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30 de noviembre de 2010

Visça Barça

1000 cosas que hacer antes de morir: Ir al Nou Camp debería estar de ley en el top 10. Presenciar en vivo una obra de arte. Disfrutar de la perfección. Fue un baile. Los de Mourinho terminaron dando patazos al darse cuenta que en juego eran ampliamente superados. Venganza contra ese juego ultratáctico. Imposible no enamorarse...

3 de julio de 2010

La tarde en que un pequeño país oriental revivió

Minuto 121. En la agonía de un partido de cuartos de final de una Copa Mundial de fútbol disputada en tierras africanas se decreta un tiro libre para Ghana. Los que siguen la transmisión en vivo en Ecuador escuchan el quejido del tocayo comentarista uruguayo Raúl Vilar, porque su selección corre serio peligro cuando el protocolo de los minutos finales de la prórroga casi dicta decretar armisticio para que sean los penales los que decidan. Con el centro al área lo que se ve es el caos total. El arquero no sabe adónde ir, ghaneses embistiendo como rinocerontes, enredadera de piernas, dos salvadas en la línea, hasta que un cabezazo de gol es rechazado con la mano por el delantero Luis Suárez, que es inmediatamente expulsado. El goleador se retira llorando lentamente ante la inminente eliminación de su equipo, pero en la puerta del camerino voltea su rostro para alcanzar a apreciar como el potente ariete ghanés falla el tiro penal y consecuentemente desata su euforia.

En el momento en que la pelota pegó en el horizontal y se fue hacia arriba le volvió el alma al descorazonado Suárez, a Raúl Vilar que segundos antes seguramente encendió un cigarrillo en el estudio de transmisión porque ya no era un comentarista sino un hincha, a los charrúas en las gradas que pagaron las cinco lucas que costaba el chárter con partidos hasta la final, y al resto de uruguayos en su patria y regados por el mundo que veían el milagro por televisión. El minuto final del tiempo extra fue el instante en que todo un país murió y renació. La definición por penales fue más un trámite de confirmación de que iban a ser protagonistas en Sudáfrica hasta la última semana.
No había otra (ni mejor) manera para que la selección de Uruguay después de cuarenta años vuelva a clasificar a una semifinal de un Mundial. Si los deportistas son los gladiadores de nuestros tiempos y una cancha de fútbol el campo de batalla, los charrúas son los protagonistas de las historias épicas. El escritor Osvaldo Soriano le dedicaba el cuento “El reposo del centrojás” a ese legendario capitán y artífice del Maracanazo, Obduvio Varela, en el que lo eleva casi a figura mitológica; y el encuentro disputado ayer es digno de una comedia griega en el sentido real de la comedia, donde todo empieza mal pero termina bien. La táctica, el saber defenderse, el talento de sus cracks, la garra y esa historia (prehistoria para algunos, pero al menos eso tienen como decía Tabares) jugaron ayer en uno de los momentos de mayor emotividad que quedará para la historia de los mundiales, y para el que lo pudo ver queda esa sensación de adrenalina y sufrimiento pegado a la pantalla emocionado por la victoria de un país que no es el suyo.

Sobre el encuentro disputado, un día después todavía resulta difícil hacer un análisis frío, dejando aparte toda emoción, de lo que sucedió. Caso aparte: ¿Se puede acusar a Suárez de basura, tramposo, ladrón? ¿No harían lo mismo si estuvieran en esa situación? ¿Después de todo no lo expulsaron y se decretó el penal? Ahora viene Holanda y los charrúas perdieron su carta de gol, el defensa Jorge Fucile está suspendido y Lugano debe recuperarse de su lesión. Se podrá decir que los europeos tienen mayores figuras, Robben juega cada vez mejor y le vienen de ganar a Brasil; pero no hay que olvidar que Uruguay en todos sus partidos ha demostrado orden, ser un conjunto solidario y un ataque efectivo, además de que siempre están dispuestos a hacer historia.



P.D. El diario El País de Uruguay tiene un montón de excelentes crónicas de como se vivió la fiesta por allá.

24 de junio de 2010

Acerca de lo decepcionante que es ver jugar a la selección de Inglaterra

Antes que la vuvuzelas empezaran a destrozar oídos con el comienzo de la Copa Mundial en Sudáfrica, menospreciando totalmente lo que aquí ofrecen (si lo hacen) el Casino del Sol o el del Hilton Colón, si viviera en Las Vegas, Montecarlo, Londres o cualquier lugar con una respetable casa de apuestas, le hubiera puesto todas mis fichas para campeón a Inglaterra; y en caso de una crisis en la que careciera de la convicción del desesperado personaje de Dostoievski que arriesgaba todo su dinero jugándole al cero (0) en la ruleta así las probabilidades sean mínimas aunque las ganancias excesivas, prefiriendo la teoría del portafolio para la diversificación de riesgos, de igual forma el mayor porcentaje de dinero en las predicciones se me hubiera ido en la selección con la mejor liga del mundo.



Los motivos tienen nombres y apellidos: Ferdinand (Carragher que lo reemplaza es un símbolo del Liverpool) y Terry en el centro de la zaga son solidez asegurada, más Ashley Cole que debe ser uno de los mejores laterales izquierdos de la actualidad; el mediocampo los conforman Carrick, Lampard y Gerrard, tres jugadores que cualquier equipo los quisiera porque arman jugadas, defienden como guerreros y disparan a puerta con terrible efectividad, sumándoseles Joe Cole o Aaron Lennon que pueden aparecer en cualquier lugar y son muy veloces (este es el mediocampo que usaría, no el de Capello que sólo alinea a Gerrard y Lampard); adelante Rooney que es un toro en el United y uno de los mejores jugadores del momento con Heskey que por su físico es una referencia; y en el banquillo Don Fabio Capello, un ganador de raza. Seleccionados que en su mayoría están vinculados al Arsenal, Liverpool, Chelsea y Manchester United, equipos que en los último años, al menos tres llegan a las semifinales de las Champions League.

John Carlin escribía que en la selección de España, un jugador de las características de Cesc Fábregas estaba condenado al banquillo por la presencia y nivel de juego de Xavi e Iniesta. Alguien que sería titular indiscutible si su pasaporte fuera inglés, y sin embargo la mayoría de periodistas e hinchas británicos desde el año pasado se sienten campeones mundiales, a pesar de un arquero que transmita confianza y de los escándalos en los que se han visto involucrados sus seleccionados, casi vanidosas y caprichosas estrellas celebridades (¿han visto a las novias de Peter Crouch, Gerrard o Ashley Cole? A primera vista parecen modelos de Victoria Secrets). Tal vez de ese mismo síndrome de precipitación favoritista sufrí, porque después de ver el partido amistoso contra Japón (empató con autogol de los nipones); el deslucido empate, gracias al infantil gol que se hizo el arquero Green, con Estados Unidos; el cero que mantuvo con Argelia gracias a la carencia de un nueve de área para los africanos; y la sufrida victoria a Eslovenia quemando tiempo en el banderín del corner, dejaron ver un equipo totalmente aburrido, sin ideas, con miedo al balón, que no se atreve a enfrentar el arco rival y que en síntesis no juega a nada. Después de todo: ¿Quién clasifica a octavos de final convirtiendo únicamente dos goles en la fase de grupos? Probablemente Ghana y Suiza (esperando que Chile le gane a España). No los esperamos de un candidato al título.


El domingo Inglaterra se enfrentará con Alemania. Tal vez pase, tal vez se quede. No deberíamos sorprendernos si el 11 de julio llega a la final. Dos años antes todos los periodistas españoles criticaban el estilo de juego del Real Madrid cuando lo dirigía Capello, y lo sacó bicampeón. En este Mundial de pocos goles y partidos calculados al exceso no sé si debería quitarle todas mis fichas. Eso como negocio, porque en el fondo espero cuatro semifinalistas sudamericanos.
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