15 de noviembre de 2008

Caretas

Para algunos expertos, la palabra persona proviene del griego prosopón, término con el que se denominaba a las máscaras utilizadas por los actores de las tragedias griegas.

“The Yes men” (activistas) se encargan de mostrar el verdadero rostro de las corporaciones e instituciones globales. Así han asistido a invitaciones de congresos simulando ser representantes de la OMC que defienden la esclavitud (esto como ejemplo de sus variadas acciones).


Pero existen algunos personajes que no necesitan ser desenmascarados, sino que cambian de careta según las circunstancias e intereses. Como se tiene una máscara para el rol de hijo, o en el trabajo, José María Aznar (ex presidente de España) ha mostrado diferentes máscaras en su faceta de líder y personaje público.

Este madrileño, de joven sindicalista conservador, durante su mandato firmó el Protocolo de Kyoto y ratificó su adherencia ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, sin embargo el 22 de octubre del 2008, dentro de la presentación del libro del presidente checo Vaclav Claus, “Planeta azul (no verde)”, editado por la Fundación FAES de la cuál Aznar es el máximo directivo, durante su discurso expuso sus dudas sobre el fenómeno del cambio climático.

Duras críticas ha recibido el anteriormente mandatario español, e incluso el Partido Popular (con el cual llegó al poder), a través de su actual líder, Mariano Rajoy (criticado por la misma razón), eludió hablar del tema, señalando que esa era la opinión personal de Aznar y no del partido.

Leyendo el discurso, publicado en la página web del diario El País de España, se puede notar que los medios de comunicación han sobredimensionado las expresiones, y que lo pretendido por Aznar es involucrar a otras voces en el debate sobre las consecuencias de la actividad humana en el calentamiento global; aunque son de analizar varias comparaciones que hace entre los comunistas y los defensores del medio ambiente, y sus palabras sobre la crisis financiera y el Partido de Gobierno, Partido Socialista Español (sin olvidar que Aznar es dueño de una empresa especuladora que financia papeles tóxicos).

Ante todas estas palabras es necesario preguntar: ¿Por qué un hombre que durante su presidencia firmó el tratado global más importante en temática ambiental, ahora apoya un libro que critica que financien recursos a esta causa?.

Aznar, después de su presidencia, comenzó una interesante y exitosa carrera empresarial, siendo parte del consejo de News Corporation, de propiedad del multimillonario texano Rupert Murdoch, donde también tiene como patrones a Faved Sarofim y Charles Wilson, los dos fuertemente relacionados con la industria petrolera. En un excelente reportaje de la revista Interviú, se menciona que Aznar también es invitado de honor y exponente de instituciones filantrópicas de carácter neoconservador en Washington D.C. como la American Enterprise Institute for Public Policy Research (AEI), a la que pertenece Dick Cheney (vicepresidente de Bush) y la Heritage Foundation, ambas con lobbies negacionistas del cambio climático financiados por Exxon Mobil.



Este hombre que durante su mandato mostró pruebas de que en Irak existían armas de destrucción masiva (España fue atacada por Al Qaeda en el 2004), pero que ahora niega que las haya (al igual que lo hace con lo discutido en el Kyoto), con la FAES mantiene amplia influencia en América Latina.

Sin importar si las amenazas que presentan los temas discutidos en los foros de la FAES son reales, como el neoestatismo, populismo, militarismo e indigenismo, es necesario detenerse un segundo y ver la verdadera careta de quienes quieren adoctrinarnos.

13 de noviembre de 2008

Ciudades vivas por la tiza

Un capítulo de la Rayuela de Cortázar (pág. 480) comienza con Pola (la amante de Oliveira) mirando al suelo y medio mundo mirando al suelo. La imágenes descendentes que se presentaban eran, desechables, obras de arte pintadas con tizas, espectáculo que perduraría hasta el siguiente día, para luego trasladarse a otras calles, esto si los jóvenes o viejos artistas reciben unas pocas monedas de los curiosos presentes.

Julian Beever (artista británico callejero), los días miércoles en Film & Arts, presenta un reality show llamado Arte urbano, en el que viaja por distintas ciudades alrededor del mundo para conocer a los mejores artistas (y sus técnicas) callejeros de las localidades visitadas, además de realizar una obra con tiza en tres días que represente, a su parecer, la idiosincrasia del lugar. En noviembre podremos verlo por New York, San Francisco, París y Ciudad de México.


Durante el periodo desde que se terminó de redactar la nueva Constitución hasta el referéndum de aprobación, uno de los gratos sabores que dejó la oposición y algunos activistas que apoyaban el Sí, fue la muestra de imaginación a la hora de hacer campaña. Olvidando a las personas que paseaban un borrego por las aceras o la viudas que se vestían de negro, el haberle vendado los ojos a varias estatuas alrededor de Quito o el pegar afiches parecidos a los de clausura que coloca el SRI a los locales que no cumplen con las disposiciones, pero estos irreverentes con contenidos alusivos a la propiedad privada, simplemente fueron ideas geniales.

En Guayaquil, aparentemente la imaginación únicamente se desata en el salón octubre y en el salón de julio (además de los eventos políticos), con algunas obras que te puede volar la mente. Galerías de arte como DPM (se recomienda el blog de Rodolfo Kronfle: http://riorevuelto.blogspot.com/) también mantienen notables exposiciones.

Sin embargo, el arte en Guayaquil, pareciera necesitar una fuerte dosis de comunismo para que esta salga a las calles y esté dispuesta a expresarse y revelarse ante todo el mundo y no permanecer en remotas islas con pocos visitantes.

En una ciudad donde cansa la monotonía y rigidez de la arquitectura, no vendría nada mal darle algo de vida, y no hay que referirse únicamente a los grafitis, que en la mayoría son asociados con pandillas o "lacras sociales", aunque varias de las más sabias frases que he escuchado o leído están retratadas en paredes alrededor del globo, como las famosas del mayo del 68: “Prohibido prohibir” o “Debajo de los adoquines, la playa”.

Si se comienzan a rayar las paredes del cabildo porteño, varios grupos de urbanidad y ciudanía, seguramente encabezados por Margarita Arosemena, empezarían a marchar y protestar, por según ellos, dañar el ornato de la ciudad, entonces para que todos seamos felices, podrían invitarse a artistas locales y/o extranjeros que trabajen bajo la técnica de Julian Beever, donde sus obras de arte sean perecederas, retratando las costumbres y estilos de vida de los guayaquileños, donde incluso después de un tiempo, por propia decisión de los moradores de los sectores, la imagen podría quedarse permanentemente (en Gran Bretaña, vecinos de barrios han pedido que no se borren ciertos grafitis porque los sienten parte de la comunidad).
El mismo Julian, y se puede verificar mientras vemos su programa, señala que estos dibujos crean un aire de confraternidad entre las personas que se detienen a observarlos y varias ciudades alientan a su exposición. En Guayaquil debería buscarse otras formas de que los ciudadanos disfrutemos de los lugares públicos.

11 de noviembre de 2008

Aciertos y desaciertos de ciegos

En un mundo donde las biografías, libros de auto - ayuda, textos para encontrar la bonanza financiera, literatura Light (Paulo Coelho) y otras aberraciones conforman el listado de los más leídos, definitivamente Saramago va en contracorriente de las tendencias actuales. A contracorriente también del microcosmo de intelectuales literarios, que tienen como principio básico, que los buenos sentimientos son sinónimos de mala literatura.

Lo de los buenos sentimientos es para la discusión, porque en algunas de las entrevistas que le han realizado, Saramago siempre se ha considerado un ateo profundamente enamorado de la utopía de Jesús, y en sus pensamientos se expone su convicción de igualdad y justicia en el trato entre seres humanos; aunque en sus palabras también se nota cierto misántropo pesimismo de que estamos condenados a vivir en un egoísta mundo de mierda gobernado por personas, y tiene la certeza de que si se da un cambio en el mundo, este será para peor y a la civilización humana no habría que apostarle ni un céntimo.

Este encuentro mezclado de demonios pesimistas y esperanzados se refleja en Ensayo sobre la ceguera, la principal obra de este autor portugués que se define a él mismo como un autodidacta orgulloso y comunista libertario (intrigante). Ensayo... nos transporta a un abyecto mundo de personajes sin nombres, donde se puede apreciar lo peor y lo mejor de las personas.

Entre las frases subrayadas que tengo en mi texto, son de destacar, para esta ocasión (y antes de ver la película, para no olvidar las primeras imágenes que me dejó este mundo sin ojos), a las que mejor representan esta metáfora de una sociedad sin respeto y sin solidaridad, donde para Saramago todos nos hemos quedado ciegos:

Es como si hubiera caído en un mar de leche... Estamos aislados, más aislados de lo que probablemente jamás estuvo alguien anteriormente... Ningún perro reconoce a otro perro por el nombre... Un simple atasco en el retrete, solo uno, y esto se convertirá en una cloaca... Hay muchas formas de convertirse en animal y esta solo es la primera...

El mundo caritativo de los cieguitos se ha acabado, ahora es el reino duro, cruel e implacable de los ciegos... La mayor dificultad para poder vivir razonablemente en el infierno es el hedor que allí hay... La ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza... Estamos ciegos porque estamos muertos, o estamos muertos porque estamos ciegos...

Espléndido relato desgarrador de este hijo de la localidad de Azinhaga, que mientras más viejo se vuelve, más radical piensa (palabras que él mismo mencionó en alguna ocasión).

Pero, oh! Decepción, esta senil radicalidad o la desesperanzada ceguera parece haberlo envuelto en el mundo real, al darle su apoyo a Hugo Chávez, del cual Saramago dijo el año pasado: que el poder que tiene es porque se lo ha dado la gente al votar en varias ocasiones por él, apoyo que se mantiene hasta el día de hoy y que se podrá apreciar en la próxima Feria del Libro en Caracas, donde se presentará una versión del Quijote de Cervantes con un prólogo escrito por el portugués, en lugar del redactado Mario Vargas Llosa (de derecha y liberal). Parece que Saramago no se ha enterado de las advertencias de Chávez hacia la oposición, en caso de que esta gane en alguno de los principales departamentos, dentro de las próximas elecciones seccionales.

No soy partidario de que por estos hechos debamos quemar o prohibir a nuestros conocidos los textos de Saramago. La obra literaria de Günter Grass no vale menos por su pasado nazi, ni la de Milan Kundera por el supuesto delato que le hizo a un compañero de universidad y al cual encarcelaron por 22 años en una mina de uranio.

Los libros son las ventanas que nos permiten ver y disfrutar como otras personas piensan distinto, sin embargo también se debe manifestar y discernir cuando uno no esté de acuerdo con los actos e ideas de los autores.

Seguiré con la ficción de Saramago (me falta La caverna) porque la disfruto y porque tengo el mismo de derecho de hacerlo, como lo tiene cualquiera de criticarlo o criticarme a mí por leerlo.

Mientras en Kenia se baila, ¿Qué pasa en el Congo?

El martes 4 de noviembre, la villa de Kogelo, Kenia fue una fiesta con el triunfo electoral de Barack Obama. Los residentes del lugar donde de niño se crió, pastoreando cabras, el padre del 44avo presidente de los Estados Unidos de América ofreció sacrificar un buey si se daba la victoria, y la promesa se cumplió en una celebración donde estuvieron presentes la abuela, Sarah y el hermanastro, Malik del flamante mandatario hawaiano.

Las celebraciones llegaron a Nairobi (capital de Kenia) y otras localidades del país, el presidente keniata mando a asfaltar la carretera que conduce a Kogelo y dispuso de una mayor seguridad para la familia africana de Obama (lo que me recuerda a las discusiones que se mantienen sobre el tema de la seguridad en Guayaquil entre las Cámaras de turismo, un modelo de seguridad que no está enfocado hacia el ciudadano, sino al turista y del que colateralmente se podrían beneficiar los guayaquileños).


Y ya que África está tan de moda en estos días, trasladémonos un poco al sur de este continente y veamos lo que está sucediendo en la República Democrática del Congo (donde el Che Guevara estuvo en los años 60): Desde 1997, según OXFAM, 3.8 millones de personas han perdido la vida (por causas relacionadas con el hambre y enfermedades prevenibles) en una de las más crueles guerras civiles, conflicto provocado por la oposición hacia el dictador Mobuto, el genocidio en Ruanda y la violencia desatada en Burundi (hechos que provocaron que miles de desplazados se trasladen a lo que antes se conocía como Zaire y apoyen la insurrección).

La guerra civil finalizó en el año 2003 con un gobierno de transición y el 23 de enero del 2008, se firmó un acuerdo de paz entre el Gobierno congoleño y 22 grupos armados. Sin embargo, el 29 de octubre del presente año, unas 20 mil personas de la zona de Kibumba fueron desplazadas por enfrentamientos entre el Ejército y el grupo de oposición: “Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo” liderado por Laurent Nkunda.

José García Botía, que pertenece a uno de los “Comités de Solidaridad con África Negra”, duda de la presencia de cascos azules de las Naciones Unidas en suelo congoleño y la masiva cobertura de los medios a un país, que durante su más cruento periodo, no se le dio mayor importancia. Una prueba es la reciente manifestación en las localidades de Goma y Bukavu en contra de la presencia militar internacional.

Las razones para este rechazo del pueblo congoleño y la duda del investigador español, se debe a que varios residentes de las localidades donde se están dando los enfrentamientos, han visto a los soldados de la ONU cargando helicópteros con minerales hacia Ruanda y entregándoles armamento a las tropas de Nkunda. El apoyo hacia este señor de la guerra, tiene su razón de ser, porque el Congo es uno de los países con mayores riquezas minerales dentro del África: Oro, cobalto, diamantes, cobres y estaño son sus principales reservas, pero la joya de la casa es el coltán, el cual produce tantalio, que es esencial para la fabricación de teléfonos celulares y el Congo, debido a su escasez mundial, es un monopolio en cuanto a las reservas.



La sospechosa, reciente, intervención a cargo de Francia y Bélgica con los cascos azules, viene por la presencia de empresas y el Gobierno chino en negociaciones con los dirigentes del Congo para la compra del coltán, a cambio de porcentajes mayores de los que ofrecen actualmente las multinacionales occidentales, peligrando, además del negocio de las telefónicas europeas, también las ganancias de traficantes ruandeses que sacan las materias primas por sus fronteras y de las que se beneficia el presidente de Ruanda (a la que internacionalmente se declara como un ejemplo de desarrollo), Paul Kugame, que a su vez financia a Nkande.

Para África, con la llegada de Obama a la presidencia de EUA, también se esperan winds of change.

Fuentes:
Alguna de las claves para saber lo que está pasando en la R. D. del Congo, por José García Botia.
http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1453
Oxfam da la voz de alarma sobre la escalada de violencia en el Congo.
http://www.oxfam.org/es/pressroom/pressrelease/2008-10-29/oxfam-da-la-voz-de-alarma-sobre-la-escalada-de-violencia-congo

7 de noviembre de 2008

El Kevin Carter que algunos llevamos por dentro

Existen fotografías que dan la vuelta al planeta por su crudeza y atrocidad. Su fama proviene del despertar que provoca en el resto de la humanidad, de que existe una realidad a varios miles de kilómetros de distancia.

Imágenes de la masacre de My Lai en Vietnam despertaron al mundo de lo que realmente sucedía en esa guerra, de igual forma; y para los almanaques de nuestra memoria tenemos escenas de los campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial. Solo para nombrar unos pocos ejemplos de los horrores, retratados, que han sido autores y víctimas los seres humanos.


Pero, ¿quiénes son los personajes que inmortalizan estos momentos? No aliento a que los veamos cómo héroes, sino simplemente como testigos presentes, en vivo y en directo, de momentos cruciales que quedarán grabados en la historia y preguntarnos: ¿Cómo afectaron estos hechos en sus vidas?



Kevin Carter nació en Sudáfrica en 1960, en plena época de apartheid. Cuando cumplió los 24 años y a sabiendas de los enormes privilegios que tenía por haber nacido blanco y de las enormes injusticias que esta diferenciación conllevaba, empuñó su cámara fotográfica como arma para luchar contra el racismo de aquel entonces.

Con la liberación de Mandela en 1990 y durante los 4 años siguientes, tiempo en el cuál se iniciaron los procesos de paz que llevarían hacia la democracia sudafricana, a causa de los opositores de este proyecto, se vivió el período más violento en este país. En las periferias de Johannesburgo diariamente se produjeron masacres en las que murieron cerca de 12,000 personas. Ahí, copiando las palabras del fantástico John Carlin (periodista el cual sería mi referente si me dedicara a esa profesión), Carter se presentaba, todos los días por las mañanas, a esos campos de la muerte, como se presentan los oficinistas a su trabajo.

John Carlin estuvo también presente en estos sitios como corresponsal de guerra (razón por la qué tomo de su historia los principales hechos para este post) y vio como el fotógrafo sudafricano, por realizar su trabajo, se exponía a los mayores peligros con tal de obtener una imagen. Kevin trabajaba junto a tres compañeros más, a los cuáles denominaban “el Bang Bang Club”. Dormían poco y consumían drogas de todo tipo para adaptarse de la mejor manera, en ese mundo frenético al que debían asistir durante el tiempo que duró el conflicto.


En marzo de 1993, Carter viaja de vacaciones a Sudán y apenas llega al lugar, ve la escena de una niña, que si no supiéramos que se trata de un ser con alma, podríamos decir que era un famélico saco de carne buscando como sobrevivir, acechada por un buitre. Carter tomó varias fotografías durante veinte minutos esperando que el ave carroñera extienda sus alas para darle más dramatismo a la foto. Que el animal extienda sus alas no fue necesario, porque la imagen dio la vuelta al orbe y le sirvió a Carter para ganar el Pullitzer en 1994.

Para él, el compromiso profesional era realizar la mejor foto posible, porque con esto despertaría la sensibilidad de los que la vieran, pero Carter fue comparado con el buitre por su egoísmo de no haber corrido a auxiliar a la niña, además de la constante pregunta que le realizaban sus conocidos: ¿Ayudaste a la niña?

Esta constante y agobiante persecución, sumada al asesinato de uno de sus compañeros del “Bang Bang club” y al cese de la guerra en Sudáfrica, que lo puso a Carter en una situación de trabajo estable, provocó que el 27 de julio de 1994, en el sitio donde pasó los mejores momentos de su niñez, el fotógrafo sudafricano se quitara la vida.



Esta historia me recuerda a una conversación que tuve a principios de año, con una persona que trabajó en la organización “Médicos sin fronteras”, durante la guerra civil en Angola. Me contó las barbaries que presenció en ese lapso, y como al final se sintió en un estado donde trataba a sus pacientes como objetos a los que no debería prestársele mayor interés, porque no sabía si seguirían vivos el día de mañana, y si embargo, cuando quiso regresar a su hogar junto a su familia, vio que su vida no era la misma y a los dos meses compró un ticket de avión, solo de ida, con destino a África.

No sé si esté dispuesto o mi carácter sea el suficiente para trabajar dentro de una zona de conflicto donde el único aire que se respire es el de la muerte, pero el ejemplo de Kevin Carter, a pesar de todos sus errores como ser humano, me recuerda como algunas personas estamos dispuestas a ir a lugares lejos de nuestro hogar y en situaciones adversas, por cumplir una labor que realmente apasione, y cuando nos preguntan el por qué lo hacemos, no sabemos que responder, solo sentimos que es algo innato.

Fuentes:
La fotografía de la pesadilla, por John Carlin.
http://www.elpais.com/articulo/paginas/fotografia/pesadilla/elppor/20070318elpepspag_10/Tes

Kevin Carter, por Rubén Pinella.
http://elsenialador.blogspot.com/2006/04/kevin-carter.html

Winds of change

En 1947, Friderich A. Von Hayek (Premio Nobel de economía en 1974 y autor del famoso libro “Camino a la servidumbre”) convocó a una reunión en el hotel du Parc en la villa Mont - Pelerin, Suiza con la finalidad de discutir la actual situación y el posible destino del liberalismo teórico y práctico. Asistieron 36 intelectuales, entre economistas, historiadores y filósofos, destacando la presencia de Milton Friedman (Premio Nobel de economía en 1976).

Al finalizar los debates y discusiones, como en toda reunión o convención, se realizó una declaración de principios, en la cual se plasmó la preocupación por los valores de la civilización, donde según los miembros de la sociedad, en la mayoría de países no existían las condiciones esenciales para la dignidad humana y la libertad.


Al estar Friedman y Von Hayek presentes en la localidad de Mont Pelerin, ya se podrán imaginar la resoluciones o caminos a seguir elegidos para dejar en el pasado estos problemas (además del constante desprecio hacia Keynes y el modelo de bienestar): Liberalismo al máximo, algo parecido al Consenso de Washington y al resto de políticas del dúo dinámico de los ochentas: Thatcher – Reagan.

Sin querer poner a un lado los problemas discutidos en la villa suiza, los cuales creo que son acertados, resalto esta historia porque siempre me ha parecido desagradable que en estas convenciones se reúnan únicamente personajes con el mismo pensamiento, que comparten las mismas ideas y visión. Sean estas reuniones de liberales como la sociedad de Mont - Pelerin, que en el 2005 se celebró en Guatemala; o de socialistas como el Foro de Sao Paulo, donde son miembros los presidentes: venezolano (Chávez), boliviano (Morales), brasileño (Lula da Silva), ecuatoriano (Correa) y otros (Ortega, Lugo, Vásquez, etc.). Lamentablemente este fenómeno de segregación, ya no solo se da entre grupos de intelectuales (como la sociedad Mensa, si dejamos a un lado las ideologías políticas), sino que ha pasado a formar parte de las actividades cotidianas.

Las cámaras de comercio, para sus convenciones, solo invitan a personajes como Vicente Fox o Aznar para que expongan sus ideas; la moda de las ciudadelas burbujas reúne a familias con similares estilos de vida (se recomienda ver Desperate Housewifes), así que ya sabemos en el futuro como pensaran sus hijos; los bares o sitios de esparcimientos ahora son segmentados (bares solo para rockeros, bares solo para “gente bien”, bares para homosexuales, y otros); los colegios y universidades parecen tener una única ideología, donde se congregan estudiantes pertenecientes del mismo estrato; incluso las playas de Brasil, único lugar en uno de los países más desiguales del mundo, donde no existía ningún tipo de discriminación por raza o condición socioeconómica, ahora se puede apreciar como los diferentes grupos han elegido ciertas áreas para congregarse entre sus pares; y entre otras semejanzas que recuerdan el odio de Juan Pablo Castel (personaje de El Túnel, libro de Ernesto Sabato) hacia los grupos, en el que los actores de estos conglomerados mantienen las mismas conversaciones y actúan de forma similar, desenvolviéndose como enajenados que piensan tener la verdad absoluta.

Personalmente, creo como forma de encontrar solución a los problemas, el camino de los consensos, el respeto y la tolerancia entre personas y grupos con diferentes ideas (sin que esto signifique dejarlas a un lado), y no en la adopción o imposición de determinada ideología o visión por todos. Esta vaga esperanza, casi extinta, por suerte, ha sido revitalizada por la nación que menos pensaba.

Los Estados Unidos, a pesar de la libertad y anhelos que inspira, frecuentemente me ha dado la sensación de un país dominado por los lobbies y élites económicas, en el que el resto de los ciudadanos esperan que nos se los moleste, un apartheid disimulado, donde cada grupo por no fastidiarse el uno al otro no ha ido en la conquista del total de los espacios.



Sin embargo, el martes 4 de noviembre, esta nación que antes tenía entre sus principales cualidades la solidaridad y el trabajo duro, y no la especulación y acumulación, no le importó votar por un presidente de color (de una minoría que representa el 12% del país), y esta elección no se dio por un sentimiento de culpa causado por una deuda social e histórica hacia los afroamericanos, sino por la necesidad de unidad, tolerancia y diálogo, que la administración Bush, hombres de traje negro en Wall Street y otros grupos de poder nunca entendieron.

Winds of change se escuchaba cuando el muro de Berlín fue derribado y Winds of change es lo que se siente en los alrededores gringos ¿O es Yes we can?

Esquirlas: Del saludo y felicitaciones de los republicanos hacia Obama no comento nada, porque si lo hago, también debería aprobar que Rafael Correa hable de unidad después de insultar a todos sus rivales de turno./ En el 2006, Alianza País me era lo más parecido en Ecuador, a un movimiento de personas con diferentes pensamientos, algo de eso queda, pero ya se sabe quién es el que decide al final/. De Obama, por ahora solo podemos opinar del efecto que resulta su elección, a partir del 20 del enero podremos hacerlo de su gestión.



1 de noviembre de 2008

Estragos de la monotonía: El Cajas, Hemingway, Vargas Llosa y Lawrence of Arabia

Bentley: Oh. Well, I was going to ask...eh; what is it, Major Lawrence, that attracts you personally to the desert?; Lawrence: It's clean.

Una extraordinaria escena, donde T.E. Lawrence contempla el vasto desierto, acompaña a este diálogo de Lawrence of Arabia, en el que Peter O´Toole (personificando a T.E.) responde a las preguntas de su compañero (Bentley). Son las pláticas de películas como esta, que a uno lo ponen a pensar en todo lo que lo rodea y debió pasar para llegar a presenciar ciertos momentos en particular.

Son tres meses de monótono recorrido, cada quince días, Cuenca – Guayaquil los viernes y Guayaquil – Cuenca los domingos; cuatro horas de agobiante trayecto junto a desconocidos de los que nunca sabré algo y no recordaré después del fin de semana, todo con el motivo de visitar a la familia y amigos. Así, en esa soledad de cuatro horas, los únicos compañeros de recorrido son libros que ya forman una pequeña biblioteca en la memoria, pero estos textos quedan a un lado una vez que el bus o automóvil que me transporta entra al valle del Cajas, y el escenario ahora presente ante todos, sin contemplaciones, nos arroja fuera del orbe; algo parecido a cuando recordamos nuestra mortalidad porque vemos un atropellado, pero en este caso, lo contrario.

La verdad no sé que tiene este lugar pero nunca me he cansado de apreciarlo, se puede verlo en la mañana gris y húmedo, al medio día en un cielo celeste con aspecto de mar que rebosa espuma con forma de nubes, en el atardecer bañado en sangre y acompañado de una bola de fuego con vagos tintes violetas que poco a poco se va extinguiendo, y en la noche negro salpicado con millares de puntos blancos que brillan como luciérnagas. Además de conocer la ubicación de cada una de las lagunas y otros puntos perfectos para admirar la obra de arte, llena de colores, que es la naturaleza, el aprecio personal hacia el Cajas es porque permite que despierte una imaginación que nunca hubiera creído.

Durante la última travesía, este lugar por el que he pasado un centenar de veces y que juega con mi mente, me ha permitido reconocer que he vuelto a la monotonía, ahí hace siete días, mientras fumaba un cigarro frente a una cascada, apenas visible por la neblina, tuve la certeza de que la vida me era más parecida a un cuento de Hemingway, agradable pero común, como Los asesinos o Las nieves sobre el Kilimanjaro donde todo sucede sin sobresaltos; y no a un relato de Mario Vargas Llosa, como Los cachorros donde a Pichulita después de jugar fútbol y cambiarse para volver a casa, se encuentra con un perro que lo muerde en la entrepierna, ¡paf! le amputan el falo (aunque en Ecuador esto es más común de lo que pensé) y se acaba toda la vida que el pobre Pichulita había conocido y soñado hasta el trágico cercene.

Y aún con los estragos de la intoxicación que causa la monotonía del Cajas, a cuatro mil metros de altura, como el inventar mil relatos y pensar en los millares de historias mudas existentes en estos lugares, hablando para dentro digo: Al mismo tiempo que busco algo parecido a lo que esperaba encontrar Lawrence of Arabia, pero al igual que el británico, solo sigo cabalgando por el desierto; si la monotonía me trae estos pensamientos: No está tan mal, creo, al menos hasta que encuentre algo menos estable.

Y en el instante en que apago el cigarrillo, que era la única luz entre la niebla, los pensamientos continúan tratando de descifrar qué es eso de la monotonía. ¿será algo parecido a lo de aquellos hombres que tienen la valentía de pasar toda la vida con una mujer y saben que todos los días se encontraran con el mismo lunar sobre aquel hombro femenino o con ese repetitivo brillo rojizo en su cabello a cierta luz del día? Y que al final eso, para aquellos valientes hombres, es algo que solo podríamos describir como belleza o como felicidad o la muerte que cada uno posee una diferente y tan propia, que te comprende mejor que nadie porque es la única que conoce tu destino o mejor dejémoslo ahí, y disculpen por los vagos pensamientos, que mejor se traducirían como delirios, ustedes saben, son los estragos de la monotonía.
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