mis compañeros: Ja! Buen ejemplo; más atinado no podría ser; digno de usarlo de ejemplo con nuestros hijos. Si fuera así, tan simple para que alguien acepte determinada ideología, como la hija estudiante con Marx, o como mis amigos con su historia, yo les podría decir que lean Ensayo sobre la ceguera de Saramago, que trata de cómo en un país todos sus habitantes se quedan ciegos y son capaces de cualquier cosa para sobrevivir. Una parábola que crítica al individualismo capitalista donde prima la competencia, y de paso el libro muestra al comunismo como mejor opción. Añadiendo también que esta historia no fue escrita por cualquiera, sino por un Premio Nóbel de Literatura.


Claro que otro día también podría comentarles que Saramago apoyaba el régimen cubano, hasta que un día se enteró de cómo Fidel mandó a fusilar y encarcelar a varios traidores de la revolución (algunos periodistas), y las palabras que se escucharon del escritor portugués fueron: Hasta aquí he llegado. Y claro que cuando crezca, y deba mantener a una familia, es probable que me despoje de algunos pensamientos izquierdistas que ahora tengo, podría decir como uno de los personajes de Benedetti: Se sigue fiel a los principios o se gana plata.

El mismo Marx ya señalaba que encuentra mayor explicación de los sucesos de la economía en los cuentos de Charles Dickens que en la teoría económica. Y es fácil observar que hay algo de verdad en eso. Para muestra, como ejemplo, tengo el prologo del Fausto de Goethe cuando discutían el director, el poeta dramático y el gracioso, notando en el primero claramente una ideología capitalista; en el segundo socialista; y el tercero, digamos una tercera vía. En la literatura, mi reparo con los simpatizantes de derecha en Ecuador, respecto a su vocación por las historias cortas y sencillas, es que las usan como principal argumento de exposición de ideas y adoctrinamiento. Ya decía la directora del Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP), en un editorial hace un par de años, de que el principal problema de la derecha es su falta de buenos escritores. Y el problema de la izquierda ecuatoriana es que con sus actuaciones, en nombre de personajes del pasado, provocará que pronto utilizar los términos Alfarismo y Bolivariano, sea lo mas parecido a invocar al cuco.

Fuentes:
Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago.
Gracias por el fuego, de Mario Benedetti.
Fausto, de J.W. Goethe.
Las historia de EL CAPITAL de Karl Marx, por Francis Wheen.
http://www.ieep.org.ec/
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