Mostrando entradas con la etiqueta Easy rider. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Easy rider. Mostrar todas las entradas

6 de junio de 2010

Born to be wild


«Sentirte como Jim Morrison no te convierte en Jim Morrison, pero no sentirte como Jim Morrison te convierte en casi nada. Yo nunca saldría a la calle sin sentirme como Jim Morrison o Dennis Hopper por lo menos» nos dice Ray Loriga en su novela Días extraños. Lo conocía y sabía que era un gran actor de una contestataria generación, sin embargo no entendía la parte de Dennis Hopper hasta que vi Easy Rider. Una road-movie, un western en motocicletas acerca de dos personajes que deciden recorrer los Estados Unidos, conociendo a varias personas y conociendo la discriminación, deseando llegar al Mardi Grass en New Orleans luego de ganar dinero y su libertad gracias a la venta de varios kilos de cocaína. Encontrarse a uno mismo en las carreteras acompañado de la música de Steppenwolf, Jimmy Hendrix, Jefferson Airplane y otros marcó una época, y DH, que era un hipster (siempre adelantándose a los hechos), se transformó en la cara de la contra-cultura norteamericana con la película que dirigió, escribió y co-protagonizó.

Pero no sólo era Easy Rider, ni el eterno actor secundario que podía sin problemas meterse en la piel de personajes extremadamente complejos como el psicópata gánsgter Frank Booth en Blue Velvet y el perturbado fotógrafo seguidor del coronel Kurtz (Marlon Brando) en Apocalipsis now; o los villanos que interpretó en los noventas como el vengativo terrorista de Speed y el serbio General antiguamente servidor de Milosevic que buscaba la muerte de David Palmer y Jack Bauer en la primera temporada de 24. Ni tampoco el fotógrafo que retrató la cultura de los sesentas llenas de psicodelia, happenings entre celebridades, las marchas por los derechos civiles y las rutas de su país (recientemente se publicó un libro con las imágenes que capto con su cámara); ni el coleccionista amigo de Warhol y Basquiat. Hopper respiraba y vivía por el arte (actor, director, guionista, fotógrafo, escultor). Tal vez eso fue lo que lo salvó y lo convirtió en un sobreviviente.
Conocido por sus extravagantes fiestas y sus excesos con el alcohol y las drogas, llegando a decir que diariamente consumía dos litros de ron, 28 cervezas y tres gramos de cocaína, fue amigo de James Dean, con el que filmó Rebeld without case, Giant y además lo introdujo en la fotografía, y del cual dijo que su muerte lo impactó como pocas cosas lo habían hecho; compañero de juergas de Elvis Presley cuando El Rey recién arribaba a California; republicano amante de las armas que en una ocasión con su metralladora M-16, luego de una pelea con su novia, casi demuele a tiros las paredes de su residencia en Taos (y por lo cual varios de sus amigos decidieron llevarse sus colecciones de fotos y varias obras de arte para preservarlas); tachado en la lista negra de Hollywood en los setentas, al parecer muerto al igual que su personaje que vuela de su Harley Davidson al final de Easy Rider; Hopper renació de entre las cenizas, después de haber sido encontrado desnudo en las selvas de México en un viaje alucinógeno que lo llevó a plantearse la rehabilitación, iniciando a partir de los ochentas su carrera más prolífica en el cine.

Se sorprendió de haber llegado a los 70 años porque no pensaba siquiera que alcanzaría los 30. En su funeral su hijo recitó el poema de Walt Whitman Leave of grass, ese que dice (maltraduciéndolo al español): Y yo y tú, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso de la tierra… Y no hay oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no pueda ser un héroe… Esperamos que haya alcanzado la paz en el final de ese viaje que fue su vida y que empezó con las guitarras de Born to be wild y el estribillo (otra vez mal traducidas): Como un auténtico hijo de la naturaleza/ Nacimos para ser libres/ Podemos escalar muy alto/ No quiero morir nunca/ Nacido para ser libre/ Nacido para ser libre…


8 de marzo de 2010

Tres clásicos

Ir a un concierto de Charly García estaba entre una de las cosas a hacer, de ley, antes de morir. Misión cumplida. Ir a Egipto y hacer un tour por África, escuchar jazz en New York también están dentro del inventario aunque se ven bastante distantes. Una lista mental de películas también tengo, la cual se va reduciendo poco a poco. Se supone que son clásicos (al menos las personas que me hablaron de ellas me las hicieron sentir así) y celebrando mi cambio de trabajo la semana pasada tuve oportunidad de ver tres de estas.

The Graduate:



La película es algo así como la mamá de los pollitos dentro de la cultura norteamericana y el cine romántico. Está, para el primer caso, la fantasía de acostarte con una mujer madura, mejor si es amiga de tus padres; y el escapar en el último minuto de una boda que nunca debió haberse llevado a cabo. Dustin Hoffman es Ben y acaba de graduarse de la universidad, tiene veintitrés años y todo el futuro por delante, pero después de cumplida la tarea no sabe qué hacer con su vida (dato aparte: cuando leí HD de Juan Fernando Andrade, Miguel, el personaje principal, se me parecía más al Ben de Mike Nichols que al Holden Caulfield de Salinger).

Aunque hay cuestiones que realmente no entiendo, como el impedir la boda y seguir hasta Berkeley a la persona de quien se había enamorado, después de tan solo una cita, la película tiene partes magistrales: escenas de primeros planos que al espectador lo convierten en un voyeur, secuencias como la que empieza con su regalo de cumpleaños metiéndose a la piscina con un traje de buzo para contar su historia con la mujer mayor, sumado a la música de Simon & Garkenful, reflejan exactamente la incertidumbre que viene después de la graduación y después de los 23.





Leaving Las Vegas:



No sé si esta película se haya convertido en un clásico según los críticos. Seguramente es una película de culto para algunos. Fue algo así como estar en presencia del realismo sucio en su versión más pura y dura, con la carne hacia afuera emanando pus. Como ver en imágenes un cuento que Bukowski escribió en servilletas manchadas de un bar que nunca cierra. Junto a Taxi driver en las escenas que se presentan, uno casi puede sentir el ruido de la ciudad, el olor a vómito que se desprende de las esquinas, las conversaciones de los chulos con sus prostitutas, ese mundo underground que es casi un mito urbano, parte del lumpen, en otras ciudades pero que debe ser tan visible en un sitio como Las Vegas.

Ben Sanderson ha decidido dejar Los Angeles y ha decidido dejar de vivir. Beber hasta morir es la forma que ha elegido para matarse (¿o matarse es la forma que ha decidido para beber?). Conoce a Sera, una prostituta bastante cotizada pero que se siente sola, lo que los últimos días de Ben, gracias a la música con aires de Billy Holyday y con frases que hubiera dado un dedo porque se me hubieran ocurrido, cuentan una historia a perdurar, sólo oída por algunos.




Easy Rider:


Ray Loriga escribía en su libro Días extraños, que «sentirte como Jim Morrison no te convierte en Jim Morrison, pero no sentirte como Jim Morrison te convierte en casi nada. Yo nunca saldría a la calle sin sentirme como Jim Morrison o Dennis Hopper por lo menos». Con respecto a este último, siempre creí que el comentario se debía a su papel en Apocalypsis Now de Coppola, ahora sé que es por Easy Rider, la película de motociclistas que cambió una generación, pero no exactamente por su personaje (más que del lado de Hopper creo que me gustaría estar del de Peter Fonda, pero en la vida real puede que esté más del de Jack Nicholson) sino por haber dirigido este gran film.

Las ganas de encontrar América, de encontrarse a uno mismo, hacerlo montado en una Harley Davidson, esperando llegar al carnaval en New Orleans, para después ir a Florida con el dinero de un negocio que incluía cocaína en México y después vendida a algún hijo de zar ruso, todo contado hipnóticamente, con una alta dosis de psicodelia (una banda sonora de locos que incluye a Steppenwolf y Hendrix), como en una canción de Pink Floyd.

Powered By Blogger