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3 de julio de 2010

La tarde en que un pequeño país oriental revivió

Minuto 121. En la agonía de un partido de cuartos de final de una Copa Mundial de fútbol disputada en tierras africanas se decreta un tiro libre para Ghana. Los que siguen la transmisión en vivo en Ecuador escuchan el quejido del tocayo comentarista uruguayo Raúl Vilar, porque su selección corre serio peligro cuando el protocolo de los minutos finales de la prórroga casi dicta decretar armisticio para que sean los penales los que decidan. Con el centro al área lo que se ve es el caos total. El arquero no sabe adónde ir, ghaneses embistiendo como rinocerontes, enredadera de piernas, dos salvadas en la línea, hasta que un cabezazo de gol es rechazado con la mano por el delantero Luis Suárez, que es inmediatamente expulsado. El goleador se retira llorando lentamente ante la inminente eliminación de su equipo, pero en la puerta del camerino voltea su rostro para alcanzar a apreciar como el potente ariete ghanés falla el tiro penal y consecuentemente desata su euforia.

En el momento en que la pelota pegó en el horizontal y se fue hacia arriba le volvió el alma al descorazonado Suárez, a Raúl Vilar que segundos antes seguramente encendió un cigarrillo en el estudio de transmisión porque ya no era un comentarista sino un hincha, a los charrúas en las gradas que pagaron las cinco lucas que costaba el chárter con partidos hasta la final, y al resto de uruguayos en su patria y regados por el mundo que veían el milagro por televisión. El minuto final del tiempo extra fue el instante en que todo un país murió y renació. La definición por penales fue más un trámite de confirmación de que iban a ser protagonistas en Sudáfrica hasta la última semana.
No había otra (ni mejor) manera para que la selección de Uruguay después de cuarenta años vuelva a clasificar a una semifinal de un Mundial. Si los deportistas son los gladiadores de nuestros tiempos y una cancha de fútbol el campo de batalla, los charrúas son los protagonistas de las historias épicas. El escritor Osvaldo Soriano le dedicaba el cuento “El reposo del centrojás” a ese legendario capitán y artífice del Maracanazo, Obduvio Varela, en el que lo eleva casi a figura mitológica; y el encuentro disputado ayer es digno de una comedia griega en el sentido real de la comedia, donde todo empieza mal pero termina bien. La táctica, el saber defenderse, el talento de sus cracks, la garra y esa historia (prehistoria para algunos, pero al menos eso tienen como decía Tabares) jugaron ayer en uno de los momentos de mayor emotividad que quedará para la historia de los mundiales, y para el que lo pudo ver queda esa sensación de adrenalina y sufrimiento pegado a la pantalla emocionado por la victoria de un país que no es el suyo.

Sobre el encuentro disputado, un día después todavía resulta difícil hacer un análisis frío, dejando aparte toda emoción, de lo que sucedió. Caso aparte: ¿Se puede acusar a Suárez de basura, tramposo, ladrón? ¿No harían lo mismo si estuvieran en esa situación? ¿Después de todo no lo expulsaron y se decretó el penal? Ahora viene Holanda y los charrúas perdieron su carta de gol, el defensa Jorge Fucile está suspendido y Lugano debe recuperarse de su lesión. Se podrá decir que los europeos tienen mayores figuras, Robben juega cada vez mejor y le vienen de ganar a Brasil; pero no hay que olvidar que Uruguay en todos sus partidos ha demostrado orden, ser un conjunto solidario y un ataque efectivo, además de que siempre están dispuestos a hacer historia.



P.D. El diario El País de Uruguay tiene un montón de excelentes crónicas de como se vivió la fiesta por allá.

24 de junio de 2010

Acerca de lo decepcionante que es ver jugar a la selección de Inglaterra

Antes que la vuvuzelas empezaran a destrozar oídos con el comienzo de la Copa Mundial en Sudáfrica, menospreciando totalmente lo que aquí ofrecen (si lo hacen) el Casino del Sol o el del Hilton Colón, si viviera en Las Vegas, Montecarlo, Londres o cualquier lugar con una respetable casa de apuestas, le hubiera puesto todas mis fichas para campeón a Inglaterra; y en caso de una crisis en la que careciera de la convicción del desesperado personaje de Dostoievski que arriesgaba todo su dinero jugándole al cero (0) en la ruleta así las probabilidades sean mínimas aunque las ganancias excesivas, prefiriendo la teoría del portafolio para la diversificación de riesgos, de igual forma el mayor porcentaje de dinero en las predicciones se me hubiera ido en la selección con la mejor liga del mundo.



Los motivos tienen nombres y apellidos: Ferdinand (Carragher que lo reemplaza es un símbolo del Liverpool) y Terry en el centro de la zaga son solidez asegurada, más Ashley Cole que debe ser uno de los mejores laterales izquierdos de la actualidad; el mediocampo los conforman Carrick, Lampard y Gerrard, tres jugadores que cualquier equipo los quisiera porque arman jugadas, defienden como guerreros y disparan a puerta con terrible efectividad, sumándoseles Joe Cole o Aaron Lennon que pueden aparecer en cualquier lugar y son muy veloces (este es el mediocampo que usaría, no el de Capello que sólo alinea a Gerrard y Lampard); adelante Rooney que es un toro en el United y uno de los mejores jugadores del momento con Heskey que por su físico es una referencia; y en el banquillo Don Fabio Capello, un ganador de raza. Seleccionados que en su mayoría están vinculados al Arsenal, Liverpool, Chelsea y Manchester United, equipos que en los último años, al menos tres llegan a las semifinales de las Champions League.

John Carlin escribía que en la selección de España, un jugador de las características de Cesc Fábregas estaba condenado al banquillo por la presencia y nivel de juego de Xavi e Iniesta. Alguien que sería titular indiscutible si su pasaporte fuera inglés, y sin embargo la mayoría de periodistas e hinchas británicos desde el año pasado se sienten campeones mundiales, a pesar de un arquero que transmita confianza y de los escándalos en los que se han visto involucrados sus seleccionados, casi vanidosas y caprichosas estrellas celebridades (¿han visto a las novias de Peter Crouch, Gerrard o Ashley Cole? A primera vista parecen modelos de Victoria Secrets). Tal vez de ese mismo síndrome de precipitación favoritista sufrí, porque después de ver el partido amistoso contra Japón (empató con autogol de los nipones); el deslucido empate, gracias al infantil gol que se hizo el arquero Green, con Estados Unidos; el cero que mantuvo con Argelia gracias a la carencia de un nueve de área para los africanos; y la sufrida victoria a Eslovenia quemando tiempo en el banderín del corner, dejaron ver un equipo totalmente aburrido, sin ideas, con miedo al balón, que no se atreve a enfrentar el arco rival y que en síntesis no juega a nada. Después de todo: ¿Quién clasifica a octavos de final convirtiendo únicamente dos goles en la fase de grupos? Probablemente Ghana y Suiza (esperando que Chile le gane a España). No los esperamos de un candidato al título.


El domingo Inglaterra se enfrentará con Alemania. Tal vez pase, tal vez se quede. No deberíamos sorprendernos si el 11 de julio llega a la final. Dos años antes todos los periodistas españoles criticaban el estilo de juego del Real Madrid cuando lo dirigía Capello, y lo sacó bicampeón. En este Mundial de pocos goles y partidos calculados al exceso no sé si debería quitarle todas mis fichas. Eso como negocio, porque en el fondo espero cuatro semifinalistas sudamericanos.

12 de junio de 2010

Lo que pasa cada cuatro años

Varios años atrás el periodista John Carlin escribió acerca de la Ruanda post-genocidio, que para mantener la paz, recibir el perdón y reunir a las tribus tutsis y hutus (víctimas y victimarios, respectivamente), después de que los prisioneros realizaran trabajos en las aldeas a cambio de amnistía, se organizaban partidos de fútbol entre ambos bandos con las gradas llenas de aficionados de los dos grupos. El fútbol como un instrumento para la reconciliación, y una Copa Mundial en Sudáfrica como motivo de alegría y orgullo para todo un continente azotado que muchas veces ha utilizado a este deporte de opio, como símbolo de esperanza ante toda la corrupción y horrores vividos; un deporte que además es la vuelta a la niñez para cualquier persona y la llave a la felicidad para todos los atentos y despistados, de la forma en que el Negro Fontanarrosa nos decía que a su tía le gustaba ver a la selección gaucha jugar porque en una de esas, de imprevisto, su esposo la abrazaba.



El día de ayer empezó un nuevo Mundial de fútbol. Un mes entero que se espera por cuatro cansinos y monótonos años. Este es el quinto que disfrutaré plenamente. Clavado frente a la televisión lo mejor que he visto sucedió en el certamen anterior cuando Zidane, casi solo, le dio un baile a Brasil en cuartos de final, el equipo que jugaba al 4-2-4 porque no sabía dónde meter tantas figuras de ataque; el favorito fue eliminado por un hombre. Y aunque muchos veteranos podrán decir que no se compara con Platiní, Zico, Pelé, Maradona y compañía, a mi favor está recordarle que somos la generación que no se asusta con la escena de la ducha en Psicosis. Son muchos recuerdos que empezaron con el torneo celebrado en Estados Unidos, el mismo donde Salenko metió cinco goles en un partido, Romario hizo de las suyas con la defensa, Rumania me parecía el mejor equipo y la final la vi una tarde de julio con el brazo enyesado porque el día anterior me lo habían quebrado jugando fútbol; y sintiéndome parte del momento en Corea-Japón, llegando tarde a clases de la universidad porque los partidos terminaban a las ocho de la mañana, cuando por fin Ecuador logró la clasificación; momento que se repitió en Alemania, cuando incluso el jefe de tan buen humor te dejaba salir temprano o llegar temprano para que además de ver los juegos de la selección puedas salir a celebrar.

Madrugamos por ver a los equipos jugar y no por la cantidad de comodidades en un hotel, los accesos en infraestructura, el nivel desarrollo en varios barrios, los lujos que se dan algunos en este mes futbolero, las celebridades asistentes, o por la puta Copa de la vida de Ricky Martin o el Waka-waka de Shakira, actores de reparto (importantes pero no los principales) que varios periodistas, más sociólogos o antropólogos en sus comentarios que analistas de fútbol, utilizan para desestimar la primera Copa del mundo celebrada en África. Son esos juegos los que nos hacen parte de la historia, un momento colectivo que llega cada cuatro años (cambiamos de presidente en menos tiempo), instantes donde se concentran varios momentos de la vida, y entre la graduación de la universidad, un diplomado, una pelea con la novia está el gol del Tin a México, el remate mal pateado, en octavos de final, de Carlos Tenorio con el arco frente a él, la falta inexistente que luego sería gol de Beckham y la amargura de no haber estado entre los ocho mejores.



16 de octubre de 2009

Nos quedamos en casa para tocar rock´n roll*

William Faulkner (el mismo que Ernesto Sabato recomienda acudir cuando la realidad y la literatura, inevitablemente, se tornan convencionales, bizantinas), decía que no hay sitio más adecuado para un escritor que un burdel, porque en las mañanas reina el silencio y las muchachas tienen buenas historias que contar, y en las noches trona el deseo y la fiesta de la vida. Semejantes palabras que podrían estar talladas en piedra son imposibles de refutar. Lástima que el sábado un grupo de personas que no escriben para nada, en un plan underground, no pudieron disfrutar de un triunfo de la selección ecuatoriana en un chongo. Sólo un minuto estuvieron en Sudáfrica, cuando Valencia cabeceó el centro de Montero, y en ese instante las cervezas volaron, las voces se quebraron y los abrazos las putas los daban gratis. Luego Suárez empató y el silencio reinó en el lugar. Las damas del placer trataban de darles ánimos a sus clientes que veían como la esperanza se iba yendo. Con el penal de Forlán ni los empeñosos bailes en el tubo lograron reconfortar a los descorazonados cabareteros y futboleros, ni que se retiraran inmediatamente de aquel lugar, después de terminar sus cervezas calientes, que se les volvió de una oscuridad insoportable. Por esa razón contra Chile vieron el partido en sus casas, en la oficina, escondidos, disimulando la tristeza.

Lo de Chile se veía venir por nuestro desempeño como visitante y por las bajas de Valencia y Noboa (aunque la posibilidad era real). La verdadera ilusión se fue contra Uruguay. Ahí demostramos nuestra falta de gol (más la ayuda del árbitro a los charrúas) y que Quito ya no es un reducto infranqueable. Ahondar en eso, y en que hay jugadores que imponen su voz y que Vizuete se equivocó en las convocatorias, a estas alturas ya no resulta productivo. Pero a pesar que la selección se merece el sitio donde está en estas últimas eliminatorias, no dejo de pensar en las ganas que tenía de ir a Sudáfrica en el 2010. Embarcarme en un avión cueste lo que cueste y además de ir a un par de partidos, recorrer Johannesburgo, ver delfínes en Port Johns, surfear en Port Elizabeth, y hacer un safari por los parques nacionales Kruger y Kalahari (y conocer a los cinco grandes: tigre, león, rinoceronte, elefante e hipopótamo). A China también quise ir en el 2008. Lástima que años antes de la olimpiadas mis ingresos apenas superaban el mínimo.

Por suerte el Comité Olímpico y la FIFA le están dando sedes de estas competencias a los principales países emergentes. A excepción de Londres en el 2012, desde el 2008 tuvimos a China y tendremos a Sudáfrica y Brasil para el 2010, y 2014 y 2016 respectivamente. Sedes lejanas al ambiente dominante que anteriormente se concentraba en las ciudades de los Estados Unidos y la Unión Europea para estos juegos. Países emergentes que aún mantienen índices de corrupción, inseguridad y pobreza, pero que poseen y aplican planes para ir superando estas vicisitudes. Planes que no necesariamente consistieron en abrirse irresponsablemente al mercado, sino en armar el entorno previo a abrir sus fronteras y al Estado le dieron un papel importante en la regulación y estímulo de los mercados.

Ojalá vayamos a Brasil para aprender. Ya no tanto de fútbol pero sí de otras cuestiones.

* El título lo pone Fito.


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