
Lo de curioso lo digo porque últimamente también estuve a punto de embarcarme en esa nostalgia que se ha apoderado del ambiente, de las conversaciones y de varias lecturas. Como si todo lo que es presente y palpable fuera insuficiente y tuviéramos que hacer memoria. No como el personaje de El Túnel, Juan Pablo Castel, que recalcaba que la frase “todo tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que la gente las echa al olvido. Pero sí como si nada fuera a volver y nada más se pudiera crear. Lo que también ha generado, por ejemplo, que un grupo de escritores (Rodrigo Fresán, Alberto Fuguet) quieran evitar comparaciones con todo lo que significó el boom latinoamericano y el realismo mágico, y desestimen muchas de las obras que tanto se leyeron años atrás (Tomás Eloy Martínez mencionaba que las amas de casa compraban Rayuela y Cien años de soledad como si fueran parte de la canasta básica). Cometiendo un parricidio. Aunque esa nostalgia en la literatura puede servir para recordar (o para citar y pegar videos de cosas que siempre quisiste citar y pegarlas en un blog), como en la edición de Soho del mes pasado, dedicada a los ochenta, donde la crónica del Miche del empate con sabor a triunfo y la del Pájaro Febres Cordero sobre los célebres asesinos ecuatorianos fueron lo mejor. Porque al final lo único que está ahí, frente a los ojos, es el presente y si no te gusta deberías aplicar la de Frank Costello en Los Infiltrados; y al pasado siempre lo tendremos en DVD y en CD. Ahí tenemos los discos remasterizados de Los Beatles. Como diría Rodrigo Fresán en ese buenísimo especial que le hizo Página 12 a las grabaciones de Joh, Paul, George y Ringo: "Los Beatles son como Peter Pan y nosotros somos el retrato de Dorian Gray de los Beatles/. Y, aun así, mientras nos vamos deshaciendo, seguimos disfrutándolos como chicos". El pasado como una excusa para citar.
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