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26 de enero de 2013

Un buen consejo


¡Hola, Ron! Soy Alex. Te escribo desde Carthage. Ya hace casi dos semanas que estoy trabajando aquí. Tardé tres días en llegar desde que nos despedimos en Grand Junction. Espero que tu viaje de regreso a Salton City transcurriera sin contratiempos. El trabajo me gusta y todo va bien. Las temperaturas son suaves; cuesta creerlo, pero hay días en que no hace nada de frío. Algunos granjeros incluso ya salen a trabajar al campo. Supongo que en California el calor aprieta cada vez más. Me pregunto si tuviste ocasión de ir a las fuentes termales el 20 de marzo y llegaste a ver la cantidad de gente que se congrega allí para la reunión del Arco iris. Por lo que sé, podría haber sido muy divertido, aunque la verdad es que no creo que una cosa así encaje demasiado con tus gustos.

No voy a quedarme mucho tiempo en Dakota del Sur. Mi amigo, Wayne, quiere que siga trabajando en el elevador de grano durante el mes de mayo y que luego lo acompañe todo el verano con el grupo de cosechadoras, pero mi mayor ilusión es emprender mi odisea; antes del 15 de abril espero estar camino de Alaska. Eso quiere decir que me marcharé dentro de poco, de modo que si he recibido correspondencia necesito que me la mandes a la dirección que figura al pie de esta carta.

Los momentos que hemos pasado juntos han sido muy agradables y te agradezco de todo corazón la ayuda que me has prestado. Espero que nuestra separación no te haya deprimido demasiado. Puede que pase mucho tiempo antes de que nos veamos de nuevo. Pero, si consigo superar la prueba de mi viaje a Alaska y todo sale como espero, te prometo que volverás a tener noticias mías. Quiero repetirte los consejos que te di en el sentido de que deberías cambiar radicalmente de estilo de vida y empezar a hacer cosas que antes ni siquiera imaginabas o que nunca te habías atrevido a intentar. Sé audaz. Son demasiadas las personas que se sienten infelices y que no toman la iniciativa de cambiar su situación porque se las ha condicionado para que acepten una vida basada en la estabilidad, las convenciones y el conformismo. Tal vez parezca que todo eso nos proporciona serenidad, pero en realidad no hay nada más perjudicial para el espíritu aventurero del hombre que la idea de un futuro estable. El núcleo esencial del alma humana es la pasión por la aventura. La dicha de vivir proviene de nuestros encuentros con experiencias nuevas y de ahí que no haya mayor dicha que vivir con unos horizontes que cambian sin cesar, con un sol que es nuevo y distinto cada día. Si quieres obtener más de la vida, Ron, debes renunciar a una existencia segura y monótona. Debes adoptar un estilo de vida donde todo sea provisional y no haya orden, algo que al principio te parecerá enloquecedor. Sin embargo, una vez que te hayas acostumbrado, comprenderás el sentido de una vida semejante y apreciarás su extraordinaria belleza. En pocas palabras, deja Salton City y ponte en marcha. Te aseguro que sentirás una gran alegría si lo haces. Aunque sospecho que harás caso omiso de mis consejos. Sé que piensas que soy testarudo, pero tú lo eres aún más. En el viaje de regreso tuviste la oportunidad de contemplar una de las grandes maravillas de la Tierra, el Gran Cañón del Colorado, algo que todo americano debería ver al menos una vez en la vida. Sin embargo, por alguna razón que no alcanzo a comprender, todo lo que querías era salir corriendo hacia casa tan rápido como fuera posible y volver a una situación donde siempre experimentas lo mismo. Mucho me temo que en el futuro seguirás teniendo las mismas inclinaciones y te perderás todas las maravillas que Dios ha puesto en este mundo para que el hombre las descubra. No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada, renueva cada día tus expectativas. Aún te quedan muchos años de vida, Ron, y sería una pena que no aprovecharas este momento para introducir cambios revolucionarios en tu existencia y adentrarte en un reino de experiencias que desconoces.

Te equivocas si piensas que la dicha procede sólo o en su mayor parte de las relaciones humanas. Dios la ha puesto por doquier. Se encuentra en todas y cada una de las cosas que podemos experimentar. Sólo tenemos que ser valientes, rebelarnos contra nuestro estilo de vida habitual y empezar a vivir al margen de las convenciones.

Lo que quiero decir es que no necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente, esperando que la agarres, y todo lo que tienes que hacer es el gesto de alcanzarla. Tu único enemigo eres tú mismo y esa terquedad que te impide cambiar las circunstancias en que vives.

Espero que abandones Salton City tan pronto como puedas, enganches un pequeño remolque a tu camioneta y empieces a contemplar la gran obra que Dios ha creado en el Oeste americano. De verdad, Ron. Aprenderás mucho de todo lo que veas y de las personas que conozcas. Lleva una vida austera, no vayas a moteles, prepárate tú mismo la comida. Ten como norma gastar lo menos posible y la satisfacción con que vivirás será mucho mayor. Espero que la próxima vez que nos veamos seas un hombre nuevo y hayas acumulado un sinfín de aventuras y experiencias. No lo pienses dos veces. No intentes encontrar justificaciones para aplazarlo. Sólo tienes que salir y hacerlo. Así de simple. Sentirás una gran alegría por haber emprendido un nuevo camino. Cuídate, Ron,

ALEX

(Carta de Christopher McClandess    a un buen octogenario amigo suyo, previo el viaje del primero a la recóndita Alaska)


31 de agosto de 2010

Thoreau is the man...

¿Todos necesitamos un Paulo Coelho? ¿Un gurú en el que se confíe porque ya ha transitado el camino? Puede que sí… Cada uno, aunque sea inconscientemente, lo tiene. Una inspiración, alguien que sirve de luz para alumbrar el oscuro túnel. No necesariamente es un brasileño de pluma fácil e historias cursis, el Arjona de la literatura, experto en crear best – sellers y al parecer lleno de sabios y prácticos consejos, maestro de la superación personal; o algún Gerente de Multinacional con respuestas sacadas de “La culpa es de la vaca” para describir su éxito. Un Dalai Lama en versión pop o underground, o la tradicional religión.


Tolstoi y Christopher McCandless tuvieron a ese Personal Jesus en Henry David Thoreau. Martin Lurther King y Gandhi se inspiraron en sus textos acerca de la desobediencia civil durante sus respectivas luchas – y antes de caer los dos asesinados – por los derechos del hombre. Y hace un par de años, en tiempos en que yo pensaba más en irme de un lugar que llegar al mismo, con la mochila holgada y lista para el próximo destino, sin residencia fija, esperando al final del trayecto convertirme en un ermitaño habitando una casa de madera cercana a un río o al mar, pescando, cultivando papas o tomates y con pocos vecinos, si hubiera caído en mis manos “Walden, la vida entre los árboles”, el libro que escribió HDT después de haber vivido por más de dos años solo en los bosques, en una casa construida con sus manos, lo habría aceptado como una biblia. Una nueva y rústica fe.

Sin embargo ahora, en lo que podría considerar una época yuppie, queriendo sentar cabeza en un trabajo y mantenerme en el mismo al menos cinco años, tiempos menos zen, en los que no me parecen completos idiotas todas las personas que se matan trabajando para al final del día comprarse un aire acondicionado, al leer Walden… capto esa curiosidad que debería mantenerse virgen en los hombres, la esencia de estar pendiente siempre de descubrir algo en cualquier lugar, de vivir varias vidas, de conocerse a uno mismo, de no conformarse y someterse a la forma en que el mundo se mueve. Thoreau aplica el trascendentalismo del que era creyente; el saber que todo un mundo reside incluso en el más pequeño de los organismos.



Dejar de comer pan, beber agua de lluvia, construir una cabaña propia, dedicar tiempo al ocio y deshacerse de todo bien material fueron sus recetas para llegar a esa dicha que entre poemas y refranes salta a la vista – mucho más sanas que las sugeridas por Tylor Duden, el protagonista de The Fight Club, que buscaba lo mismo –; y leerlas puede resultar chocante para quienes están acostumbrados al cemento y césped de las calles, a los que exclamaciones épicas acerca de la lucha entre dos ejércitos de hormigas pueden resultarles graciosas, o quienes encuentran como aburridas investigaciones sobre de la cantidad de oxigeno que guarda el hielo de una laguna – temas que a ratos vuelven pesado al libro –. ADVERTENCIA: Sus páginas no son recomendables para personas que no aceptan consejos y detestan que les digan que hacer.

No es una cuestión de querer ser Jack Nicholson o Keith Richards, ni de regalar toda la ropa. Lo que se debe recordar es que Thoreau, además de ser un filósofo, escritor, padre de los movimientos ecológicos y del pacifismo anarquista es recordado como uno de los mayores héroes norteamericanon – tiene su efigie dentro del Panteón en la Universidad de New York – porque durante su vida buscó la libertad e hizo lo quiso, vivió en lugar de exitistir. Un manual de vida no para copiarlo sino para inspirarse. El verdadero sueño americano.

“Hoy me levanté un poco Thoreau” es una frase que debería existir… Just gimme some truth...

¡Cuántos días de otoño y de invierno he pasado en las afueras delpueblo tratando de recoger el mensaje del viento para transmitirlo sin dilación! Casi hundí en ello todo mi capital y de milagro no perdí la respiración en la empresa corriendo hacia él.
La vida que los hombres elogian y consideran lograda no es sino una delas posibles. ¿Por qué exagerar su importancia en detrimento de otras?

Yo tenía tres pedazos de piedra caliza sobre el escritorio y con gusto me libré de ellos al ver, espantado, que era necesario quitarles el polvo cada mañana, cuando el mobiliario de mi mente no se había desprovisto aún del suyo.

¡Para mi asombro, al dejar el college me enteré de que había estudiado navegación! ¿No habría sabido más si me hubieran dado tan sólo una vuelta por el puerto?

Tenemos prisa en construir un telégrafo magnético entre Maine y Texas; pero puede que Maine y Texas no tengan nada importante que comunicarse…

Durante más de cinco años, me mantuve, pues, con sólo el trabajo; y descubrí que podía atender a todos los gastos de mi subsistencia trabajando unas seis semanas al año. Todo el invierno y la mayor parte del verano me quedaban libres y desocupados para dedicarlos a mis estudios.

Fui a los bosques porque quería vivir con un propósito; para hacer frente sólo a los hechos esenciales de la vida, por ver si era capaz de aprender lo que aquélla tuviera por enseñar, y por no descubrir, cuan- do llegare mi hora, que no había siquiera vivido.

El aire está lleno de centellas invisibles. Todas las sendas, salvo la vuestra, son fatales, seguid pues, la propia.

Jamás tuve perro, gato, vaca, cerdo ni gallinas, de manera que se podría decir que sufría un verdadero déficit de sonidos domésticos; ni la mantequera, ni la rueca, ni el canto de la marmita ni el silbido del puchero, ni el alboroto de niños para consolarle a uno.

La compañía, aun la mejor, cansa y relaja pronto. Me encanta estar solo. Jamás di con compañía más acompañadora que la soledad.

El vagabundo fatigado podía reposar y calentarse junto a mi hogar; el hombre de letras, distraerse con los libros que se hallaban a su alcance encima de mi mesa; y el curioso, en abriendo la puerta de mi alacena, ver que había sobrado de mi almuerzo y con qué contaba para la cena.

Me encantó saber de aquella vieja canoa de troncos que sin duda había ocupado el lugar de otra, de origen india y más vieja, pero de construcción más graciosa y que acaso hubiera sido antes un árbol de aquella misma ribera…

Como de ganarme el sustento y todavía no he comido, he pensado en irme de pesca. He ahí la ocupación más adecuada para un poeta, y la única que he aprendido. ¡Vamos, allá!

Todos contemplamos nuestra pila de leña con cierto cariño. A mí me gustaba que la mía se alzara delante de mi ventana, y cuánto más numerosas las astillas tanto más grato el recuerdo de mi trabajo para reunirías.

Rara vez tenía visitantes en esta época del año. Cuando la nieve era espesa, bien podía pasarme una semana, quizá dos, sin ver un alma; pero ahí seguía yo, tan recogido y cómodo como una chinche de campo o como el ganado y la volatería que se dice han sobrevivido, hasta sin alimentos y aun sepultados durante largo tiempo por un alud.

La tierra no es sólo un simple fragmento de historia muerta, estrato sobre estrato, como páginas de un libro hecho para que geólogos y anticuarios las estudien, sino que es poesía viva, al igual que las hojas de un árbol que preceden a las flores y frutos; no es tierra fósil, sino tierra viva, de tal modo, que la vida animal y vegetal simplemente parasitaria si la comparamos con su intensa vida interior.

Si uno quisiera aprender todas las lenguas y adaptarse a las costumbres de todas las naciones, si uno quisiera llegar a lugares no visitados aún por viajeros previos y aclimatarse por doquier u obligar a la Esfinge a abrirse la cabeza contra una piedra, hay que seguir el precepto del filósofo antiguo: ¡Conócete a ti mismo!

Dejé los bosques por una razón tan buena como la que me llevó. Quizá porque me parecía que tenía varias vidas más que vivir y que no podía seguir prodigando mi tiempo en aquella.

Mi experiencia me enseñó,por lo menos, que si uno avanza confiado en la elección de sus sueños y se esfuerza por vivir la vida que ha imaginado, tropezará con el éxito menos esperado en su vida corriente.

Comoquiera que no había hecho acuerdo alguno con el tiempo, este se apartó de su camino, limitándose a suspirar a lo lejos por no poder vencerle.

Dadme la verdad antes que el amor, el dinero y la fama...
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