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12 de julio de 2010

El suicidio de Jack Kevorkian y de otros más


Dr. Muerte es un apodo digno del médico que inyecta toxinas, con fines de tortura, a los prisioneros de un campo de concentración (el doctor nazi Aribert Heim era conocido con ese seudónimo), o para un galeno-asesino-en-serie-de-abuelitas que las mata con sustancias químicas para cobrar sus seguros. ¿Es un sobrenombre para alguien que ayuda a morir a pacientes desahuciados que han elegido voluntariamente terminar con su sufrimiento? Jack Kevorkian es el Dr. Muerte, un activista a favor de la eutanasia que durante los años noventa participó en más de 130 suicidios asistidos. Es además el protagonista de la última película para la televisión de HBO, You don’t know Jack.

El director Barry Levinston inspirado en las clásicas, llenas de grises como la esterilidad de un quirófano, escenas de series de televisión en hospitales como House (algunos pianos de la época de E.R. también suenan al principio), muestra un pequeño pueblo de Michigan con sus cafeterías sirviendo desayunos ricos en tocino, calles que conducen a carreteras aledañas y personas paseando a sus perros. Un lugar fuera del mapa donde un hombre emprenderá una cruzada nacional que tiene el lema de “morir no es un crimen”. Peculiar por sus obsesiones con la comida, la limpieza y el ahorro, Jack Kevorkian es un idealista doctor, alterador del orden, dispuesto a pasar por encima de las instituciones y leyes, y capaz de cualquier acto por conseguir lo que considera justo. Interpretado sólidamente por un ya anciano Al Pacino que regresa a las pantallas, la película presenta además del debate acerca del derecho a morir con dignidad, los motivos por los que alguien puede defender hasta las últimas consecuencias una causa; por lo que, mientras se lo ve disparándole a los patos que ensucian su jardín, caben la preguntas: ¿Está totalmente loco ese alguien? ¿Un idealista es un loco con sentido de justicia? ¿Hay que ser casi un ermitaño o haber sobrevivido a una guerra para defender con tanto ahínco una causa?


Aunque con el tiempo se va quedando solo, Kevorkian tiene de bastón de apoyo a un grupo de colaboradores, mostrados sobriamente como habitantes comunes de pequeños poblados pero defensores de sus creencias, representados por un notable elenco de actores entre los que se encuentran un abogado con ambiciones políticas (Barry Huston), su hermana, su principal colaborador y proveedor del monóxido de carbono (John Goodman), una activista pro – eutanasia (otra vez Susan Sarandon en un pequeño papel) y los testimonios de sus pacientes. Su trinchera antes de ser carne de cañon y pagar por sus atrevimientos frente a un jurado, porque como en toda película norteamericana acerca de derechos, moral, justicia o valores que afectan a todos los ciudadanos, termina en el Tribunal. To kill mockingbird que trata el racismo y Milk sobre la discriminación hacia los homosexuales son dos ejemplos. Después de las lucha contra protestantes de extrema derecha, el retiro de su licencia médica para impedirle comprar suministros y los juicios por parte de un Fiscal y un Senador conservador, con el discurso de la jueza, posterior a impartir sentencia, asistimos también al suicido de la cruzada de Jack.

El retrato en 120 minutos de una empinada cuesta a alcanzar nos enseña que una estrategia basada únicamente en las buenas intenciones (con algo de fanatismo) no resulta y el puro idealismo no basta; y con la calidad asegurada de HBO que no has regalado series de la clase de Oz, The Sopranos y documentales como When the leeves broke, las escenas más difíciles de asimilar, con muertes clandestinas en medio del bosque dentro de una camioneta, o un cuarto de motel, sin familiares presentes porque tomaron un vuelo antes del inicio de las investigaciones policíacas, lejos de esa convocatoria entre sonrisas provenientes de la infancia y un abrazo fresco para celebrar la despedida que desea el Pájaro Febres-Cordero en su biografía Soy el que pude, recuerdan que ninguna institución o autoridad tiene el derecho de decidir, en lugar de un paciente terminal, sobre su vida o su muerte.

You don’t know Jack se estrena el 25 de julio en televisión por cable, pero en la mayoría de tiendas piratas ya está disponible.

12 de enero de 2009

Pensamientos en tiempos de crisis: When in doubt... Fuck

(Los eventos críticos ocurren a primera hora de la mañana dentro de la cabeza de nuestro anónimo personaje, entre el desayuno y salir al trabajo).


When in doubt… Fuck es el primer pensamiento de nuestro personaje en los pocos minutos que lleva para él transcurrido el día, aunque algunos madrugadores ya deben estar en media jornada, pero como saben: de nadie es el tiempo (repite en su cabeza). Y así como rayo pasó por su mente esa frase sin recordar por qué, rememora los eventos transcurridos previos a este crucial instante, pero el improvisado inventario solo contiene aquellos hechos que componen la vil rutina; el escuchar las campanadas de la iglesia, la luz del sol filtrándose insolentemente por la ventana, el frío con olor a tierra mojada que le espera afuera, su rostro incambiable en el redondo espejo, el apretar la pasta de dientes como lo hacen los sujetos calculadores: desde la parte inferior, el ver su cuarto en un orden que solo él es capaz de entender y que lo lleva a inmutarse ante las chillonas e infaltables quejas, el preparar café y sus dos cucharaditas de azúcar, unas gotas de leche para revolver y cuando la esencia esté lista le derramamos todo el líquido lácteo, con suerte, proveniente de alguna vaca, para luego de acompañarlo con un pan relleno de salado queso de campo y mantequilla de marca, desayunar como todas las mañanas parado frente a una gran ventana con vista a un novel parque y a una centenaria iglesia donde también está presente una estatua con la cabeza de Cristo decapitada, presuntamente por la Pacha Mamma, por algún rayo como esos que pasan por su mente.

- Ahora que recuerdo - dice nuestro confundido personaje - When in doubt... Fuck es el vago indicio que trae de regreso al presente a Scent of a woman - aquella película que siempre le resultara cautivante donde el Coronel no vidente Frank Slater emprende junto a su lazarillo el último viaje a New York. Ahí Al Pacino bailará tango, se acostará con una espectacular mujer, conducirá un Ferrari, todo antes de pegarse un tiro en la cama de un hotel de cinco estrellas. Pero previo a la travesía, aún en su rutinaria casa de Boston, el Coronel no vidente agarra a su gato y como despedida le dice: When in doubt... Fuck -.


Nuestro algo educado personaje sabe que esa frase es original del genial Picasso que siempre repetía lo mismo pero traducido al español: Cuando dudes... jode (en el sentido de follar, tirar o coger), pero lo que aún no sabe es porque le vino a la memoria la tan magistral y carnal sentencia del andalúz.

- Tal vez sea esa maldita televisión que solo habla de la crisis - presiente -, mientras la negra caja hueca menciona que el magnate Larry Flint pide un plan de rescate para el entretenimiento adulto (eufemismo de la pornografía) porque como señala el mismo Flint (viejo libidinoso con película propia), en época de crisis las personas buscan con qué distraerse.

- Nacionalizar la pornografía parece un acto patriótico de los norteamericanos - piensa ahora nuestro interesado personaje mientras bebe un sorbo del negro y amargo líquido que lo acompaña en la mañana -. Y tal vez después se pueda nacionalizar a todas las prostitutas, para continuar con Paris Hilton y seres parecidos, finalizando en que todas las estrellas de Hollywood sean parte del Estado. Después de todo es la quinta economía del mundo en palabras de Donald Trump – dice para él mismo nuestro ahora empresario personaje –.


Y repensando la célebre crisis, y todo los datos y análisis que ha almacenado en su memoria, y al ver como todos estos billones en rescates irán a industrias que fracasaron por su ineficiencia y codicia, dándoles montos mayores a los necesarios para acabar con la pobreza y mendicidad mundial - repite nuestro conocedor personaje de los problemas del desarrollo -. Esa es la misma crisis que lo vuelve loco porque no sabe si es existente después de que nuestro personaje vio como mas de un millón de personas se dirigían a la playa sin ningún problema a disfrutar del feriado de principio de año, pero después en otros eventos contemporáneos a este del pasado donde se detiene a escuchar las quejas de sus amigos y compañeros que se flagelan con los valores de sus últimas ventas y los precios de las materias primas, nerviosamente empieza a dudar, llegando a la equilibrada y diplomática conclusión nuestro metafórico personaje de que a la crisis aún únicamente le estamos viendo las sombras de sus garras.

Y al finalizar el café y masticar el crocante y costoso plan (lo de costoso es producto de la crisis), nuestro responsable personaje se dirige a la calle, saliendo de ese cúbil funcional llamado hogar tan solo para aproximarse a otro llamado labor, sin saber que en ese momento, en cubos parecidos y desayunando de forma parecida miles o tal vez millones de personas tienen los mismos pensamientos críticos (o crisicos por crisis), sin notar aún que algo interior les grita desesperadamente: When in doubt... fuck (pero esta vez no en el completo sentido de follar, tirar o coger).

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