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28 de abril de 2009

Fotos de empleos bizarros y Cadillacs para la crisis y los perdedores

La vemos negra con la crisis, y en verdad la vemos negra porque es algo invisible, que no pareciera estar ahí hasta que te golpea, te sacude y te exprime, dejándote en el limbo. Las estadísticas de que el desempleo aumenta no son nada hasta la llegada del terror y la inseguridad de que la empresa, negocio u oficina donde uno trabaja no está funcionando como debería hacerlo. Lo primero que hay que hacer, según el manual de ejecutivos, es recortar gastos y lo primero a cortar son los trabajadores. Esa inseguridad y ese terror materializados con: Señor gracias por servirnos ha llevado incluso en Estados Unidos que personas algo inestables y paranoicos, agarren un arma y maten a su propia familia o empiecen a disparar contra desconocidos. Creía que estas matanzas eran porque el 20 de abril se celebraba el cumpleaños de Hitler, pero me quedo con la opción de la crisis. Parece más sana o por lo menos más real. Creer que el mundo se acaba porque el sistema colapsa, suena más razonable que empezar a matar personas, como si fuera una cacería, solo por rendirle culto a alguien.


Catadora de olores.





Rellena grietas en monumentos y esculturas.





Diseña ropa interior de mujeres a la medida.

Insemina ganado.


En la revista Etiqueta Negra (Juan Villoro decía sobre ella que “si se hiciera en New York sería épica. Hecha desde América Latina resulta heroica. Muy pronto será legendaria”), la que comenzó con dos mil ejemplares sin secciones de chismes, horóscopo, salud o belleza, anunciando sus creadores peruanos que "nos portaremos como la orquesta del Titanic y seguiremos tocando nuestra propia música hasta que el barco se hunda", y nunca he tenido la chance de ver una en vivo pero visito su sitio en internet regularmente, mantiene una sección de portafolio con fotos temáticas. Nancy Rico Schiff, con su cara excéntrica y curiosa a falta de más datos porque no hay muchos en internet sobre ella, hace algunos meses publicó sus trabajos en la revista. El tema: Extraños trabajos realizados por personas que se niegan a estar desempleados. Así con un poco de humor negro estas fotografías de inseminadores de caballos, probadores de condones, diseñadores de brassiers podrían servirnos para meterle ganas y no desanimarnos por el asunto (desempleo), ser creativos y buscar una forma de ganarnos el pan. Y con la victoria de Rafael Correa en las elecciones presidenciales muchos (aunque no dejan de ser una minoría) sienten una amargura en la garganta, una patada al hígado; para ellos: “Carnaval toda la vida” de los Fabulosos Cadillacs. Un grupo eclético que nunca pasará de moda por utilizar un sin número de ritmos y tener letras inspiradoras, y personalmente la mejor banda de América Latina. Analogía de como deberíamos adaptarnos a toda clase de situación



Prueba preservativos.

Sepulturero de un cementerio de mascotas.
Contadora de peces en un acuario.
Por mi lado, el trabajo que quisiera definitivamente sería fotógrafo. Y la verdad me suena algo excéntrico, para algunos sé que no, porque en Ecuador por ser fotógrafo te puedes comer la camisa. Ahí vemos a Santiago Rosero, integrante de “Rocola Bacalao”, que además de fotógrafo corresponsal de la Rolling Stones es músico, periodista, licenciado en ciencias sociales y chef a medio tiempo para ganarse la vida. Así que al principio creo que me tocaría fotografiar matrimonios, bautizos, juras de bandera o con suerte tal vez hechos políticos en algún diario, mientras tanto armar un portafolio hasta conseguir financistas y una buena galería donde exhibir los primeros trabajos. Un tanto iluso suena ¡eh! Aunque viendo las fotos de Nancy puede ser, puede ser.














7 de noviembre de 2008

El Kevin Carter que algunos llevamos por dentro

Existen fotografías que dan la vuelta al planeta por su crudeza y atrocidad. Su fama proviene del despertar que provoca en el resto de la humanidad, de que existe una realidad a varios miles de kilómetros de distancia.

Imágenes de la masacre de My Lai en Vietnam despertaron al mundo de lo que realmente sucedía en esa guerra, de igual forma; y para los almanaques de nuestra memoria tenemos escenas de los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial. Solo para nombrar unos pocos ejemplos de los horrores, retratados, que han sido autores y víctimas los seres humanos.


Pero, ¿quiénes son los personajes que inmortalizan estos momentos? No aliento a que los veamos cómo héroes, sino simplemente como testigos presentes, en vivo y en directo, de momentos cruciales que quedarán grabados en la historia y preguntarnos: ¿Cómo afectaron estos hechos en sus vidas?



Kevin Carter nació en Sudáfrica en 1960, en plena época de apartheid. Cuando cumplió los 24 años y a sabiendas de los enormes privilegios que tenía por haber nacido blanco y de las enormes injusticias que esta diferenciación conllevaba, empuñó su cámara fotográfica como arma para luchar contra el racismo de aquel entonces.

Con la liberación de Mandela en 1990 y durante los 4 años siguientes, tiempo en el cuál se iniciaron los procesos de paz que llevarían hacia la democracia sudafricana, a causa de los opositores de este proyecto, se vivió el período más violento en este país. En las periferias de Johannesburgo diariamente se produjeron masacres en las que murieron cerca de 12,000 personas. Ahí, copiando las palabras del fantástico John Carlin (periodista el cual sería mi referente si me dedicara a esa profesión), Carter se presentaba, todos los días por las mañanas, a esos campos de la muerte, como se presentan los oficinistas a su trabajo.

John Carlin estuvo también presente en estos sitios como corresponsal de guerra (razón por la qué tomo de su historia los principales hechos para este post) y vio como el fotógrafo sudafricano, por realizar su trabajo, se exponía a los mayores peligros con tal de obtener una imagen. Kevin trabajaba junto a tres compañeros más, a los cuáles denominaban “el Bang Bang Club”. Dormían poco y consumían drogas de todo tipo para adaptarse de la mejor manera, en ese mundo frenético al que debían asistir durante el tiempo que duró el conflicto.


En marzo de 1993, Carter viaja de vacaciones a Sudán y apenas llega al lugar, ve la escena de una niña, que si no supiéramos que se trata de un ser con alma, podríamos decir que era un famélico saco de carne buscando como sobrevivir, acechada por un buitre. Carter tomó varias fotografías durante veinte minutos esperando que el ave carroñera extienda sus alas para darle más dramatismo a la foto. Que el animal extienda sus alas no fue necesario, porque la imagen dio la vuelta al orbe y le sirvió a Carter para ganar el Pullitzer en 1994.

Para él, el compromiso profesional era realizar la mejor foto posible, porque con esto despertaría la sensibilidad de los que la vieran, pero Carter fue comparado con el buitre por su egoísmo de no haber corrido a auxiliar a la niña, además de la constante pregunta que le realizaban sus conocidos: ¿Ayudaste a la niña?

Esta constante y agobiante persecución, sumada al asesinato de uno de sus compañeros del “Bang Bang club” y al cese de la guerra en Sudáfrica, que lo puso a Carter en una situación de trabajo estable, provocó que el 27 de julio de 1994, en el sitio donde pasó los mejores momentos de su niñez, el fotógrafo sudafricano se quitara la vida.



Esta historia me recuerda a una conversación que tuve a principios de año, con una persona que trabajó en la organización “Médicos sin fronteras”, durante la guerra civil en Angola. Me contó las barbaries que presenció en ese lapso, y como al final se sintió en un estado donde trataba a sus pacientes como objetos a los que no debería prestársele mayor interés, porque no sabía si seguirían vivos el día de mañana, y si embargo, cuando quiso regresar a su hogar junto a su familia, vio que su vida no era la misma y a los dos meses compró un ticket de avión, solo de ida, con destino a África.

No sé si esté dispuesto o mi carácter sea el suficiente para trabajar dentro de una zona de conflicto donde el único aire que se respire es el de la muerte, pero el ejemplo de Kevin Carter, a pesar de todos sus errores como ser humano, me recuerda como algunas personas estamos dispuestas a ir a lugares lejos de nuestro hogar y en situaciones adversas, por cumplir una labor que realmente apasione, y cuando nos preguntan el por qué lo hacemos, no sabemos que responder, solo sentimos que es algo innato.

Fuentes:
La fotografía de la pesadilla, por John Carlin.
http://www.elpais.com/articulo/paginas/fotografia/pesadilla/elppor/20070318elpepspag_10/Tes

Kevin Carter, por Rubén Pinella.
http://elsenialador.blogspot.com/2006/04/kevin-carter.html

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