18 de noviembre de 2008

Antes que la prohíban

En Cuenca, entre aburrimientos y monotonía de una ciudad taciturna, desde el jueves pasado hasta el jueves que sería pasado mañana, se está realizando el 7mo festival internacional de cine (FICC). Más de 40 películas, la mayoría latinoamericanas; es decir una chance para ojear al nuevo y viejo cine que difícilmente llega a esta localidad rodeada de valles.

Por motivos de sorna, recién ayer decidí asistir, ahora arrepintiéndome de no haber presenciado las funciones de fin de semana. Los rincones cuencanos apartados para el festival son el Teatro Sucre y el Park Cuenca (un antiguo cine demolido para convertirse en parqueadero, todo en aras del progreso, pero con la condición de dejar un pequeño cubo en el 4to piso para que los cinéfilos conserven un ghetto).

El menú de comienzo de semana te ofrecía seis filmes para disfrutar, lamentablemente, por motivos de rutinario trabajo, mis opciones se vieron reducidas a tres películas. De las que no tenía ninguna chance estaban: Surfing favela (brasileña), Bolivia para todos (boliviana) e Historias extraordinarias (argentina, la cual ya había visto anteriormente y recomiendo a aquellos que les gustan los relatos sencillos). Y de las opcionadas la lista consistía en: Carmen la que contaba 16 años (venezolana), El colombian dream (colombiana) e Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (mexicana).

La elegida fue la colombiana, por la razón de que no tenía mayor interés en escuchar los relatos de un asesino en serie de México D.F., menos una historia de un policía que asesina a la muchacha que antes había salvado (me suena a culebrón venezolano). Así que sin más preámbulos, y con ganas de algo diferente a las pelis de Arturo Ripstein, a las 21 horas me dirigí al estacionamiento convertido en cine para ver El colombian dream.



La historia te la cuenta Lucho, un feto abortado hace 14 años, que como todos los muertos, todo lo puede ver. La película comienza en el Colombian Dream (un antro de propiedad de Lola, la madre Lucho, que le puso ese nombre a su local porque a ella le negaron la visa a EUA y nunca pudo lograr el American Dream), con una música pegajosa y vertiginosas escenas que te invita a seguir expectante de la trama.

El Colombian Dream entonces vendría a ser ese sueño de colombiano (expandiéndolo a latinoamericano) de tener un negocio propio y hacer plata fácil (así como en Colombia ahora hay protestas por esas pirámides, que así como las hormigas pueden levantar varias veces su peso, estas te devuelven tres veces el valor que depositaste).

Pepe y Enrique Arango (gemelos, hijos de un español que le teme a la muerte y por eso vive del sexo, y sobrinos de Lola) y Rosita (hija de Lola), además de formar un triángulo amoroso, un día conocen, en el American Dream, a un, denominado por Lucho, “Ángel” y este último, a los tres, les presenta una pastillitas de felicidad, curiosamente amarillas (la riqueza de nuestras tierras), azules (el vasto mar que rodea a las tierras) y rojas (la sangre de los próceres).

Este acercamiento a las drogas, conducirá a estos teenagers a una historia de narcotráfico, sicarios, cuernos y más.


Pero lejos de ser un drama al estilo de “El cartel” u otras de esas novelas colombianas que tratan una problemática social, Colombian dream está llena de recursos técnicos que la vuelven surrealista y psicodélica, parecida a una alucinación por consumo de éxtasis, LSD o a algún video musical de los tiempos de Beavis & Butthead, e hilarante, aunque después de los primeros cuarenta minutos la película resulta agobiante por el abuso del humor y chiste fácil.

El director Felipe Aljure, con la trillada, pero brutal, temática de las drogas, trata de alejarse del realismo mágico colombiano de Macondo (claro está que no logra superarlo) y ser pionero en una nueva narrativa en Colombia (dejando mucho que desear con este segundo intento) sobre los valores de la nueva generación.

16 de noviembre de 2008

En todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío...

Desde las primeras páginas de esta atroz historia de autoría de Sabato, te sorprende que el narrador de la historia sea un tipo vil lleno de rencor y desgracias provocadas por él mismo. Debo confesar que ahora lamento no haber aprovechado mejor el tiempo de mi libertad, liquidando a seis o siete tipos que conozco… Siempre he mirado con antipatía y hasta con asco a la gente… La humanidad me pareció siempre detestable. Y es más impresionante que esta historia transcurra en los años 50, época que nuestras madres nos resaltan como ejemplo de lo bueno, galantes y caballerosos que eran los hombres de aquel entonces, aunque si lo piensan bien, muchos de esos hombres son los racistas, xenófobos y prepotentes que dejaron una huella de la que recién nos estamos librando, pero como lo dice el principal personaje del “El túnel”: Siempre he pensado que no existe la memoria colectiva… El pasado me parece tan horrible como el presente…


Juan Pablo Castel es el personaje principal del libro de Sabato, un abyecto y despreciable pintor, el cual cuenta su historia a manera de monólogo desde la cárcel después de haber asesinado a María Irribarne, por lo que de todos los personajes introducidos en la novela: no sabemos nada, porque a estos los vemos con los ojos del asesino pintor.

Juan Pablo pinta para una exposición y fuera de la temática central del cuadro, existe una escena de una ventanita que da a una playa con una mujer mirando al mar. Era una mujer que miraba como esperando algo, quizá algún llamado apagado y distante. María es el solitario ser que se detiene a observar detenidamente la escena y Juan Pablo, viéndola a ella, siente que es la única persona que ha llegado a entenderlo, y ahí, el lector creyendo que comienza una historia de amor y nace un poquito de esperanza en este despreciable hombre, simplemente presencia como sucede lo peor.

Mi cabeza es un laberinto oscuro… Juan Pablo hace lo imposible para contactar a esta mujer y se imagina como serán sus conversaciones con ella y como llegará a conocerla, torturándose a él mismo en todo este lapso. Una vez que la conoce, sentía que en esa casa (María) renacían en mí los antiguos amores de la adolescencia, la trama cada vez se va volviendo más oscura y la locura de Juan Pablo se desata por una desconfianza carente de sentido hacia María. Las peores cosas de María las imaginaba precisamente con esas sombras anónimas… y kafkianamente, ante nuestra impávida mirada, este hombre poco a poco, y a veces violentamente, se transforma. El hombre aquel comenzó a transformarse en pájaro.

La desesperanza es total en el libro y ni siquiera el suicidio es una salida para el atormentado personaje: La vida aparece a la luz de este razonamiento como una larga pesadilla, de la que sin embargo uno puede liberarse con la mente, que sería así, una especie de despertar. ¿Pero despertar a qué? Esa resolución de arrojarse a la nada absoluta y eterna me ha detenido en todos los proyectos de suicidio.

Desde el existencialismo viene Sabato para acompañarnos en un cavernoso viaje hacia las peores y más recónditas sensaciones del ser humano.


Para destacar, aunque viole alguna ley de derechos de autor: Uno de los mejores pasajes que debe existir en la literatura.

Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado.

¡La hora del encuentro había llegado! Pero, ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión me había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable… No, ni siquiera ese muro era siempre así: A veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía que pasaba del otro lado, que era de ella en esos intervalos anónimos, que extraños sucesos acontecían, y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío...

15 de noviembre de 2008

Caretas

Para algunos expertos, la palabra persona proviene del griego prosopón, término con el que se denominaba a las máscaras utilizadas por los actores de las tragedias griegas.

“The Yes men” (activistas) se encargan de mostrar el verdadero rostro de las corporaciones e instituciones globales. Así han asistido a invitaciones de congresos simulando ser representantes de la OMC que defienden la esclavitud (esto como ejemplo de sus variadas acciones).


Pero existen algunos personajes que no necesitan ser desenmascarados, sino que cambian de careta según las circunstancias e intereses. Como se tiene una máscara para el rol de hijo, o en el trabajo, José María Aznar (ex presidente de España) ha mostrado diferentes máscaras en su faceta de líder y personaje público.

Este madrileño, de joven sindicalista conservador, durante su mandato firmó el Protocolo de Kyoto y ratificó su adherencia ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, sin embargo el 22 de octubre del 2008, dentro de la presentación del libro del presidente checo Vaclav Claus, “Planeta azul (no verde)”, editado por la Fundación FAES de la cuál Aznar es el máximo directivo, durante su discurso expuso sus dudas sobre el fenómeno del cambio climático.

Duras críticas ha recibido el anteriormente mandatario español, e incluso el Partido Popular (con el cual llegó al poder), a través de su actual líder, Mariano Rajoy (criticado por la misma razón), eludió hablar del tema, señalando que esa era la opinión personal de Aznar y no del partido.

Leyendo el discurso, publicado en la página web del diario El País de España, se puede notar que los medios de comunicación han sobredimensionado las expresiones, y que lo pretendido por Aznar es involucrar a otras voces en el debate sobre las consecuencias de la actividad humana en el calentamiento global; aunque son de analizar varias comparaciones que hace entre los comunistas y los defensores del medio ambiente, y sus palabras sobre la crisis financiera y el Partido de Gobierno, Partido Socialista Español (sin olvidar que Aznar es dueño de una empresa especuladora que financia papeles tóxicos).

Ante todas estas palabras es necesario preguntar: ¿Por qué un hombre que durante su presidencia firmó el tratado global más importante en temática ambiental, ahora apoya un libro que critica que financien recursos a esta causa?.

Aznar, después de su presidencia, comenzó una interesante y exitosa carrera empresarial, siendo parte del consejo de News Corporation, de propiedad del multimillonario texano Rupert Murdoch, donde también tiene como patrones a Faved Sarofim y Charles Wilson, los dos fuertemente relacionados con la industria petrolera. En un excelente reportaje de la revista Interviú, se menciona que Aznar también es invitado de honor y exponente de instituciones filantrópicas de carácter neoconservador en Washington D.C. como la American Enterprise Institute for Public Policy Research (AEI), a la que pertenece Dick Cheney (vicepresidente de Bush) y la Heritage Foundation, ambas con lobbies negacionistas del cambio climático financiados por Exxon Mobil.



Este hombre que durante su mandato mostró pruebas de que en Irak existían armas de destrucción masiva (España fue atacada por Al Qaeda en el 2004), pero que ahora niega que las haya (al igual que lo hace con lo discutido en el Kyoto), con la FAES mantiene amplia influencia en América Latina.

Sin importar si las amenazas que presentan los temas discutidos en los foros de la FAES son reales, como el neoestatismo, populismo, militarismo e indigenismo, es necesario detenerse un segundo y ver la verdadera careta de quienes quieren adoctrinarnos.

13 de noviembre de 2008

Ciudades vivas por la tiza

Un capítulo de la Rayuela de Cortázar (pág. 480) comienza con Pola (la amante de Oliveira) mirando al suelo y medio mundo mirando al suelo. La imágenes descendentes que se presentaban eran, desechables, obras de arte pintadas con tizas, espectáculo que perduraría hasta el siguiente día, para luego trasladarse a otras calles, esto si los jóvenes o viejos artistas reciben unas pocas monedas de los curiosos presentes.

Julian Beever (artista británico callejero), los días miércoles en Film & Arts, presenta un reality show llamado Arte urbano, en el que viaja por distintas ciudades alrededor del mundo para conocer a los mejores artistas (y sus técnicas) callejeros de las localidades visitadas, además de realizar una obra con tiza en tres días que represente, a su parecer, la idiosincrasia del lugar. En noviembre podremos verlo por New York, San Francisco, París y Ciudad de México.


Durante el periodo desde que se terminó de redactar la nueva Constitución hasta el referéndum de aprobación, uno de los gratos sabores que dejó la oposición y algunos activistas que apoyaban el Sí, fue la muestra de imaginación a la hora de hacer campaña. Olvidando a las personas que paseaban un borrego por las aceras o la viudas que se vestían de negro, el haberle vendado los ojos a varias estatuas alrededor de Quito o el pegar afiches parecidos a los de clausura que coloca el SRI a los locales que no cumplen con las disposiciones, pero estos irreverentes con contenidos alusivos a la propiedad privada, simplemente fueron ideas geniales.

En Guayaquil, aparentemente la imaginación únicamente se desata en el salón octubre y en el salón de julio (además de los eventos políticos), con algunas obras que te puede volar la mente. Galerías de arte como DPM (se recomienda el blog de Rodolfo Kronfle: http://riorevuelto.blogspot.com/) también mantienen notables exposiciones.

Sin embargo, el arte en Guayaquil, pareciera necesitar una fuerte dosis de comunismo para que esta salga a las calles y esté dispuesta a expresarse y revelarse ante todo el mundo y no permanecer en remotas islas con pocos visitantes.

En una ciudad donde cansa la monotonía y rigidez de la arquitectura, no vendría nada mal darle algo de vida, y no hay que referirse únicamente a los grafitis, que en la mayoría son asociados con pandillas o "lacras sociales", aunque varias de las más sabias frases que he escuchado o leído están retratadas en paredes alrededor del globo, como las famosas del mayo del 68: “Prohibido prohibir” o “Debajo de los adoquines, la playa”.

Si se comienzan a rayar las paredes del cabildo porteño, varios grupos de urbanidad y ciudanía, seguramente encabezados por Margarita Arosemena, empezarían a marchar y protestar, por según ellos, dañar el ornato de la ciudad, entonces para que todos seamos felices, podrían invitarse a artistas locales y/o extranjeros que trabajen bajo la técnica de Julian Beever, donde sus obras de arte sean perecederas, retratando las costumbres y estilos de vida de los guayaquileños, donde incluso después de un tiempo, por propia decisión de los moradores de los sectores, la imagen podría quedarse permanentemente (en Gran Bretaña, vecinos de barrios han pedido que no se borren ciertos grafitis porque los sienten parte de la comunidad).
El mismo Julian, y se puede verificar mientras vemos su programa, señala que estos dibujos crean un aire de confraternidad entre las personas que se detienen a observarlos y varias ciudades alientan a su exposición. En Guayaquil debería buscarse otras formas de que los ciudadanos disfrutemos de los lugares públicos.

11 de noviembre de 2008

Aciertos y desaciertos de ciegos

En un mundo donde las biografías, libros de auto - ayuda, textos para encontrar la bonanza financiera, literatura Light (Paulo Coelho) y otras aberraciones conforman el listado de los más leídos, definitivamente Saramago va en contracorriente de las tendencias actuales. A contracorriente también del microcosmo de intelectuales literarios, que tienen como principio básico, que los buenos sentimientos son sinónimos de mala literatura.

Lo de los buenos sentimientos es para la discusión, porque en algunas de las entrevistas que le han realizado, Saramago siempre se ha considerado un ateo profundamente enamorado de la utopía de Jesús, y en sus pensamientos se expone su convicción de igualdad y justicia en el trato entre seres humanos; aunque en sus palabras también se nota cierto misántropo pesimismo de que estamos condenados a vivir en un egoísta mundo de mierda gobernado por personas, y tiene la certeza de que si se da un cambio en el mundo, este será para peor y a la civilización humana no habría que apostarle ni un céntimo.

Este encuentro mezclado de demonios pesimistas y esperanzados se refleja en Ensayo sobre la ceguera, la principal obra de este autor portugués que se define a él mismo como un autodidacta orgulloso y comunista libertario (intrigante). Ensayo... nos transporta a un abyecto mundo de personajes sin nombres, donde se puede apreciar lo peor y lo mejor de las personas.

Entre las frases subrayadas que tengo en mi texto, son de destacar, para esta ocasión (y antes de ver la película, para no olvidar las primeras imágenes que me dejó este mundo sin ojos), a las que mejor representan esta metáfora de una sociedad sin respeto y sin solidaridad, donde para Saramago todos nos hemos quedado ciegos:

Es como si hubiera caído en un mar de leche... Estamos aislados, más aislados de lo que probablemente jamás estuvo alguien anteriormente... Ningún perro reconoce a otro perro por el nombre... Un simple atasco en el retrete, solo uno, y esto se convertirá en una cloaca... Hay muchas formas de convertirse en animal y esta solo es la primera...

El mundo caritativo de los cieguitos se ha acabado, ahora es el reino duro, cruel e implacable de los ciegos... La mayor dificultad para poder vivir razonablemente en el infierno es el hedor que allí hay... La ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza... Estamos ciegos porque estamos muertos, o estamos muertos porque estamos ciegos...

Espléndido relato desgarrador de este hijo de la localidad de Azinhaga, que mientras más viejo se vuelve, más radical piensa (palabras que él mismo mencionó en alguna ocasión).

Pero, oh! Decepción, esta senil radicalidad o la desesperanzada ceguera parece haberlo envuelto en el mundo real, al darle su apoyo a Hugo Chávez, del cual Saramago dijo el año pasado: que el poder que tiene es porque se lo ha dado la gente al votar en varias ocasiones por él, apoyo que se mantiene hasta el día de hoy y que se podrá apreciar en la próxima Feria del Libro en Caracas, donde se presentará una versión del Quijote de Cervantes con un prólogo escrito por el portugués, en lugar del redactado Mario Vargas Llosa (de derecha y liberal). Parece que Saramago no se ha enterado de las advertencias de Chávez hacia la oposición, en caso de que esta gane en alguno de los principales departamentos, dentro de las próximas elecciones seccionales.

No soy partidario de que por estos hechos debamos quemar o prohibir a nuestros conocidos los textos de Saramago. La obra literaria de Günter Grass no vale menos por su pasado nazi, ni la de Milan Kundera por el supuesto delato que le hizo a un compañero de universidad y al cual encarcelaron por 22 años en una mina de uranio.

Los libros son las ventanas que nos permiten ver y disfrutar como otras personas piensan distinto, sin embargo también se debe manifestar y discernir cuando uno no esté de acuerdo con los actos e ideas de los autores.

Seguiré con la ficción de Saramago (me falta La caverna) porque la disfruto y porque tengo el mismo de derecho de hacerlo, como lo tiene cualquiera de criticarlo o criticarme a mí por leerlo.

Mientras en Kenia se baila, ¿Qué pasa en el Congo?

El martes 4 de noviembre, la villa de Kogelo, Kenia fue una fiesta con el triunfo electoral de Barack Obama. Los residentes del lugar donde de niño se crió, pastoreando cabras, el padre del 44avo presidente de los Estados Unidos de América ofreció sacrificar un buey si se daba la victoria, y la promesa se cumplió en una celebración donde estuvieron presentes la abuela, Sarah y el hermanastro, Malik del flamante mandatario hawaiano.

Las celebraciones llegaron a Nairobi (capital de Kenia) y otras localidades del país, el presidente keniata mando a asfaltar la carretera que conduce a Kogelo y dispuso de una mayor seguridad para la familia africana de Obama (lo que me recuerda a las discusiones que se mantienen sobre el tema de la seguridad en Guayaquil entre las Cámaras de turismo, un modelo de seguridad que no está enfocado hacia el ciudadano, sino al turista y del que colateralmente se podrían beneficiar los guayaquileños).


Y ya que África está tan de moda en estos días, trasladémonos un poco al sur de este continente y veamos lo que está sucediendo en la República Democrática del Congo (donde el Che Guevara estuvo en los años 60): Desde 1997, según OXFAM, 3.8 millones de personas han perdido la vida (por causas relacionadas con el hambre y enfermedades prevenibles) en una de las más crueles guerras civiles, conflicto provocado por la oposición hacia el dictador Mobuto, el genocidio en Ruanda y la violencia desatada en Burundi (hechos que provocaron que miles de desplazados se trasladen a lo que antes se conocía como Zaire y apoyen la insurrección).

La guerra civil finalizó en el año 2003 con un gobierno de transición y el 23 de enero del 2008, se firmó un acuerdo de paz entre el Gobierno congoleño y 22 grupos armados. Sin embargo, el 29 de octubre del presente año, unas 20 mil personas de la zona de Kibumba fueron desplazadas por enfrentamientos entre el Ejército y el grupo de oposición: “Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo” liderado por Laurent Nkunda.

José García Botía, que pertenece a uno de los “Comités de Solidaridad con África Negra”, duda de la presencia de cascos azules de las Naciones Unidas en suelo congoleño y la masiva cobertura de los medios a un país, que durante su más cruento periodo, no se le dio mayor importancia. Una prueba es la reciente manifestación en las localidades de Goma y Bukavu en contra de la presencia militar internacional.

Las razones para este rechazo del pueblo congoleño y la duda del investigador español, se debe a que varios residentes de las localidades donde se están dando los enfrentamientos, han visto a los soldados de la ONU cargando helicópteros con minerales hacia Ruanda y entregándoles armamento a las tropas de Nkunda. El apoyo hacia este señor de la guerra, tiene su razón de ser, porque el Congo es uno de los países con mayores riquezas minerales dentro del África: Oro, cobalto, diamantes, cobres y estaño son sus principales reservas, pero la joya de la casa es el coltán, el cual produce tantalio, que es esencial para la fabricación de teléfonos celulares y el Congo, debido a su escasez mundial, es un monopolio en cuanto a las reservas.



La sospechosa, reciente, intervención a cargo de Francia y Bélgica con los cascos azules, viene por la presencia de empresas y el Gobierno chino en negociaciones con los dirigentes del Congo para la compra del coltán, a cambio de porcentajes mayores de los que ofrecen actualmente las multinacionales occidentales, peligrando, además del negocio de las telefónicas europeas, también las ganancias de traficantes ruandeses que sacan las materias primas por sus fronteras y de las que se beneficia el presidente de Ruanda (a la que internacionalmente se declara como un ejemplo de desarrollo), Paul Kugame, que a su vez financia a Nkande.

Para África, con la llegada de Obama a la presidencia de EUA, también se esperan winds of change.

Fuentes:
Alguna de las claves para saber lo que está pasando en la R. D. del Congo, por José García Botia.
http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1453
Oxfam da la voz de alarma sobre la escalada de violencia en el Congo.
http://www.oxfam.org/es/pressroom/pressrelease/2008-10-29/oxfam-da-la-voz-de-alarma-sobre-la-escalada-de-violencia-congo

7 de noviembre de 2008

El Kevin Carter que algunos llevamos por dentro

Existen fotografías que dan la vuelta al planeta por su crudeza y atrocidad. Su fama proviene del despertar que provoca en el resto de la humanidad, de que existe una realidad a varios miles de kilómetros de distancia.

Imágenes de la masacre de My Lai en Vietnam despertaron al mundo de lo que realmente sucedía en esa guerra, de igual forma; y para los almanaques de nuestra memoria tenemos escenas de los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial. Solo para nombrar unos pocos ejemplos de los horrores, retratados, que han sido autores y víctimas los seres humanos.


Pero, ¿quiénes son los personajes que inmortalizan estos momentos? No aliento a que los veamos cómo héroes, sino simplemente como testigos presentes, en vivo y en directo, de momentos cruciales que quedarán grabados en la historia y preguntarnos: ¿Cómo afectaron estos hechos en sus vidas?



Kevin Carter nació en Sudáfrica en 1960, en plena época de apartheid. Cuando cumplió los 24 años y a sabiendas de los enormes privilegios que tenía por haber nacido blanco y de las enormes injusticias que esta diferenciación conllevaba, empuñó su cámara fotográfica como arma para luchar contra el racismo de aquel entonces.

Con la liberación de Mandela en 1990 y durante los 4 años siguientes, tiempo en el cuál se iniciaron los procesos de paz que llevarían hacia la democracia sudafricana, a causa de los opositores de este proyecto, se vivió el período más violento en este país. En las periferias de Johannesburgo diariamente se produjeron masacres en las que murieron cerca de 12,000 personas. Ahí, copiando las palabras del fantástico John Carlin (periodista el cual sería mi referente si me dedicara a esa profesión), Carter se presentaba, todos los días por las mañanas, a esos campos de la muerte, como se presentan los oficinistas a su trabajo.

John Carlin estuvo también presente en estos sitios como corresponsal de guerra (razón por la qué tomo de su historia los principales hechos para este post) y vio como el fotógrafo sudafricano, por realizar su trabajo, se exponía a los mayores peligros con tal de obtener una imagen. Kevin trabajaba junto a tres compañeros más, a los cuáles denominaban “el Bang Bang Club”. Dormían poco y consumían drogas de todo tipo para adaptarse de la mejor manera, en ese mundo frenético al que debían asistir durante el tiempo que duró el conflicto.


En marzo de 1993, Carter viaja de vacaciones a Sudán y apenas llega al lugar, ve la escena de una niña, que si no supiéramos que se trata de un ser con alma, podríamos decir que era un famélico saco de carne buscando como sobrevivir, acechada por un buitre. Carter tomó varias fotografías durante veinte minutos esperando que el ave carroñera extienda sus alas para darle más dramatismo a la foto. Que el animal extienda sus alas no fue necesario, porque la imagen dio la vuelta al orbe y le sirvió a Carter para ganar el Pullitzer en 1994.

Para él, el compromiso profesional era realizar la mejor foto posible, porque con esto despertaría la sensibilidad de los que la vieran, pero Carter fue comparado con el buitre por su egoísmo de no haber corrido a auxiliar a la niña, además de la constante pregunta que le realizaban sus conocidos: ¿Ayudaste a la niña?

Esta constante y agobiante persecución, sumada al asesinato de uno de sus compañeros del “Bang Bang club” y al cese de la guerra en Sudáfrica, que lo puso a Carter en una situación de trabajo estable, provocó que el 27 de julio de 1994, en el sitio donde pasó los mejores momentos de su niñez, el fotógrafo sudafricano se quitara la vida.



Esta historia me recuerda a una conversación que tuve a principios de año, con una persona que trabajó en la organización “Médicos sin fronteras”, durante la guerra civil en Angola. Me contó las barbaries que presenció en ese lapso, y como al final se sintió en un estado donde trataba a sus pacientes como objetos a los que no debería prestársele mayor interés, porque no sabía si seguirían vivos el día de mañana, y si embargo, cuando quiso regresar a su hogar junto a su familia, vio que su vida no era la misma y a los dos meses compró un ticket de avión, solo de ida, con destino a África.

No sé si esté dispuesto o mi carácter sea el suficiente para trabajar dentro de una zona de conflicto donde el único aire que se respire es el de la muerte, pero el ejemplo de Kevin Carter, a pesar de todos sus errores como ser humano, me recuerda como algunas personas estamos dispuestas a ir a lugares lejos de nuestro hogar y en situaciones adversas, por cumplir una labor que realmente apasione, y cuando nos preguntan el por qué lo hacemos, no sabemos que responder, solo sentimos que es algo innato.

Fuentes:
La fotografía de la pesadilla, por John Carlin.
http://www.elpais.com/articulo/paginas/fotografia/pesadilla/elppor/20070318elpepspag_10/Tes

Kevin Carter, por Rubén Pinella.
http://elsenialador.blogspot.com/2006/04/kevin-carter.html

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